Cotravi: “Normalidad” las pelotas

La cifra del desempleo en Uruguay alcanzó el 10,5 % en febrero, el porcentaje más alto en 12 años. Esta cifra es anterior al envió masivo al seguro de paro y despidos producidos por el efecto Covid. Mieres, el ministro de Trabajo no se anda con rodeos “Lo que tenemos por delante es una situación de crisis profunda y aguda” (Ecos 19/4). Los envíos al seguro superan los 120 mil, pero en la economía informal los datos son sólo estimaciones, rondan los 400 mil trabajadores en situación de desempleo. En resumen, entre desocupados, cesados y subempleados, la cifra supera largo el medio millón, lo que en un mercado laboral de las dimensiones del uruguayo constituye un descalabro en regla. 

La multiplicación de ollas populares en los barrios ahora entró en un terreno de repliegue o de funcionamiento intermitente durante la semana. Sucede que las ollas se sostienen en un 99 por ciento por colaboración de otros trabajadores y pequeños comerciantes de las propias zonas. Este circuito se está agotando en modo acelerado, poniendo sobre la mesa la necesidad de un reclamo al estado como ocurriera en el pasado. 

El barrio Cotravi, ubicado al oeste del oeste, y con una tradición de lucha y organización se ha venido movilizando estas semanas. Los vecinos autoconvocados han discutido los efectos de la pandemia sobre los habitantes del barrio y alrededores. Las carencias son innumerables, pero contradictoriamente ha diferencias de otras zonas aún no había surgido una olla popular. Es que entre los pobladores no existe un excedente para donar, se vive hora a hora. El miércoles pasado se realizó un corte a la entrada del barrio. Varios medios cubrieron la medida. La plataforma de reclamos ha sido adoptada luego de una deliberación colectiva y comprende el reclamo de un subsidio de veinte mil pesos para todos los trabajadores informales, sin discriminación alguna. El realojo de los vecinos que se encuentran en una zona inundable del barrio, que esta atravesado por una cañada. Distintas construcciones se han levantado a las orillas, esas viviendas muy precarias se inundan rápidamente ante las primeras lluvias. El tercer punto del reclamo es la entrega de materiales de seguridad e higiene. Los tapabocas más burdos pueden llegar a los cien pesos, el alcohol en gel, inencontrable, cuando existe es casi un producto suntuario. Los vecinos denuncian que en su enorme mayoría no tienen derecho siquiera a la canasta de hambre de $1200 pesos promocionada con bombos y platillos porque es incompatible con otras prestaciones, como la asignación o las tarjetas Uruguay Social (mides), que tampoco cubren las necesidades elementales.

Es claro que esta realidad es general a todas las barriadas. Por eso el mensaje articulado por el presidente Lacalle debe ser combatido con vigor. Desde el estado se nos dice que vamos a una “nueva normalidad”, pero suponiendo que esto quiera decir algo, es la antigua “normalidad” la que nos llevó a donde estamos ahora. Para los trabajadores, nueva o vieja, la normalidad son las penurias, la incertidumbre, al que ahora se suma la enfermedad y el riesgo de perder la vida. 

Uruguay no es un país quebrado, las reservas del país son fabulosas. Que se proyecte la “sombra del 2002” sobre las barriadas es un despropósito. El problema no es el “déficit” sino el monopolio que los capitalistas tienen del ahorro nacional, que se utiliza para renegociar y recomprar deuda. Tampoco lo es “el gasto”, los “créditos blandos” (inexistentes) o el “financiamiento”, el problema es quien controla los recursos que crea el trabajo, si los banqueros parásitos y especuladores o los que lo crean, los trabajadores. 

Mientras desde los medios de comunicación se exalta el reparto de la miseria traficándola como “solidaridad”, los socialistas debemos oponerle un programa a todo ese armado. Si toda nuestra perspectiva queda encerrada en sostener las ollas en base a colectas, la burguesía se va a seguir lavando las manos. Hay que arrancar al Estado y grandes cadenas los alimentos, las instalaciones para los comedores y los materiales para protegernos del coronavirus. 

Esta es una batalla por una salida colectiva, para que no le falte a nadie un plato de comida, debemos actuar contra el Estado capitalista, y que la única y definitiva erradicación de la pobreza vendrá de una verdadera transformación social y el gobierno de trabajadores. 

El Oeste esta movilizado. Llamamos a todo los militantes, organizaciones y trabajadores en general a rodear las acciones que se van a seguir sucediendo. 

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Camilo Márquez

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