Miles marchamos contra el genocidio y denunciamos la complicidad de Orsi

En el marco la jornada mundial por Palestina, el pasado 8 de octubre se realizó en Montevideo una nueva marcha contra el genocidio perpetrado por el estado sionista de Israel sobre el pueblo palestino.

La multitudinaria movilización que reunió a miles de personas, en especial jóvenes, reclamó que el presidente Yamandú Orsi abandone la neutralidad cómplice y se coloque “del lado de los oprimidos”, Exigiendo el cese total y absoluto de todos los vínculos comerciales, diplomáticos y de cooperación con el gobierno de Israel.

A tres años de la más reciente invasión y masacre sobre Gaza, el acuerdo de alto el fuego no ha detenido la destrucción, el apartheid y limpieza étnica iniciada hace más de 78 años y que se extiende también sobre Cisjordania, Líbano y Siria, con ataques sistemáticos y ocupación colonial de territorios.

A la ofensiva militar sobre estos frentes se sumó en febrero el ataque lanzado contra Irán con el apoyo económico y militar de Trump, situación que amenaza con convertirse en un guerra prolongada por el control de los recursos energéticos y sus rutas de circulación y comercio, en medio de una guerra mundial en expansión.

Mientras en las calles domina la solidaridad con el pueblo palestino, el sionismo busca recuperar el control a través de amenazas y denuncias contra los activistas.

Las organizaciones sionistas y la embajada israelí mantienen una enorme influencia sobre todos los partidos políticos y los medios de comunicación masiva, que contrasta con su incapacidad para realizar incluso una mínima movilización.

La sionista B´nai B´rith emitió un comunicado donde califica de “ofensa” a la gran movilización contra el genocidio palestino. Asimismo le reclama al Frente Amplio por la presencia de algunos de sus dirigentes en la misma.

Objetivamente, más allá de que el partido de gobierno emitiera algún comunicado que condena el accionar del Estado de Israel sobre Palestina, la política oficial que el Frente Amplio lleva adelante al frente del gobierno es de absoluto siliencio sobre el genocidio. Se sigue sosteniendo todos los lazos diplomáticos, comerciales y hasta militares con Israel, lo que deviene en la más absoluta y abierta colaboración cómplice, como lo demuestra la exportación de ganado kosher, la compra de sistemas de inteligencia y seguridad, fertilizantes y productos farmacéuticos y químicos, la presencia de Mekorot como asesor del ente estatal OSE o la participación en eventos de seguridad y defensa impulsados por la embajada de Israel en Uruguay o través de la embajada de Uruguay en Israel. La postura de supuesta “neutralidad” equivale a colocarse del lado de los opresores.

Recordemos que Yamandú Orsi tomó distancia de su vicecanciller Valeria Csukasi, respecto al cumplimiento de la orden de detención contra Netanyahu, y que la delegación uruguaya permaneció en sala mientras el genocida Netanyahu se dirigía a la Asamblea General de la ONU.

Más recientemente, el presidente ha nombrado embajador en Palestina a Marcos Carámbula. La medida busca echar lastre, poniendo a un dirigente vinculado al PCU. Su designación fue fundamentada en su “capacidad de diálogo” ante una “situación compleja”.

La masividad de la marcha y la creciente participación de la juventud en la misma son dos factores fundamentales para darle continuidad a la lucha y concretar los reclamos planteados. Romper relaciones con Israel, cesar a Marcos Israel en el INDDHH, fin el convenio de colaboración de la Udelar con la Universidad del TelAviv, que el gobierno uruguayo tome posición frente al genocidio son algunos de los pasos hacia un posicionamiento internacional que nos colocaría un poquito “del lado de los oprimidos”.

En todo el mundo, las masivas moviizaciones en solidaridad con el pueblo palestino son inseparables de las manifestaciones contra escalada bélica y su contrapartida: el deterioro de las condiciones de vida de la población trabajadora, a mayor gasto en defensa, reducción del presupuesto en salud, educación o vivienda.

Estamos ante una guerra imperialista de alcance mundial que enfrenta a las potencias por el control de la riqueza, descargando sobre la clase obrera y los explotados la miseria y la destrucción sin fin.

Frente a la avanzada del fascismo y la barbarie que nos propone, es preciso abrir una salida política que unifique las luchas vitales que tenemos por delante,

Sólo una acción internacional de la clase obrera puede poner fin al derrotero al que nos condena el capitalismo en descomposición, a las guerras de exterminio, a la colonización, a la destrucción de los recursos naturales y la civilización humana.

 

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