A muy pocos días del comienzo de la 61º edición de la Biennale Di Venezia, uno de los eventos más importantes e influyentes de la escena artística global ha dado de qué hablar en la última semana. La dimisión conjunta de todo el jurado internacional sacudió no solo a los directivos locales sino que generó dudas, debates y rechazos acerca de la dicotomía arte/política.
El jurado internacional conformado por: Solange Farkas, Zoe Butt, Elvira Dyangani Ose, Marta Kuzma y Giovanna Zapperi dimitió sin dar mucha explicación pública en detalle.
Sin embargo, se adjudica esta decisión, a por un lado, la reincorporación del pabellón de Rusia quien no participaba en la Biennale desde el 2022 por la guerra con Ucrania y por el otro, considerar para los premios a los países que están denunciados por crímenes de lesa humanidad como Israel.
Este rasgo ético del jurado ha puesto en evidencia las propias divisiones internas del gobierno italiano. La decisión de que la Federación Rusa vuelva a participar de la Biennale ha generado no solo el rechazo de Alessandro Giuli -Ministro de Cultura Italiano- quién afirmó que no va asistir a los eventos previos ni a la apertura del evento sino también el pedido de renuncia de algunas figuras del Consejo Directivo como Tamara Gregoretti cercanas a Piettrangelo Buttafuoco -Director de la Biennale-.
Buttafuoco, fiel defensor de la participación de la Federación Rusa y de la independencia de la institución ante situaciones políticas, pareciera que olvidó las amenazas de la UE en 2024 sobre quitar un porcentaje de las subvenciones que recibe la Fundación si Rusia participaba. Buttafuoco sostiene que el arte no debe excluir a nadie y defiende “la oportunidad de brindar un diálogo artístico a países como Rusia, Ucrania, Israel, Palestina o Irán”. (RTVE 30/04/2026)
Pero no todo es acerca de la Federación Rusa. El motivo de la dimisión del Jurado Internacional también golpea a Israel, denunciado por diferentes organismos de Derechos Humanos y repudiado por gran cantidad de países por el genocidio que está llevando adelante al pueblo palestino. El pabellón de Israel está representado por el escultor Belu-Simion Fainaru, quien lejos de posicionarse en contra del genocidio, se ha abanderado en el ataque de racismo y exclusión a su persona. Ni él, ni su escultura a presentar rechazan la limpieza étnica llevada adelante por el país al que representa.
Al silencio y a la complicidad por parte de los directivos y el gobierno italiano, se imponen las respuestas del sector artístico. Es el caso del colectivo ANGA (Art Not Genocide Alliance), quienes presentaron en octubre del 2025, al igual que en 2024, una carta al Presidente de la Fundación firmada por al menos 200 personas en las que se incluyen artistas, curadores y trabajadores de la Biennale, en contra de la participación de Israel y de la complicidad con el genocidio.
A pesar de esta petición, es claro que la directiva de la Biennale se mantuvo firme en su posición de neutralidad política, defendiendo a capa y espada la participación de un estado genocida bajo la excusa de que “el arte no debe excluir ni censurar a nadie”. Para Buttafuoco y el gobierno italiano, poco importa el secuestro, la persecución y asesinato de periodistas, artistas y curadores palestinos o la destrucción -por parte de las fuerzas sionistas- de museos, galerías, patrimonio artístico, escuelas, centros culturales y espacios destinados a defender, promover, difundir, exhibir y preservar el patrimonio del pueblo palestino.
Es evidente que las posiciones sobre mantener el pabellón de Israel, no son las mismas frente a la exclusión de la Federación Rusa por parte del gobierno italiano. El Partido Demócrata habilitó un petitorio en el sitio change. org en contra de la participación rusa logrando 7 mil firmas, denunciando que “la cultura no puede servir para encubrir una agresión”. (Infobae 17/3/2026).
Pero al parecer, si puede encubrir un genocidio.
La dimisión por parte del jurado internacional no recae en una responsabilidad meramente administrativa, por el contrario, trae consigo un debate histórico acerca del rol que deben asumir las instituciones artísticas y sus directivos en tiempos de guerras, persecuciones y genocidios. Desde su fundación en 1893, la Biennale Di Venezia aspira a ser —y debe seguir siendo— un espacio de tregua en nombre del arte, la cultura y la libertad artística (El País 30/04/2026) Sin embargo, esta posición contiene una contradicción en sí misma… ¿Qué libertad artística puede tener el pueblo palestino si no existe la libertad de habitar su propia tierra?
El silencio apático de quienes presiden la Fundación y las instituciones artísticas, han dejado en claro los criterios que defienden y qué concepciones del arte sostienen. Por el contrario, la defensa del arte como campo de disputa y herramienta de denuncia debe ser primordial para quiénes defendemos el arte al servicio de la sociedad.
El arte tiene la tarea insustituible de comprender y reflejar las barbaries del imperialismo.
Belén Duaca
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