Abajo la escalada estadounidense contra Irán

La tensión entre Irán y Estados Unidos aumenta con el paso de los días. Al envío de un nuevo buque de guerra por parte de Washington y un sistema de defensa antiaérea, se sumaron esta semana los trascendidos de un preparativo de despliegue militar que ha encendido las alarmas. The New York Times publicó que el Pentágono había discutido ya un plan que contemplaba el envío de hasta 120.000 efectivos a Oriente Próximo si Irán aceleraba su desarrollo de armamento nuclear. Aunque el presidente estadounidense lo desmintió, no descartó que Estados Unidos pudiera echar mano a tal expediente.

A este clima se agrega la denuncia de Arabia Saudita de un ataque contra un oleoducto ubicado en su territorio y el sabotaje sufrido por dos barcos petroleros en aguas de Emiratos Arabes. El dedo acusador fue dirigido contra el régimen de Teherán.

Este despliegue militar es la culminación de una escalada yanqui que no ha cesado de crecer desde la retirada de Estados Unidos del acuerdo de nuclear con Irán. El Departamento de Estado anunció la designación como grupo terrorista de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, el principal cuerpo armado de Teherán. La designación supone un salto cualitativo sin precedentes: por primera vez, el Departamento de Estado designa a las Fuerzas Armadas de un país en su conjunto como grupo terrorista. Washington, asimismo, apretó aún más las clavijas a Teherán al poner fin a la exención que permitía, pese a las sanciones, que países altamente dependientes del petróleo iraní como India, Turquía y China importasen crudo del país persa. Este es un golpe muy fuerte a las vías de sustento de Irán, cuyos ingresos principales dependen de la venta del crudo. Tampoco escaparon a las sanciones económicas las exportaciones de acero, que le siguen en importancia a los hidrocarburos.

Junto a la avanzada militar en aguas del golfo Pérsico, la Casa Blanca atacó el corazón del acuerdo de no proliferación nuclear, al anunciar que no permitiría a Irán enriquecer uranio o transferir uranio enriquecido a cambio de uranio natural, actividades permitidas, ambas, por el acuerdo firmado con Obama.

Europa

La ofensiva norteamericana se entrecruza con el escenario de guerra comercial. Las represalias económicas contra Irán son un tiro por elevación contra las potencias europeas. Las sanciones incluyen la denegación de acceso a los mercados financieros estadounidenses para cualquier empresa que haga negocios en Irán y el bloqueo de las importaciones o exportaciones de múltiples bienes como el petróleo, metales preciosos o las manufacturas.

Esto supone un duro golpe para la Unión Europea, porque sus empresas ya habían empezado a invertir en Irán. La europea Airbus había pactado fabricar cien aviones para la principal aerolínea iraní por valor de 20.000 millones de dólares. De igual manera, el fin de las sanciones para el sector automovilístico se tradujo en contratos con Peugeot, para inversiones de 400 millones de euros en una joint-venture (emprendimiento conjunto), o con Renault, para aumentar en un 75% sus exportaciones al país asiático. La petrolera francesa Total acordó inversiones en el sector energético iraní por valor de 2.000 millones de euros, en aras de aprovechar el enorme potencial petrolífero de Irán. La retirada de sanciones económicas abría para Europa un mercado de 80 millones de personas, privilegiado por su cercanía geográfica y su potencial de crecimiento.

Sin embargo, la decisión de Trump de romper el acuerdo nuclear en 2018 ha llevado al filo del abismo esta nueva era de relaciones europeo-iraníes. Es necesario tener presente que el control norteamericano del sistema de transacciones financieras internacionales impide que las empresas europeas comercien con las iraníes. El comercio global se desarrolla a través de telecomunicaciones financieras entre bancos. Las organizaciones encargadas de este sistema -fundamentalmente, la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, en sus siglas en inglés)- están ubicadas en Estados Unidos.

La tentativa de la Unión Europea por desafiar esas sanciones, creando un nuevo sistema de transacciones internacionales europeo, de forma independiente a los canales controlados por Estados Unidos, no ha logrado revertir la situación. Las multinacionales del Viejo Continente, que tienen negocios en Estados Unidos, no se arriesgan por miedo a las multas que sus filiales podrían sufrir en suelo norteamericano.

Lo cierto es que esta represalia norteamericana viene teniendo un efecto demoledor en sólo unos meses. La producción de petróleo ha caído de 2,5 a 1,1 millones de barriles al día. De pasar de crecer un 7% en 2017-2018, el PBI va a contraerse un 5% en 2018-2019, de acuerdo con los pronósticos del Fondo Monetario Internacional. La inversión europea se ha batido en retirada: Airbus, Renault, Peugeot, Siemens, las navieras Maersk y MSC, British Airways, Total y la mayoría de grandes empresas europeas ha cancelado sus inversiones, con pérdidas millonarias para la economía del Viejo Continente.

