Por la defensa incondicional de Cuba

Contra el bloqueo y la amenaza militar del imperialismo

El imperialismo yanqui ha establecido un bloqueo total sobre Cuba, impidiendo el ingreso de petróleo y amenazando a la población de inanición. El sistema de salud está cada vez más colapsado, postergando intervenciones quirúrgicas por falta de energía e insumos, lo que provoca graves secuelas y muertes evitables. Toda la economía se encuentra paralizada, llevando al pueblo a la desesperación.

Trump instaló la flota en el Caribe para amenazar a Venezuela, Cuba y toda América Latina. Secuestró en enero al presidente venezolano Nicolás Maduro e instauró en los hechos un protectorado, reciclando para tal fin los residuos del régimen chavista, que se adaptó a esa subordinación nacional y aprueba leyes que favorecen la rapiña de los recursos energéticos y mineros de Venezuela por parte de las corporaciones de EE.UU.

En Cuba el imperialismo sufrió su primera derrota militar, anterior a Vietnam, cuando Kennedy apoyó la invasión de los “gusanos” (las clases dominantes expropiadas por la revolución), en Playa Girón. Esta y todas las agresiones imperialistas han sido derrotadas mediante la movilización revolucionaria de las masas y la acción solidaria de los trabajadores y explotados de todo el mundo. Ese es el camino de salida para la actual situación, no un arreglo a lo Delcy Rodríguez o una variante que conduzca a un protectorado en los hechos que significaría un retroceso histórico, aún por detrás de la infame “enmienda Platt” de 1902 que permitía la ocupación de la isla. El asedio de Trump busca forzar una rendición sin lucha, bajo la amenaza de una invasión inminente.

La agresión a Cuba se inscribe en una estrategia de control político y militar de toda Latinoamérica. Forma parte de esta agresión la constitución del “Escudo de las Américas” que establece la subordinación de todos los ejércitos nacionales al Pentágono, impulsando golpes de Estado, invasiones y represión para aplastar la lucha popular y establecer regímenes títeres que aseguren el control yanqui de los recursos estratégicos. El secretario de “Guerra” de Trump, Pete Hegseth, ha reunido a los ejércitos del continente para plantear un combate no solamente a lo que llaman “narco-terrorismo” (una etiqueta que se aplica a todo enemigo político) sino también contra la izquierda “anti-fa”, catalogada también de terrorista. Es la proclamación de un nuevo “Plan Condor” en perspectiva, que muestra no solamente la prepotencia y la barbarie del imperialismo, sino también su temor a que las consecuencias de la guerra abran paso a un alza revolucionaria de los explotados.

El actual gobierno cubano ha respondido a las amenazas con el ofrecimiento de negociaciones en tanto no comprometan la soberanía del país. Los términos de esas negociaciones no son de conocimiento público, están amparadas por la “diplomacia secreta”. Mientras sufre penurias sin límite, el pueblo cubano desconoce lo que se negocia a sus espaldas. El gobierno de Cuba sí ha hecho pública su disposición a abrir la Isla al capital cubano residente en el exterior, en línea con la política de promoción del turismo internacional y privatizaciones -que viene llevando adelante desde largo tiempo- y un violento ajuste social, que ha profundizado el abismo entre una minoría que se enriquece por sus conexiones con el exterior y a la burocracia del Estado, en perjuicio de la mayoría de la nación cubana. El derrumbe absoluto del sistema eléctrico es una evidencia de la enorme regresión de las fuerzas productivas que ha profundizado la política oficial.

El bloqueo militar contra Cuba es un acto de agresión contra la soberanía e independencia de toda América Latina y es funcional a la guerra mundial que ha desatado el imperialismo internacional contra los trabajadores del mundo entero y la humanidad en su conjunto.

Los gobiernos “progresistas” como el de Lula, Sheinbaum, Petro y Orsi, han aceptado este ultimátum imperial contra Cuba, sumándose en los hechos al bloqueo. El envío de algún mendrugo de “ayuda humanitaria” por parte de estos gobiernos no sustituye acciones concretas para romper el bloqueo yanqui.

Es necesario impulsar la movilización popular en Uruguay y a nivel internacional, en solidaridad con el pueblo cubano y contra el imperialismo. Tomemos las calles contra el bloqueo y la amenaza de invasión, en el marco de una movilización de masas para poner fin a la guerra imperialista, colocando a la clase obrera una vez más en la perspectiva de acabar con el propio imperialismo a través de la revolución socialista.

La defensa incondicional de Cuba contra el imperialismo norteamericano y contra el criminal de guerra Donald Trump no comporta, de nuestra parte, ninguna solidaridad política con el gobierno de Cuba. Luchamos por la independencia política de los trabajadores y por gobiernos de trabajadores en todo el mundo. Por la unidad socialista de América Latina y por una federación mundial de repúblicas socialistas.

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