[Argentina] Una crisis de gobierno y de régimen político

Durante las últimas semanas el Banco Central se valió de todos los medios a su alcance para asegurar que la ‘estabilidad cambiaria’ estaba asegurada porque la cantidad de pesos que aún podían convertirse en divisas se había reducido a un módico equivalente de u$s7 mil millones. El jueves 25 de abril fue suficiente el uno por ciento de esa cifra para producir una devaluación del peso de alrededor del 3 por ciento. Para contener lo que fue visto como un incendio, el gobierno tuvo que desplegar por lo menos cuatro cuarteles de bomberos: los bancos Nación, Provincia y Ciudad, y la Anses. Unos salieron a vender divisas y el otro a comprar bonos de Argentina en liquidación. Como quiera que la desbordante inflación de precios es atribuida a la desvalorización del peso, el aumento de la cotización del dólar fue visto como una catástrofe, por supuesto que económica, pero también política. En la mañana siguiente, la artillería macrista quedó mojada – el dólar se fue arriba de 46 pesos y las acciones argentinas en Wall Street seguían su ruta abajo. Como la cotización del día opera primero en Nueva York (en un mercado llamado “forward”), las pizarras en Buenos Aires reflejan el movimiento del capital fronteras afuera. Marcelo Bonelli, hoy, en Clarín, asegura que la estampida partió del exterior, seguida por los fondos que operan en el mercado poteño.

La política del desplome financiero

La crisis, a la vista de todos, se ha desplazado a la continuidad o no de Macri, que algunos disfrazan con un pedido para que renuncie a su candidatura. Se trata, en síntesis, de un derrumbe del proceso electoral – que el arco político de Argentina daba por hecho. Ocurre que si Macri no se postula tampoco puede seguir gobernando – o ‘desgobernando’. El escenario ha cambiado al punto de que hay reclamos para adelantar las elecciones. Una sucesión presidencial caería en los brazos del macri-peronista Monzó, presidente de Diputados por voto unánime, con excepción, claro, de la Izquierda. Michetti y Pinedo han quedado excluidos de la línea. No hay margen para otra cosa que un cambio político. Medidas como gastar más o menos dólares, subir o bajar tasas, ‘cuidar’ precios o cualquier otra cosa, han perdido sentido. La venta de títulos públicos de Argentina, por parte de agentes externos, ha demostrado, por si hacía falta, que no se trata de tener más o menos pesos o dólares para hacer subir las divisas extranjeras; eso se hace directamente en el mercado financiero, afectando a todas las variables de la economía – intereses, cotización cambiaria, precios. Un Banco Central con patrimonio negativo (pasivo considerablemente mayor que el activo) y una deuda pública y privada en dólares de alrededor de 350 mil millones, convierte al peso argentino en un papel carente de valor. Para retenerlo paga más del ciento por ciento anual de intereses por las Leliq. Esta ‘remuneración’, sin embargo, carece de valor, porque se desvaloriza con la suba del dólar, lo cual explica una parte del derrumbe de las acciones de los bancos de Argentina en la Bolsa de Nueva York. No ha sido necesario esperar a junio, cuando vence el bono-dual (que se compra en pesos y se cobra en dólares), para someter a prueba la capacidad de pago de la deuda por parte de Argentina – la pulseada se adelantó dos meses. Con esta crisis cambiaria, las expectativas de que las exportaciones agrarias provean un financiamiento a la economía nacional se han esfumado – el sector retendrá los granos o las divisas que ahora sería malvenderlas.

El derrumbe de Argentina en la economía mundial debe tener seguramente un impacto menor, salvo por un detalle: ha quebrado la capacidad de rescate del FMI, incluso repetidamente, que empeñó u$s60 mil millones en la aventura. Estamos así ante un caso menor de alcance mayor. En la fila de los salvatajes en espera se encuentran países como Turquía, Indonesia, Colombia e incluso Sudáfrica, que ahora están obligados a pensarla dos veces. La desvalorización en los llamados ‘emergentes’ no se detuvo ni cuando la Reserva Federal norteamericana cambió su política a apretar intereses y volvió al relaje. El rescate de Argentina mostró un choque serio entre el FMI y la banca internacional que lo respalda, cuando el JP Morgan forzó al Banco Central, el año pasado, a venderle dólares a 20 pesos, algo expresamente prohibido en el acuerdo con el Fondo. En estos días, otro banco, el Morgan Stanley, aconsejó a sus clientes a retirar su dinero de Argentina. Incluso en su condición de mercado marginal (‘país de frontera’), Argentina ha dejado al desnudo una gran fractura interna en el capital financiero internacional. Por esto mismo, la información que brinda el director del diario Perfil, de que se estaría evaluando la creación de un fideicomiso del Banco Mundial para garantizar la repatriación del dinero de argentinos en el exterior, destinado a inversión en infraestructura, es una quimera, porque lo cierto es que el macrismo ha fracasado en su proyecto estrella para este objetivo, como es la Participación Pública Privada. En el país modelo de las PPP, Gran Bretaña, el desplome de las dos principales constructoras ha obligado a la nacionalización parcial de las obras en ejecución. Una nueva refacción del programa del FMI, luego de cambios reiterados, sería inútil para reconstruir el financiamiento externo de Argentina – el anzuelo que llevó a Cambiemos al gobierno. De acuerdo a Cledis Candelaresi, en el Cronista, “el FMI bloquea nuevas obras eléctricas”, para evitar mayor endeudamiento del Estado, lo cual explicaría el hundimiento de las acciones de las compañías energéticas en Wall Street, a pesar de sus grandes ganancias, y la decisión de Pampa Energía, de vendar parte de sus tenencias en Edenor.

