Políticas

La expulsión del burócrata sindical Jorge “Fogata” Bermúdez: Una crisis en la Federación de la Salud y en el PIT-CNT

El pasado viernes 24 se realizó una asamblea general de la Federación Uruguaya de la Salud (FUS), el sindicato de la salud privada, a efectos de tratar la cuestión del convenio colectivo (que fue aprobado por mayoria). La asamblea cobró notoriedad porque en ella se produjo la expulsión del histórico dirigente de la FUS, integrante del Partido Comunista del Uruguay (PCU), que ya venía ocupando los titulares de prensa por denuncias respecto al manejo irregular de fondos sindicales por su parte así como de otros dirigentes. En las últimas horas circularon varios videos de la asamblea, en la cual Bermúdez hacía uso de la palabra entre abucheos generalizados y con gran parte de los asambleístas dándole la espalda literalmente. También se difundió un video en el que el que fuera secretario general de la FUS por tres décadas se retiraba de la asamblea tras su expulsión, entre gritos de repudio.

Bermúdez ocupó sistemáticamente cargos en la Mesa Representativa y el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, como representante de la FUS y de la corriente sindical vinculada al PCU. También ocupaba la dirección de ese partido -que integra el oficialista Frente Amplio- y llegó a participar como diputado (suplente) en el parlamento, donde se destacó por ejemplo su votación a la reforma de la salud llevada adelante durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. No se trata por lo tanto de un simple burócrata sindical sino de un dirigente político de primer orden del movimiento sindical y de la izquierda integrada al FA. La aclaración es relevante, algunas veces los dirigentes sindicales son (o se presentan como) “apolíticos”, adoptando un planteamiento más “corporativo” y “gremial”, pero la mayor parte de los burócratas de los sindicatos en Uruguay están asociados al Frente Amplio y en particular a algunos de sus partidos, como por ejemplo el PCU que es la corriente mayoritaria en el PIT-CNT. O sea que más allá de los controles (existentes o no) sobre el dirigente por parte de los organismos gremiales, se entiende que hay un control (y aval) por parte del PCU.

La larga trayectoria del “Fogata” Bermúdez (era conocido por ese sobrenombre) lo vincula a las posiciones más conciliadoras de la burocracia sindical, y a su vez se ha caracterizado por el aparateo sistemático contra las minorias que le hicieron oposición, especialmente contra los sectores más combativos del sindicato de la salud privada. Esto llegó incluso a choques muy fuertes con sindicatos de base, como el del CASMU y el de Médica Uruguaya, dos de los más grandes de la Federación, que cuestionaban a la dirección despótica de Bermúdez así como su utilización de los fondos sindicales.

Frente a la crisis de las instituciones de salud (“mutualistas”), la política de la dirección burocrática de la FUS y de Bermúdez en particular fue la de promover el salvataje de las empresas. En gran medida eso fue el llamado “Sistema nacional integrado de salud”, que aumentó los impuestos al salario para asegurar una base de financiamiento a las mutualistas. Frente a los sectores sindicales que planteaban la creación de un sistema estatal y público, Bermúdez impulsó -junto al Frente Amplio y la cúpula del Sindicato Médico- el llamado “sistema integrado” que pateó hacia adelante la crisis mutual pero no resolvió la cuestión de la calidad asistencial para la población ni mucho menos la gratuidad para la atención de los trabajadores. Menos de veinte años después de la aprobación del FONASA y el SNIS, con el voto de Bermúdez en el parlamento, se comenzaron a producir nuevos “cracks” en el “mutualismo”, con la bancarrota y cierre de Casa de Galicia y la nueva crisis del CASMU. En todo este proceso donde hubo despidos, achiques, y cierres, Bermúdez se caracterizó por transar con las patronales y los gobiernos. Es recordado su abrazo con el ex ministro ultraderechista Salinas (acompañado del otro burócrata sindical de la salud -estatal- Martín Pereira) jactándose de que no le habían generado grandes problemas durante su mandato. Frente al cierre de Casa de Galicia, Bermúdez no levantó planteos de estatización ni de defensa irrestricta de las fuentes de trabajo, sino que aplicó una vez más la política conocida como “Plan B”, es decir, el desguace, el reparto de los socios entre diversas mutualistas y la redistribución proporcional de los trabajadores -quedando mucho en la calle. Bermúdez fue repudiado por asambleas de trabajadores de Casa de Galicia que lucharon pero no pudieron revertir esa orientación de la burocracia de la FUS.

Había muchos elementos que justificaban echar a Bermúdez -más “bombero” que “Fogata”, en su relación con las patronales y los gobiernos- mucho antes que saltaran estas denuncias. Lo llamativo es que se haya producido ahora esta crisis -impulsada justamente por muchos que fueron sus lugartenientes y lo apoyaron tantas veces frente a las denuncias y mociones de la oposición clasista. ¿Qué ha sucedido?

