Tras las elecciones donde la lista clasista obtuvo la presidencia de la Banca Oficial, el gremio está enfrentando una nueva ofensiva de parte del gobierno del Frente Amplio. Esta se expresa sobre todo en el Banco República, donde hace años se viene impulsando la tercerización de tareas en favor de las redes de cobranza y otros “corresponsales no bancarios”.
Este fue el resultado concreto de la llamada “inclusión financiera” que fue apoyada calurosamente por las listas mayoritarias (98 y 17, del astorismo, PS y PCU) y en forma apenas crítica por la lista del MPP-PVP (1955). El empleo en la banca va siendo sustituido cada vez más por empleo precario y peor pago en los Abitab y Redpagos.
El año pasado, la reestructura pegó un gran salto en medio de la negociación del convenio colectivo cuando el Directorio del BROU decidió el cierre parcial de varias dependencias del interior, que pasarían a estar cerradas varios días a la semana. La dirección oficialista viabilizó este cierre, firmando una tregua primero para lograr la firma del convenio, y luego negándose a impulsar la movilización del gremio.
Durante la campaña electoral de AEBU, estas medidas quedaron transitoriamente “en barbecho”, porque un conflicto hubiera acelerado la decadencia de las listas burocráticas y fortalecido a la oposición clasista. Pasadas las elecciones, el gobierno apura la reestructura ajustadora, impulsando un achique acelerado del BROU. Se cerrarían 6 agencias de Montevideo, además de convertir en “microbanca” a decenas de dependencias (eliminando cajas y reduciendo el personal).
Frente a esto, se vienen realizando juntas de delegados en los bancos, y se prepara una asamblea general del BROU y de toda la Banca Oficial. Las listas oficialistas están transitoriamente colocándose en una postura de oposición a esta jibarización de los bancos, pero intentan limitar el impulso a las asambleas de base y las juntas de delegados, a las que buscan quitar alcance resolutivo. Para los dirigentes oficialistas, “el que dirige y resuelve es el Consejo” -donde sumadas tienen aún mayoría las listas frenteamplistas. Le temen como a la peste a la organización y movilización por abajo.
El camino para el triunfo pasa, precisamente, por impulsar las juntas de delegados y las asambleas resolutivas, para impulsar un plan de lucha consecuente que derrote el achique y la privatización.
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