Recorte de grupos en secundaria: una batalla que se puede ganar

En noviembre- diciembre Ades Montevideo y Fenapes han luchado contra el recorte de grupos de clase y la introducción inconsulta de planes de estudio. Una parte del recorte se ha logrado revertir, iniciándose la elección de horas para 2019. El resto se definirá en febrero, y serán las asambleas de trabajadores las que resolverán si hay condiciones para iniciar o no los cursos en marzo.

Por qué sí es recorte presupuestal

El ajuste en el presupuesto educativo, su insuficiencia, ha llevado a una conflictividad casi permanente desde hace varios años a la fecha -incluidas dos huelgas, en 2013 y 2015-. El ajuste no puede medirse sólo -ni principalmente- en términos monetarios, sino políticos. Puede mantenerse o aumentarse el presupuesto educativo, y aun así tratarse de un ajuste. Porque éste debe medirse desde una óptica de clase, no tecnocrática- administrativa.
Si el dinero destinado al presupuesto educativo va a parar a PPPs, empresas privadas tercerizadas o a la planificación e instrumentación de planes y programas que deterioren el nivel educativo, y no a más liceos, más horas de trabajo, salario, materiales de estudio y demás: hay -desde una óptica de clase- ajuste presupuestal. ¿Por qué? Porque se ajusta a los trabajadores y a la enseñanza de sus hijos para derivar recursos a financiar al capital. Tampoco el gobierno prioriza en términos de “primero esto” y “luego lo otro”, sino de “esto sí y lo otro no -o muy poco-“. Esto explica que se haya -indiscutiblemente- aumentado el presupuesto educativo desde 2005 a la fecha sin haberse dado un salto cualitativo en cuanto a salario, condiciones de trabajo y recursos materiales para mejorar sustancialmente los procesos de enseñanza- aprendizaje. En cambio, han proliferado las empresas privadas tercerizadas en todas las áreas -administrativa, infraestructura, servicios y demás-, acaparando una porción creciente del presupuesto estatal destinado a la educación.

En síntesis, menos grupos implica un recorte presupuestal, a menos que se tome por válido el discurso del gobierno, e incluso de la oposición de la derecha tradicional que plantea que se aumentó el “gasto” en educación sin mejorar los “resultados”.

Negociación y movilización; paros, ocupaciones y asambleas

La negociación entre la Fenapes y el Consejo de Educación Secundaria (CES) dio como resultado la recuperación de más de la mitad de los grupos recortados. Esa negociación no se dio ‘aislada’, sino en un contexto de fuerte movilización de Ades Montevideo -96 horas de paro, varios liceos ocupados y tres asambleas generales-. Ese despliegue de sacrificio y lucha no puede despreciarse; implica una firme convicción en defensa del empleo y de las condiciones de estudio de los más pobres. Ese nivel de movilización presiona sobre cualquier negociación y quienes negocian -por el CES y por el sindicato-. Pero la negociación tiene límites insalvables, por esencia expresa ceder y acordar. Esos límites sólo pueden ser derribados por una lucha general, decidida y masiva, que logre imponer todos y cada uno de los reclamos -los de hoy y los pendientes-. La táctica debe desarrollarse a la luz de las condiciones concretas para luchar: la correlación de fuerzas, es decir el análisis del otro y de uno mismo, y la dialéctica entre ambos. Los sindicatos de la educación venimos de varias derrotas en los últimos años; aun así presentamos en este caso en Ades Montevideo una dura batalla a los recortes de grupos como expresión de un ajuste estructural. Esto nos prepara para seguir peleando en febrero y evaluar en las asambleas generales -de Montevideo y AGD de Fenapes- cómo seguir, y si existen condiciones para iniciar los cursos en 2019.

Conclusiones políticas
La lucha denodada de los trabajadores de la educación por un 6+1% del PBI como mínimo para Anep y Udelar ha chocado contra la orientación política del gobierno del FA y de la oposición de derecha: seguir los mandatos del FMI y pagar ‘religiosamente’ la deuda externa, a la vez que exonerar de impuestos al capital y financiar sus inversiones -educación privada, UPM 2 y demás-.

La pelea contra el recorte de grupos en secundaria -también se da en Utu sin aún una respuesta organizada por parte de los trabajadores- es un episodio de una lucha política general. Lo que está en juego es quién paga los costos de la crisis capitalista mundial. En micro peleamos por recuperar grupos liceales en Uruguay o impedir el cierre de cursos nocturnos en Buenos Aires, a otra escala los ‘chalecos amarillos” resisten el ajuste en Francia poniendo en vilo al gobierno de Macron. El capitalismo hace mucho ha dejado atrás la posibilidad de conceder grandes beneficios -reformas, derechos- que mejoren sustancialmente la calidad de vida y trabajo de las masas.

Los trabajadores de la educación debemos sacar conclusiones políticas más generales: organizarnos, recuperar los sindicatos para el clasismo y contribuir a la construcción de una alternativa política obrera y socialista a los gobiernos del capital en todas sus variantes.

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Docente de educación secundaria, militante de ADES Montevideo y del Partido de los Trabajadores.

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Author: Andrés Mancioni

Docente de educación secundaria, militante de ADES Montevideo y del Partido de los Trabajadores.