Se ha instalado una crisis política en torno a la posible renuncia del vicepresidente de la República, como consecuencia de faltas “éticas” según el fallo del Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio. Es consecuencia de una disputa entre el astorismo y el mujiquismo por el control del gobierno y por la sucesión presidencial en 2019.
La caída del apoyo al FA en las encuestas, que la derecha es incapaz de capitalizar, muestra un gran malestar de la población con todos los partidos políticos, que están ahora votando en el parlamento una ley presupuestal que posterga las necesidades populares y profundiza el ajuste fiscal.
El trasfondo es la crisis capitalista, que está provocando cierre de empresas, despidos, envíos al seguro de paro, quita de conquistas sindicales. Tanto los gobiernos centro-izquierdistas como los de derecha impulsan el ajuste contra los trabajadores. La reforma laboral aprobada por el gobierno golpista de Brasil desnuda el programa anti-obrero de la oposición patronal de blancos y colorados, que se referenció en Temer y en Macri.
Tabaré Vázquez, Nin Novoa, Mujica, han votado en el Mercosur con los gobiernos reaccionarios de la región (Argentina, Brasil, Paraguay) la suspensión de Venezuela, lo que constituye un espaldarazo a la derecha que impulsa una salida golpista reaccionaria en aquel país. Es una muestra más de los vasos comunicantes entre la centro-izquierda y la derecha, ambas serviles al imperialismo y el gran capital.
Frente al fracaso de los gobiernos mal llamados “progresistas” la salida no es por derecha, como queda claro en las experiencias de los países vecinos. Sólo la clase obrera puede abrir una salida, levantando un programa independiente de las distintas variantes burguesas y ajustadoras. Por un plan económico de los trabajadores para reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, a partir del no pago de la deuda externa y la nacionalización de la banca sin indemnización, por la eliminación de las Afaps, por la nacionalización de la tierra y demás recursos naturales, prohibición de los despidos, salario mínimo de $ 36.000. Que la crisis la paguen los capitalistas. Preparemos la lucha por un gobierno de trabajadores.
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