El régimen iraní ha reaccionado emplazando a los gobiernos europeos a cumplir sus compromisos y que se desmarquen de Estados Unidos, y hagan realidad el mecanismo para sortear las sanciones impuestas por la Casa Blanca. Más allá de represalias menores ya tomadas, el Consejo Supremo anunció medidas de mayor envergadura en un plazo de 60 días, en caso de que no se modifique la situación: empezar a enriquecer uranio por encima del porcentaje de pureza establecido en el acuerdo y paralizar el rediseño de la central de Arak (cuyo reactor de agua pesada se desmanteló tras el acuerdo por el riesgo de que sus residuos se utilizaran para obtener plutonio). El ultimátum iraní ha dado lugar a una advertencia de los líderes europeos de que eso podría traer aparejadas sanciones del Consejo de Seguridad. Aunque el gobierno persa está tratando de hacer malabarismos, el frágil equilibrio que aún se mantiene alrededor del acuerdo podría terminar de romperse. Lo cierto es que la falta de avances ya está haciendo que Teherán busque recostarse y estrechar sus vínculos con Rusia, China y Turquía.

Trump y su frente interno

Hay quienes han señalado que, 16 años después, estaría abriéndose paso una nueva invasión como fue la de Irak. Pero no se puede perder de vista que la intervención militar en Afganistán, que se prolonga hasta el día de hoy, hace aguas por todos lados y que Estados Unidos viene de un fracaso estrepitoso de su incursión en territorio iraquí. Para lograr la expulsión del Estado Islámico, el gobierno norteamericano no tuvo más remedio que apoyarse en Rusia e Irán, quienes lograron afianzar su presencia política en la región. Un ataque puede terminar siendo una aventura y eso pesa en los círculos del poder norteamericano. Por lo pronto, estas vacilaciones pueden verse en Venezuela, donde la Casa Blanca si bien ha dicho que todas las opciones están abiertas, no se ha decidido por una invasión, que podría desatar una reacción popular imprevisible en América Latina.

La arremetida de Trump contra el régimen iraní, lo mismo que contra el régimen venezolano, responde no sólo al escenario internacional sino que apunta a su propio frente interno. El magnate necesita exhibir éxitos en materia de política exterior que logren compensar sus problemas crecientes dentro de sus fronteras, donde la recuperación económica basada en los incentivos fiscales empieza a agotarse y la guerra comercial desatada con China empieza a convertirse en un búmeran, con encarecimiento de precios al consumo, aumento del costo de los insumos importados y cierre de mercados.

Esta ofensiva en desarrollo tampoco puede disimular la improvisación en la política exterior que reina en la administración Trump, como coinciden en destacar diferentes analistas.

Irán

El conflicto internacional en desarrollo tiene repercusiones internas en Irán. El colapso del acuerdo nuclear está provocando un debilitamiento del gobierno, encabezado por el ala moderada y reformista encabezada por el primer ministro Hasán Rohaní. En este cuadro, hay analistas que advierten que el fracaso del acercamiento con Occidente, va a dar aliento a las fracciones populistas y nacionalistas, opuestas a la gestión actual. Pero esto podría ir más lejos y escaparse de las manos y desencadenar una irrupción popular, con más razón ahora que estamos en medio de un renacimiento de la primavera árabe, con los levantamientos en Argelia y Sudán. Y la onda expansiva que vienen produciendo.

Un aviso de ello fue la explosión popular de enero de 2018. Esta rebelión se diferenció de los levantamientos de 2009 en aspectos importantes: su base es la población más pobre, no la clase media; las reivindicaciones económicas ocupan un lugar mayor; constituyó un cuestionamiento al régimen teocrático de los ayatollás en su conjunto, incluida la administración del gobierno “liberal” que ha provocado una gran decepción en la población. No hubo un liderazgo obrero en las protestas nombradas, pero el dato relevante es que en el último año, estamos asistiendo a una reactivación sindical.

Está claro que se están rompiendo todos los equilibrios políticos y al calor de esto, asistimos a un recrudecimiento de las guerras y las escaladas bélicas, el derrumbe de regímenes políticos y a la par de ello, de levantamientos y revoluciones. El conflicto Estados Unidos-Irán se inscribe en este escenario.

Abajo la escalada norteamericana. Llamamos a movilizarse internacionalmente para derrotar esta nueva provocación. Fuera el imperialismo y todos los regímenes reaccionarios de la región. Por la unidad socialista de Medio Oriente.

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Economista, docente en las carreras de Historia y Sociología de la Universidad de Buenos Aires y dirigente del Partido Obrero (Argentina).

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Author: Pablo Heller

Economista, docente en las carreras de Historia y Sociología de la Universidad de Buenos Aires y dirigente del Partido Obrero (Argentina).