El “diálogo social”, un mecanismo de contención de la lucha popular
A poco más de un año de iniciado el gobierno del Frente Amplio, crece la desazón de la población, sobre todo de quienes votaron al binomio Orsi-Cosse. Las encuestas reflejan una caída pronunciada de la aprobación al gobierno.
La sensación popular es que nada se hizo o, en otras palabras, que nada cambió.
La tarea número uno de Orsi ha sido consolidar las reformas antipopulares y reaccionarias realizadas por el gobierno de la coalición de derecha. No se planteó tocar la LUC ni la reforma jubilatoria (en lo esencial). Su objetivo prioritario es clausurar las demandas de los trabajadores y de la izquierda contra esas reformas derechistas. En lo internacional ha mantenido las relaciones con el régimen genocida de Netanyahu, y busca un acuerdo con el propio Donald Trump mientras este desarrolla una intervención política y militar en América Latina, interviniendo en procesos electorales, secuestrando a Maduro y estableciendo un protectorado de hecho en Venezuela, y estableciendo un bloqueo total y criminal contra Cuba.
Los ajustes al salario mínimo y a las pasividades mínimas, las pautas salariales de Oddone y Castillo para los convenios colectivos, son completamente continuistas. Nuevamente con el pretexto de proteger y promover el empleo, se mantiene la miseria salarial, colocando una presión sobre los sindicatos: “luchar por salario genera desocupación”, un eslogan de las patronales que repiten como loros los políticos capitalistas.
El “diálogo social”
Desde el Frente Amplio y el PIT-CNT se instaló el llamado “diálogo social”, tras la derrota del plebiscito de la seguridad social contra el cual se pronunciaron tanto el Presidente Orsi como la vice Carolina Cosse. El “diálogo social” es una especie de premio consuelo por este posicionamiento a favor de las grandes empresas y las AFAP. En realidad, funciona como un mecanismo para pactar el mantenimiento de los aspectos centrales de la reforma, más allá de retoques parciales. Se invita a los sindicatos a participar de la operación maquillaje a Frankenstein.
El resultado de tal pacto, al cual el PIT-CNT fue sin convocar a la más ínfima movilización popular, no podía ser otro que mantener el régimen mixto (semi privatizado), así como la edad de retiro a 65 años y las rebajas al cálculo de las jubilaciones establecidas en las sucesivas reformas de la derecha. Quien “adelante” su retiro, recibirá una miseria, por lo que “voluntariamente” los trabajadores deberán trabajar hasta los 65 o incluso más allá.
Ahora se instala otro “diálogo” para pactar políticas de “desarrollo”. El desarrollo nacional está limitado o más bien estrangulado por el pago de la deuda externa y no va a ser resuelto con más subsidios al gran capital ni exoneraciones impositivas. La dirección del PIT-CNT viene impulsando un acuerdo con la Cámara de Industrias, como supuesta salida para defender los empleos. Mientras cierran empresas y despiden trabajadores, la dirección sindical burocrática busca una plataforma común con las patronales en lugar de impulsar la ocupación de toda fábrica que cierre o despida, y un plan de lucha para llevar al triunfo a la clase obrera.
Crisis de dirección
La acción del movimiento obrero está maniatada por la política de las direcciones integradas al Frente Amplio, en particular aquellas que posan de “ala izquierda”, y que se limitan a rogar al gobierno que aplique medidas impositivas supuestamente progresistas -como un incremento del impuesto al patrimonio al 1% más rico. Ocultan que fue el propio Frente Amplio el que, en la reforma fiscal de 2008, no solamente rebajó el impuesto al patrimonio hasta casi eliminarlo, sino que también redujo el Impuesto a la Renta empresarial del 30% al 25%, y pasó los aportes patronales a la seguridad social del 12% al 7,5%. Al mismo tiempo, los subsidios a las grandes empresas aumentaron y se instalaron nuevas Zonas Francas -donde las empresas están exoneradas de casi todo impuesto. Tanto el ministro Oddone como el presidente Orsi ya decretaron la muerte de la campaña por el 1% al 1% más rico, con la que pretendían diferenciarse el PCU y el PS -al tiempo que integran el gabinete ministerial sin pena ni gloria.
La política de “diálogo social” es el eslogan que utilizan los dirigentes sindicales para contener la movilización de masas. Las luchas que estallan de todas formas quedan aisladas en el marco de esta política de conciliación de clases y subordinación sindical al gobierno.
Por otra parte, esta dirección burocrática no es poderosa, sino que a su vez está en crisis. Una muestra en este sentido fue cuando en 2022 no fue capaz de contener el movimiento por el plebiscito de la seguridad social, que fue enfrentado y saboteado tanto por “Articulación” como “En lucha” -dos corrientes ahora unidas en la lista 4198 del PIT-CNT, y que están alineadas con los sectores más abiertamente patronales del FA, desde el MPP hasta los restos del “astorismo”. El PCU intentó impulsar una “línea del medio” entre las tendencias pero fracasó, y el plebiscito impulsado por ATSS y otros sectores sindicales a su izquierda pudo seguir adelante. Sin embargo, el plebiscito fue saboteado sistemáticamente y conducido a una derrota.
Además de diversas luchas parciales que se han desarrollado en este período, la debilidad de la burocracia sindical se expresa también en las asambleas de bancarios estatales y municipales que han rechazado una y otra vez el convenio colectivo pactado por la dirigencia frenteamplista, en base a las pautas salariales establecidas por Oddone y Castillo. Ambos sindicatos son parte de la “4198”, y sus dirigentes maniatan las medidas de lucha que impulsan las bases y sectores más combativos. La dificultad para “cerrar” los convenios revela no sólo una tendencia anti-burocrática en la base sindical sino también un malestar y diferenciación con el gobierno que impulsa las pautas salariales y la política de achique de los puestos de trabajo, para impulsar tercerizaciones y trabajo precario.
Por un Encuentro de Trabajadores
La guerra imperialista tiende a sacudir todos los aparentes “equilibrios”, provocando a la vez un salto en la carestía como una tendencia a la depresión económica. En este contexto, la política de “diálogo social” y pacto sindical-empresarial está doblemente condenada: no solamente consolida las reformas neoliberales sino que además prepara nuevas quitas de derechos y conquistas. La clase capitalista carece de otra salida que aumentar los niveles de explotación de la clase obrera, atacando incluso los derechos sindicales y democráticos -es decir, se va ligando cada vez más a salidas autoritarias y fascistas.
Es necesario abrir una deliberación entre los trabajadores y la izquierda clasista, para impulsar una campaña contra la guerra imperialista y levantar un programa obrero y socialista frente a la crisis del capital. El previsible e inevitable fracaso del “diálogo social” como supuesta vía para obtener los puntos levantados en el plebiscito de la seguridad social, debe conducir a una conclusión general. Es necesario luchar por sindicatos y un PIT-CNT independientes del gobierno, lo cual implica la derrota política de la burocracia sindical integrada al Frente Amplio. Por un congreso de delegados de base del PIT-CNT. Impulsemos un Encuentro de Trabajadores y de los sectores clasistas, para abrir un camino de salida.





