Gran Bretaña autorizó la extradición de Julián Assange a Estados Unidos

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Ensañamiento del imperialismo contra el periodista que documentó y denunció sus crímenes de guerra.


La ministra del Interior de Reino Unido, Priti Patel, firmó la extradición a Estados Unidos del cofundador de WikiLeaks, Julian Assagne, donde lo espera una condena en aislamiento por casi dos siglos. Patel consideró que la extradición no sería “incompatible con los derechos humanos” de Assange y que mientras esté en Estados Unidos “será tratado adecuadamente”.

Nadie debería sorprenderse por los estándares derecho humanistas de Patel: la Justicia y la ministra británica han confinado a Assange en condiciones espantosas en Belmarsh, una cárcel de máxima seguridad, retaceado su atención médica y psicológica y, en víspera del juicio, no le han permitido un contacto directo con sus abogados.

Assange es considerado una presa mayor por el imperialismo: el periodista australiano documentó la tortura y el asesinato de civiles desarmados publicando miles de documentos secretos sobre los crímenes de guerra de Estados Unidos y sus aliados contra la población civil en Irak, Afganistán y otras partes del mundo. No solo se comprobó cómo los yankies entrenaron a los militares y policías locales en tortura, interrogatorios y asesinato de civiles. Los documentos también develaron cómo discutían sus beneficios por la guerra grandes grupos empresarios.

En las últimas décadas creció el número de civiles que mueren en las guerras. En la Primera Guerra Mundial fueron alrededor del 5%. En la Segunda, el 66%. En la actualidad la proporción se sitúa entre el 80 y el 90% (Eric Hobsbawm, Guerra y paz en el siglo XXI). Los documentos publicados por WikiLeaks muestran cómo escuelas, mercados, aldeas, periodistas son objetivo militar.

Desde entonces, Estados Unidos inició una persecución feroz para atrapar a Assange. Se lo acusa de violar la Ley de Espionaje, alegando que el material pone en peligro vidas de soldados y otras personas.

Estados Unidos contó con la complicidad de sus socios europeos para desprestigiar y agotar física y psicológicamente a Assange. Esto incluyó a los grandes medios de prensa que se hicieron eco de todo tipo de patrañas. A la “neutral” Suecia, que acompañó una falsa acusación de abuso a la integridad sexual -romper deliberadamente un condón- para ponerlo entre rejas. Tiempo después la acusadora denunció que fue apretada por la CIA y le cambiaron el texto de la acusación. Lenin Moreno, directamente lo entregó a los ingleses cuando lo echó de la embajada de Ecuador en Londres, donde estaba refugiado. La CIA no niega que está en sus planes asesinarlo.

Un juicio en Estados Unidos sería una simple farsa: sus defensores explicaron que sería juzgado en Alexandria, Virginia, sede las agencias de inteligencia. “El complejo judicial está a 15 millas de la sede de la CIA. El estado está poblado agentes del mismo sector cuyos abusos y crímenes expuso Julián”. Además, la redacción de la Ley de Espionaje prohíbe -en nombre de la seguridad nacional- que el acusado explique por qué publicó lo que publicó, lo que expuso y que no resultó en ningún daño físico. La mujer de Assange, la abogada Stella Morris, dijo el viernes que preparan la apelación y lucharán hasta el final para que no sea entregado.

La decisión de la Justicia británica va mucho más allá de Assange. Toda denuncia de los crímenes de Estado y los perpetrados por el imperialismo puede caer en el cedazo de la Ley de Espionaje yanky o -como ya ocurre- de las leyes antiterroristas.

En realidad, Julián Assange puede considerarse como uno de los fundadores del periodismo de investigación moderno. A través de Wikileaks, mostró la factibilidad técnica de difundir, solo con una computadora, millares de documentos secretos facilitados por denunciantes secretos que filtran documentos del Estado o de las grandes empresas donde trabajan.

Assange creó un modelo peligroso para los gobiernos, los militares, los servicios secretos y las empresas del gran capital. El objetivo de su persecución es amedrentar a las “gargantas profundas” y a los periodistas. El periodismo de investigación ingresa al Código Penal, como un grave delito contra la seguridad pública.

La guerra imperialista en curso es una nueva prueba de que los derechos democráticos y la libertad de prensa ya no tienen lugar en el ocaso del capitalismo ni con el estatuto de espantajo.

La autorización para que Assange sea extraditado despertó una ola de repudios en todo el mundo. Prácticamente todas las organizaciones de derechos humanos, desde Amnistía Internacional hasta Reporteros sin Fronteras, han demandado la inmediata liberación de Julián Assange.

La exigencia de la libertad de Assange debe ser parte de la campaña contra la guerra de la OTAN.

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Author: Olga Cristóbal