La guerra mundial, la declinación del imperialismo y el espectro de la Revolución de Octubre

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En la historia hay dos grandes explosiones. Una son las guerras; la otra, las revoluciones. El 7 de noviembre se cumplió el 108 aniversario de la Revolución de Octubre de 1917 en un escenario donde se han impuesto decisivamente las tendencias del imperialismo a la guerra.

Las tendencias del capitalismo a crisis económicas cada vez más severas han comprometido al conjunto de la humanidad, a tal punto que se ha llegado a una encrucijada. La guerra continuará hasta agotar todos los recursos de la naturaleza o la revolución acaba con el capitalismo y establece la organización socialista de la sociedad.

De ahí que el ciclo abierto por Octubre, ese período histórico signado por la revolución socialista como norte del proletariado mundial para resolver las necesidades más urgentes de los explotados del planeta, se encuentra en plena vigencia, la cual está dada por la misma razón por la que se presentó como una necesidad para las masas en 1917. Si los trabajadores rusos llegaron al poder porque el capitalismo y sus gobiernos democráticos no resolvieron los problemas fundamentales de la vida, los obreros del mundo de hoy están viviendo la misma situación.

Otro aspecto de su vigencia es que la revolución ha quedado presente como amenaza para la burguesía mundial y como perspectiva para los obreros en su lucha por la liberación de la explotación. Dicho sea de paso, el hecho de que hoy está como amenaza para el capitalismo queda verificado en las huelgas de los obreros italianos que bloquearon recientemente los embarques a Israel y obligaron a Trump a llevar de las orejas a Netanyahu a firmar los “acuerdos de paz”. O frente al reciente triunfo electoral de Mamdani, (musulmán y ala “izquierda” del Partido Demócrata, obtuvo su gran apoyo por su defensa de Palestina frente al genocidio en Gaza) vemos a Trump acusarlo de erigir a la ciudad de Nueva York en una nueva “Cuba comunista” o “Venezuela socialista”. De modo que Octubre, como una serpiente de mil cabezas, hizo su aparición fantasmal en el escenario de la guerra mundial en curso.

La revolución de Octubre tuvo la particularidad de que en ocho meses se condensaron más de 200 años de historia capitalista: Inmediatamente después de la caída del Zar, todas las clases sociales y en particular el proletariado, vieron pasar ante sus ojos todas las formas de dominación política burguesa. No hubo etapa que se haya salteado, no hubo régimen político que haya quedado sin transitar. República democrática, gobiernos con personal de la burguesía, de “Izquierda” con participación obrera, de “centro izquierda”, parlamento, asamblea constituyente, golpe militar y al final, un gobierno exclusivo de “socialistas”. Los soviets, que al principio de la revolución fueron convocados por la pequeña burguesía intelectual con el propósito de contener y administrar las fuerzas elementales desatadas por la insurrección, pasaron por todas las etapas de este proceso, transformándose en un régimen político de transición, donde la clase obrera y la enorme masa de campesinos llegaron a la conclusión de que la única salida era la revolución proletaria con los bolcheviques a la cabeza. Esto porque de todas las formas de gobierno burgués experimentadas, ninguna dio solución a los problemas más acuciantes de las masas. Que este proceso haya terminado en un gobierno de los soviets bajo la jefatura del partido bolchevique, (Partido Comunista para ese entonces), y no en una dictadura como las de Pinochet o Videla, nos informa de la decisiva importancia del papel del partido revolucionario. El partido bolchevique, con Lenin en pugna contra una buena parte de los dirigentes de su propio partido, fue acompañando cada una de los distintos tipos de gobierno que se fueron instalando, enarbolando la consigna de darle la tierra a los campesinos y establecer la paz. Fue el único partido que abogaba por una paz inmediata y no sólo eso, sino que la paz sólo la podía garantizar un gobierno obrero. Estas consignas sólo las hizo realidad un gobierno de trabajadores, que finalmente, llegó como resultado de una experiencia de las masas junto al bolchevismo con el régimen democrático burgués, confirmando aquella tesis marxista que afirma que el desarrollo de la lucha de clases conduce a la dictadura del proletariado.

El carácter universal de la revolución de Octubre se verá confirmado con los acontecimientos posteriores. Los obreros del mundo se mirarán en el espejo del gobierno de los soviets y en los métodos de lucha de la clase obrera rusa. El reguero de huelgas con ocupación y control obrero en la Italia de 1919-20, las huelgas con piquetes armados en EEUU y el soviet de Seattle en 1919, la huelga general en Inglaterra en 1926. Entre 1917 y la actualidad media un siglo de experiencias revolucionarias: Empezando por la revolución alemana de 1918, la revolución en Hungría de 1919, la revolución china de 1927, la española de 1936 y la constitución de juntas que fungían como soviets, la boliviana de 1952, con la disolución del ejército y la aparición de la COB, la cubana de 1959, por mencionar algunos ejemplos. No ha quedado lugar del planeta donde la Revolución no haya conquistado la imaginación de los explotados. Y las condiciones objetivas de guerras y crisis son casi las mismas a las que precedieron a la revolución rusa.

Un aspecto importante que hace a la vigencia de Octubre es la definitiva bancarrota capitalista que hoy es cien veces más profunda que en el 17 y la escalada hacia la guerra del imperialismo tanto norteamericano como europeo es más bárbara que nunca, porque hoy ninguna de las fuerzas en pugna está libre de ser atacada con armas nucleares. Alemania está reconvirtiendo su industria en industria bélica y avanza en la conscripción obligatoria, en tanto que Francia se prepara aceleradamente para un escenario de guerra. Trump podrá avanzar en su cruzada contra Venezuela y Colombia, y en un plano más general, contra América Latina; seguirá armando a la OTAN contra Rusia, tal vez consolide su dominio, junto a Israel, sobre el Medio Oriente para ir en guerra contra China. Pero lo que no podrá resolver son los problemas del capitalismo norteamericano. De hecho, Trump está invadiendo su propio país enviando tropas a varias ciudades, pasando por encima de leyes y jueces; enfrenta multitudinarias movilizaciones en más de 2.600 ciudades norteamericanas contra su gobierno y otras tantas contra el genocidio en Gaza. En 1917 era un imperialismo emergente, mientras que ahora está en franca declinación, y tiene que ir a la guerra para demostrar su hegemonía en el mercado mundial.

Por último, la situación de la izquierda. Si la II Internacional Socialista se quebró al comenzar la guerra en 1914, hoy en 2025, todas las fracciones de la “izquierda” mundial ya están quebradas antes de su declaración formal. No hay manifestaciones contra la guerra. Por el contrario, la mayoría de sus fracciones, o apoyan a la Otan en la guerra de Ucrania, o miran para otro lado ante el genocidio en Gaza; votan los créditos de guerra como Die Linke en Alemania, mientras que otros o apoyan a Putin o a Zelenski, según sus presupuestos ideológicos.

La lucha del proletariado contra la guerra es más urgente que nunca, porque en su devenir se convertirá en un movimiento revolucionario internacional. La lucha por el cese de la guerra, por el derrocamiento de los gobiernos capitalistas y del propio capitalismo debe estar presente; debe ser un eje privilegiado porque el desarrollo de la conciencia socialista irá en consonancia con el desarrollo de esta lucha.

Ante la debacle de la izquierda mundial, es más urgente que nunca la construcción del Partido.

La crisis de la humanidad es la crisis de la dirección del proletariado. La reconstrucción de la IV Internacional es una necesidad del momento histórico.

 

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Author: Antonio Buday