Por una lucha internacional de la clase obrera. Contra la guerra imperialista y el fascismo

Los frentes con la burguesía son un callejón sin salida

Mientras continúa el genocidio y la limpieza étnica contra el pueblo palestino, Trump y Netanyahu llevan hace más de siete meses una guerra criminal contra los pueblos iraní y libanés. En Europa, la OTAN y Rusia continúan sacrificando miles de soldados y a la población civil.

Los gobiernos aumentan los presupuestos militares y achican los gastos sociales para financiar la maquinaria bélica y establecer mayores subsidios a las grandes empresas. Imponen reformas jubilatorias y laborales, destruyen la educación y la salud públicas.

Para llevar adelante la guerra imperialista, el trumpismo busca controlar su “patio trasero”, convirtiendo a América Latina en un protectorado yanqui -mediante elecciones manipuladas, golpes de Estado o directamente ataques militares. Las elecciones de Brasil son el último episodio de esta saga reaccionaria, que va estableciendo gobiernos títeres de los EE. UU.

El llamado “progresismo” no ha frenado la descomposición de la sociedad. No garantiza ningún “progreso”: mantiene en lo esencial la misma política de la derecha. Como dijo un periodista al ministro Oddone, los que cobran 25.000 pesos y tienen empleo precario están hartos del continuismo. “Parece que sigue Azucena Arbeleche”. La L.U.C. (ley de urgente consideración) sigue vigente, la reforma jubilatoria se mantiene en lo esencial pese al mentiroso “diálogo social”, y el gobierno frenteamplista vuelve a desconocer el derecho de huelga, ahora contra los trabajadores portuarios. En lo internacional, Orsi es cómplice del genocidio de Netanyahu, y se aproxima cada vez más a los gobiernos de la derecha de la región -y en última instancia a los Estados Unidos.

Luego de desmovilizar al movimiento obrero y de desmoralizar a su propia base electoral, los “progresistas” se preguntan por qué triunfa la derecha. Van a pretender utilizar el ascenso del bolsonarismo para presionar a los trabajadores a un giro aún más conservador, con el pretexto de “ganar el voto del centro”. Mientras los jerarcas frenteamplistas tienen el futuro asegurado con jugosos salarios, los trabajadores siguen con sueldos miserables y sus condiciones de vida se siguen deteriorando -como lo refleja el enorme endeudamiento de las familias, que no pueden sobrevivir con el sueldo actual y deben empeñar sus ingresos futuros.

Al fascismo no se lo puede derrotar a través de frentes electorales “amplios” con la burguesía supuestamente “democrática” y “nacionalista”. Esa política ya fracasó. La clase obrera debe recuperar su independencia política, y ponerse al frente de los explotados. Eso es lo que intentan una y otra vez los trabajadores -como se expresó hace poco en las protestas en Chile, las huelgas y levantamientos en Bolivia, y en estos días en las calles de Madrid o París. La salida frente a la miseria y el fascismo es la lucha de masas, las huelgas y la huelga general.

Ante el agotamiento ilevantable de los falsos “progresismos”, y la amenaza fascista contra el movimiento obrero, es necesario poner en pie un gran partido de la clase obrera, internacionalista y socialista. Para luchar por gobiernos de trabajadores y la unidad socialista de América Latina.

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