Movilicémonos ya contra la guerra imperialista
El estado actual de la guerra contra Irán como eje central, envuelve al conjunto de esa región, tras la escalada bélica iniciada el 28 de febrero de 2026. La agresión conjunta de EE.UU.-Israel (“Furia Épica” y “Rugido del León”) decapitó parte del liderazgo iraní, incluyendo la muerte del Ayatolá Alí Jamenei, y degradó significativamente su programa nuclear, instalaciones de misiles y capacidad naval. Irán respondió con oleadas de misiles y drones, activando su “Eje de la Resistencia” en Líbano, y otros frentes, y puso en jaque la economía mundial al proceder a un efectivo cierre del Estrecho de Ormuz. A mediados de abril, un alto el fuego frágil de dos semanas entre EE.UU, Israel e Irán, mediado por Pakistán y con respaldo de China, mantiene una pausa tensa. Este interregno ha sido violado (como todos los alto el fuego consagrados por Trump y Netanyahu hasta la fecha) al instante, con el secuestro por parte de la armada yanqui de un buque iraní por un lado y por operaciones israelíes en el sur de Líbano que ha reducido esa zona a escombros y asesinado numerosos civiles, por el otro.
La decapitación del liderazgo iraní no eliminó la capacidad del país para contragolpear, lo que los analistas especializados denominan “resiliencia asimétrica”, (misiles, drones y milicias descentralizadas). En contraste con la peripecia del chavismo residual, que rápidamente se volvió en colaborador de Washingtón post secuestro de Nicolás Maduro, el mando persa se dio los medios para garantizar la supervivencia del régimen sobre una victoria convencional.
Lo que ha provocado que desde el terreno de los agresores una diversidad de voces se alcen contra lo que señalan como falta de objetivos políticos claros en la campaña de Trump-Netanyahu. La degradación militar de Irán es tangible, pero sin un “día después” viable (sucesión, contención de proxies remanentes o acuerdo nuclear verificable), el riesgo de escalada prolongada aumenta.
La fatiga estratégica estadounidense y especialmente la del sionismo son incuestionables. Incluso en un escenario favorable, las victorias tácticas en Irán contrastan con los costos económicos globales para alcanzarlos y distrae recursos de otros frentes como Ucrania y Asia (en especial el mar de China).
Dentro del imperialismo existe una división muy fuerte entre quienes reclaman una retirada total, y los que piden “poner botas” en el terreno. Algo especialmente crítico, ya que si algo demuestra Líbano y Gaza es que la degradación de Hezbollah y Hamas es algo alcanzable con bajas relativamente “aceptables”, pero al mismo tiempo ha expuesto que “desarmar” estructuras arraigadas sin una ocupación prolongada es una quimera. La superioridad aérea no se traduce en control político.
A falta de un poderío militar que le haría imposible la guerra convencional ante un adversario abrumadoramente superior, el régimen irani prioriza la guerra asimétrica (drones baratos, minas en Ormuz y proxies), y capacidad para elevar costos económicos globales, “disrupción energética”.
Ucrania
El frente europeo con la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, cuatro años y contando, se encuentra en un impasse persistente y generalizado. Las conversaciones de paz están suspendidas. Rusia ha intensificado drásticamente los bombardeos en la zona de Jarkov, la segunda ciudad mas grande de Ucrania en el noroeste del país de la que Rusia controla apenas un cinco por ciento.
Según fuentes europeas Rusia produce un orden de magnitud más de armas que toda la Unión Europea junta. Misiles de crucero 1.110 a 300. Misiles balísticos 900 a 0. Munición de artillería 4 millones contra 2 y vehículos de infantería 3.500 contra 500: “Si queremos disuadir a Rusia debemos producir más que ella. Nuestros socios transatlánticos planean reducir su papel en la defensa convencional europea a un rol secundario. La responsabilidad de la seguridad europea se está volviendo europea” dijo Andrius Kubilius, comisario europeo de defensa (Strana Today). Precisamente con este fin se han aprobado los fondos para el rearme de Ucrania, una partida de noventa mil millones de euros que se encontraba demorado por la negativa de Victor Orban, el presidente de Hungría y el más cercano a Trump y Putin. El paquete era objeto de una disputa en la que se encuentra el pasaje de crudo ruso que debe transitar por territorio ucraniano antes de llegar a Hungría.
“A diferencia de los anteriores paquetes de ayuda europea, el último se centra principalmente en el gasto militar, lo que refleja la opinión de que la guerra está lejos de haber terminado.” (New York Times 23/4). Anteriormente el jefe del estado mayor belga declaró que Europa desea rearmarse para 2030, fecha “en la que debe haber concluido la guerra de Ucrania” , lo que muchos interpretaron como una manifestación de deseo para que la guerra se prolongará al menos cuatro años más. En la Rada (parlamento) de Ucraniano se alzaron críticas de que Europa considera al país como un “escudo humano” contra Rusia.
Israel
El sionismo ha mantenido su campaña de masacre permanente en forma ininterrumpida. Describir sus tropelías es llover sobre mojado. Basta consignar que las operaciones terrestres israelíes en el Líbano buscan ocupar indefinidamente toda la zona sur del río Litani. Hezbolá la milicia chiita que Netanyahu pretende “desarmar”, ha mantenido una postura de resistencia, con pérdidas significativas. Los ataques de los colonos, grupos armados israelíes contra palestinos se han intensificado en toda Cisjordania, y no se detuvieron nunca en la Franja de Gaza.
Enfrentar la barbarie
La guerra no provocada contra Irán marca un punto de inflexión, porque expuso los límites militares de la fuerza combinada de dos de los ejércitos más poderosos del planeta.
El escenario geopolítico de esta guerra es mucho más vasto que el de todas las precedentes. En paralelo, la crisis política se desboca a toda máquina en Estados Unidos, su epicentro. La escalada de la guerra imperialista avanza sin freno. Cualquier idea de volver al statu quo anterior es una ilusión.
Hace falta una gran movilización de masas contra la guerra, que exprese con fuerza el hartazgo ante las penurias, las carencias y los brutales ajustes que sufre la clase trabajadora mundial.