Macri kaputt

El ritmo de la crisis política se ha acelerado debido al fracaso en construir una alternativa política al macrismo en demolición que sea ajena a la candidatura de CFK. “Aun en un eventual ajustado triunfo de Macri en un ballotage, un futuro segundo gobierno de Macri con el actual entorno que rodea al Presidente no sería muy alentador y significaría más de lo mismo, más huida de capitales, alto nivel de deuda y riesgo permanente de default”. Esta es la caracterización del proceso político actual que escuchó Jorge Fontevecchia, el dueño de Perfil y Noticias, en una reunión del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales – “el think tank más reconocido del país”. MM ha perdido el apoyo de los círculos de todos los colores, no solamente del llamado círculo rojo. La caracterización que hace el CARI ni siquiera tiene en cuenta el caballito de batalla del macrismo, de que “la causa” de la crisis sería el ascenso de CFK en las encuestas. En ausencia de una alternativa que sustituya a Macri en la pelea electoral contra CFK, Macri estaría forzado a presentarse como candidato, pero insepulto – con riesgos mayores para la clase capitalista que los enunciados por ese Consejo. Para salir de este atolladero quedan apenas un par de semanas y la necesidad de una ruptura en Caambiemos, que acerque a la gobernadora Vidal, a Lavagna, a los radicales, al centroizquierda e incluso a Massa, a una coalición política se hace apremaiante. La corrida contra el peso, que se convertirá en corrida de depósitos en los bancos, constituye una presión del capital financiero a favor de este recambio político.

El proceso político, en estas condiciones, enfrenta dos alternativas (con sus variantes). Por un lado, la ruptura del Pro, que es la condición para una coalición anti-K. Fontevecchia de nuevo: (Macri) “debería renunciar a su candidatura para promover algo más cercano a la unidad nacional antes de las elecciones”. Esta tentativa deberá hacer frente a la crisis financiera y a la inflación, lo cual implica que necesitará el reemplazo de Macri en el gobierno como punto de partida, y eventualmente un adelanto electoral. Estaríamos ante un recauchutaje del proceso político-electoral sin garantías de contención de la crisis económica. La otra alternativa, polarizar con el kirchnerismo, enfrenta el riesgo de un derrumbe cuando ya se agotaron los tiempos de recambio, lo que obligaría a formar un gobierno provisional que postergue las elecciones por corto tiempo. De un modo o de otro, tendríamos un ‘replay’ del 2002, con un arco político mucho más desgastado (¡lo que no es poco!) y una nueva perspectiva de defol, por el doble de la deuda de entonces. Los últimos días del macrismo han puesto en evidencia, además, que el macrismo y el conjunto del capital han sido forzados por la crisis y las luchas de todo tipo, a proceder a una retirada táctica sin plazo, al lanzar un pseudo plan de contención de precios, insinuar paritarias trimestrales, ceder a la presión de los movimientos de desocupados – medidas de alcance casi nulo en lo social pero fundamentales a la hora de mostrar una política en retroceso.

Una cuestión de poder

Cuando el derrumbe político de un gobierno y de un régimen político adquiere la agudeza que ha alcanzado en Argentina, las reivindicaciones de las masas para que el desplome no recaiga sobre sus espaldas, como ha estado ocurriendo, necesitan de un planteo de poder, porque ni Macri ni sus eventuales sucesores tienen los medios, ni qué hablar de la voluntad, de satisfacerlas. Si no se trata de una tarea inmediata, porque requiere conciencia, organización y un despliegue de luchas, el planteo de poder ofrece a esas reivindicaciones y a esas luchas una perspectiva o, como se da en decir, ‘una hoja de ruta’. Ninguna clase puede evadir la interpelación que le plantea la crisis del poder político, sin sufrir negativamente sus consecuencias. La crisis política es, además, una crisis de régimen y de estado, porque los partidos están agotados, las patronales procesadas y las instituciones públicas asociadas a la extorsión y al espionaje. La reivindicación de que el poder político pase a manos de una Asamblea Constituyente Soberana, o sea una asamblea electa que revoque los poderes estatales, adquiere una vigencia clara, en especial para decidir el repudio definitivo a una deuda externa confiscatoria que tiene medio siglo de oprobio. La posibilidad de convocatoria de esa Constituyente está determinada por el desenvolvimiento de la crisis política, por la lucha de clases en presencia, por la conciencia y organización de la clase obrera, y por sobre todo por una acción histórica independiente del proletariado. Las maniobras que puedan intentar las fuerzas políticas patronales para usar el slogan de la Constituyente para desnaturalizar su objetivo, o sea convertirla en otro episodio parlamentario o constitucional y, en definitiva, apartar a las masas del poder, deberán ser derrotadas en la lucha misma y como consecuencia de esta lucha. Es así como el gobierno encargado de convocar a una Constituyente soberana será un gobierno de trabajadores.

Es claro que Argentina ha entrado en una etapa excepcional, incluso por referencia a episodios similares en el pasado. El proceso electoral, completamente en crisis, se encuentra subordinado a los desafíos de conjunto de esta etapa. Como todo proceso histórico de envergadura es expresión de una tendencia internacional. Es precisamente lo que caracteriza al proceso internacional: crisis de gobiernos y regímenes políticos, de un lado, con desenlaces parciales contradictorios, y rebeliones populares, por el otro, cuya posibilidad de convertirse en revoluciones depende de la conciencia y la organización de su vanguardia revolucionaria.

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Dirigente histórico del Partido Obrero (Argentina)

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Author: Jorge Altamira

Dirigente histórico del Partido Obrero (Argentina)