Las conclusiones del llamado “diálogo social” son claras: todas las partes acuerdan un documento que defiende que la seguridad social esté integrada por un “pilar contributivo” (la jubilación tradicional por BPS), un “pilar de ahorro individual obligatorio” con fondos administrados por las AFAPS, y el famoso “pilar solidario” que aplica en realidad a los sueldos más bajos (para llevarlos en el entorno de la actual jubilación mínima).
Durante todo el famoso “Diálogo”, estuvo ausente la movilización popular, e incluso la más básica información a las bases sindicales. Negociaron sin rendir cuentas a los trabajadores. Era la crónica de una muerte anunciada: condujo a la consolidación de las reformas neoliberales que rebajaron los derechos del trabajador en beneficio de los banqueros.
La Mesa Representativa votó un balance sin siquiera trasladar primero los documentos a los sindicatos de base, y avalando por sí y ante sí las conclusiones del “Diálogo” con el gobierno: un acuerdo que no resuelve la cuestión de las jubilaciones de miseria ni el lucro a costa del ahorro forzado del asalariado.
Acordaron que se mantendrá el “ahorro individual” forzado, echando a la papelera de reciclaje a la papeleta blanca del SÍ, que no solamente eliminaba las AFAP sino toda forma de ahorro individual. El ahorro en cuenta individual es un mecanismo para sacar a las patronales de la financiación de las jubilaciones, ya que en esa cuenta se depositan únicamente (parte de) los aportes personales (tras deducir comisiones y primas de seguros). El ahorro individual deja la futura jubilación a la deriva, en función de colocaciones financieras que hagan las AFAP y otros administradores de los fondos. Esas inversiones están subordinadas a las oscilaciones de las tasas financieras (que tendencialmente han ido a la baja), y pueden conducir a perder parte o toda la jubilación en la timba de la especulación.
Las sucesivas reformas han ido reduciendo el aporte patronal, que pasó de un 14% a un 12%, y luego en 2008 se redujo a un 7,5%. Además, las exoneraciones alcanzan al 26% de los aportes patronales, lo que implica un subsidio a las grandes empresas a costa de los trabajadores. El gobierno del FA -que profundizó esta tendencia con la reforma fiscal de 2008- mantiene el desfinanciamiento del sistema previsional, provocando que el pago de las jubilaciones esté financiado cada vez más sólo por aportes obreros y por el IVA (que pagamos también los trabajadores y el pueblo).
Se mantienen las AFAP, que seguirán cobrando comisiones a costa de los trabajadores, por más que no tengan “relación directa con los aportistas”. Se mantiene la privatización y el lucro, todo lo demás es cuento. El plebiscito planteaba acabar con la privatización de la seguridad social, no maquillar a Frankenstein.
Un tema central de las sucesivas reformas impulsadas por el gran capital ha sido las rebajas en la forma de cálculo de las jubilaciones (ver nota aparte), aumentando los años de trabajo para establecer el promedio salarial a tener en cuenta como base del cálculo jubilatorio, y también rebajando las tasas de reemplazo. Esto básicamente se mantiene intacto. La única concesión que aparece sería para los sueldos más bajos que podrían llegar al nivel de jubilación inicial de la ley de 2008, que por supuesto ya eran miserables. Muchos no llegaban a la jubilación mínima, por lo que deberán tener el “suplemento solidario” para alcanzar ese piso que de todas formas es un sueldo de hambre.
Lo acordado mantiene la edad de retiro a los 65 años, se fija la posibilidad de “anticiparse” a esa edad, pero a costa de una jubilación más baja. Es decir, que si un trabajador se “anticipa” y se jubila a los 60, entonces no percibirá el 45% sino (supongamos) un 36% del sueldo jubilatorio.
La exigencia de equiparar a la jubilación más baja con el salario mínimo nacional tampoco ha sido atendida, en lo sustancial se mantiene el mecanismo de “suplemento solidario” de la ley 20.130 (Lacalle Pou).
El PIT-CNT dejó una “constancia” de que seguirá proponiendo temas impositivos (impuesto a los más ricos o alguna modificación en los aportes patronales a la seguridad social) ahora en otro “Diálogo Social”, el de la “Estrategia para el desarrollo”: un saludo a la bandera. El gobierno ha declarado una y otra vez que en el mejor de los casos estas discusiones serían insumos para próximos gobiernos. Esta estrategia de desmovilización y nula participación de las bases del movimiento sindical no conduce a ninguna parte.
Abramos una discusión en todo el movimiento obrero, para terminar con esta estrategia burocrática de conciliación de clases y pasar a una estrategia de participación y lucha unificada por una plataforma común del movimiento obrero, que ponga en el centro la lucha por un salario mínimo acorde con el costo de la canasta familiar, por aumento de salarios y jubilaciones, por terminar con las AFAP y con todas las privatizaciones, en defensa del empleo, la educación y la salud para el pueblo. Ante este escenario, sería más necesario que nunca convocar un real congreso de base del PIT-CNT, con discusiones desde abajo, en asambleas y eligiendo delegados en función del debate de los trabajadores y no exclusivamente en las cúpulas de los sindicatos.