Según Jorge Bermúdez, entrevistado en el semanario oficial del Partido Comunista del Uruguay (PCU), las denuncias en su contra (y otros dirigentes) y el retiro de la confianza declarado por la mayoría de la dirección de la FUS ante el PIT-CNT y otros organismos obedecían “a un ataque político” (El Popular, 9/10). La publicación de la entrevista (sin comentarios por parte su partido) significa un espaldarazo al dirigente a pesar de las contundentes denuncias sobre el mal manejo de los fondos sindicales, referidos a sumas abultadas, incluyendo viáticos sin justificar por más de 700.000 pesos (en poco más de un año). La dirección del PCU permanece silenciosa frente a este escándalo.

Bermúdez afirmó que “El Consejo Central de FUS tomó la decisión por 8 votos a 7, y lo filtró a la opinión pública, particularmente a un operador político que se esconde como periodista” (se refiere presumiblemente a Eduardo Preve). El dirigente de la salud “explica” la crisis como una pelea de aparatos, mostrando cómo se le dieron vuelta varios dirigentes: “Ese ataque político lo encabezaban quienes integraban la mayoría electa en ese Congreso (de la FUS). Hay que recordar que, de 15 titulares al Consejo Central, 13 fueron electos por la plancha mayoritaria y 2 por la plancha que resultó minoritaria. De esos 13, 6 se pasaron a la otra corriente y junto con los 2 representantes de la minoría conformaron esa nueva mayoría de 8” (El Popular). A qué obedeció la ruptura de la lista mayoritaria, es algo que no informa Bermúdez. Tampoco esos seis dirigentes que se le dieron vuelta al “Fogata” explican por qué lo apoyaron tan recientemente, ni por qué ellos avalaban los balances -junto a la comisión fiscal de la Federación. ¿Recién se dieron cuenta de los manejos turbios con los fondos sindicales? Ahora se conformó una nueva (y ajustada) mayoría, sumando dos votos de la antes minoría que era aparateada y destratada por el Fogata y muchos de sus sostenedores. La nueva mayoría se despega del escándalo de los viáticos y gastos sin boleta, pero no de la política de conjunto aplicada por la FUS frente a las crisis de las instituciones de salud, los despidos, los bajos salarios que perciben los trabajadores.

La expulsión de Bermúdez se produce en el marco de una crisis y pugna entre aparatos sindicales a nivel del PIT-CNT. Al final del gobierno de Lacalle Pou se produjo una ruptura entre el PCU y la corriente Articulación (vinculada al ala derecha del FA). Tanto “Articulación” como “En Lucha se opusieron al plebiscito por la seguridad social y en particular a la eliminación de las AFAP, esta fue la razón principal de la crisis del aparato burocrático. Luego en el último congreso del PIT-CNT, Articulación y En Lucha armaron una lista común (la 4198) que quedó segunda en la votación de los delegados sindicales. Esta misma semana, ese acuerdo coyuntural pegó un salto y se convirtió en permanente. La lista 4198 se ha proclamado como un bloque o corriente permanente. La 4198 ha tomado distancia respecto a declaraciones de Marcelo Abdala (presidente del PIT-CNT, y del PCU) que señaló que en el presupuesto votado por el gobierno del FA hay elementos de “continuismo” respecto a la política ecónomica de Lacalle Pou. La 4198 aparece más alineada aún con el gobierno de Orsi-Cosse y Oddone. Está por verse si la referencia de Bermúdez a “operaciones políticas” refiere a esta lucha intestina entre aparatos, en el FA y en el PIT-CNT.

Lo cierto es que en el marco de una crisis en principio en la dirección y la super estructura sindical, ha irrumpido un movimiento por abajo. La asamblea que era convocada en principio para tratar un tema salarial pasará a la historia por las mociones de expulsión de Bermúdez y otros dirigentes, y otras resoluciones que se adoptaron que cuestionan a muchos de sus lugartenientes. La asamblea decidió que se hagan las denuncias penales sobre los faltantes, que quienes integraron las comisiones fiscales no puedan ocupar en el futuro cargos sindicales, y también se reclamó la participación de la minoría combativa en todas las comisiones e instancias del sindicato.

La expulsión del “Fogata” muestra que la burocracia sindical no es inamovible, y en ese sentido puede vigorizar las tendencias combativas, si estas mantienen independencia frente a los aparatos subordinados al gobierno y conciliadores con las patronales. Debería reclamarse a la dirección de la FUS la convocatoria de asambleas y un congreso extraordinario para debatir una salida a esta crisis. Por una FUS de lucha y por un PIT-CNT independiente del gobierno

Rafael Fernández

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