El año 2017 comenzó con un gran ajuste anti-popular.
El gobierno aumentó el impuesto a los sueldos, y aplicó una suba en el combustible y en las tarifas públicas. Se calcula que recaudará 335 millones de dólares por la suba de impuestos, y unos 500 millones más por el tarifazo.
El ajuste está destinado a dar garantías a la banca usurera de que seguirá cobrando la deuda externa.
El gobierno venía anunciando una catarata de “inversiones” extranjeras, como supuesta tabla de salvación. Sin embargo, todas ellas vienen diluyéndose como puro humo. Tras el cierre de empresas (Fripur, Fanapel, y tantas otras), se vienen cayendo también las “mega-inversiones” (primero Aratirí y el “Puerto de Aguas Profundas”; luego la regasificadora; ahora incluso la nueva planta de UPM). Se suman a una serie de retrocesos como el de ANCAP y el cierre de Pluna (y Alas U).
Con el ajuste, no sólo están metiendo la mano en el bolsillo popular: además imponen un sacrificio inútil. El ajustazo profundiza la recesión, por lo que será seguido de nuevos impuestos, tarifazos y rebaja del salario. La política del gobierno conduce a una vía muerta.
Para abrir una salida real, los trabajadores debemos levantar una estrategia propia. En el año del 100° aniversario de la revolución rusa, está más vigente que nunca la lucha por un programa anti-capitalista y por un gobierno de trabajadores.
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