El transporte público, cada vez menos público

Los trabajadores recibimos otro duro golpe pocos días atrás. Es que el Intendente de Montevideo, Daniel Martinez, anunció la suba del precio del boleto común en $2; a pesar de que en febrero ya había subido $1. Esto implica un aumento del % 13 en medio año.

El argumento que se da, es que hay aumento de salarios, y que el sistema es ineficiente porque lo usa poca gente para viajar en distancias muy grandes. Como siempre, la culpa es de los trabajadores; y no se plantea en ningún momento la ganancia de las patronales, que se llenan los bolsillos y logran invertir en emprendimientos como el Shopping Nuevo Centro. A pesar de esto, la ganancia parece no ser suficiente.

Las Cooperativas del Transporte salieron a desmentir a Martinez, indicándole que entre los números que manejaba para justificar la suba del boleto, no estaba incluyendo cientos de millones de pesos en subsidios que reciben las empresas por boletos gratuitos y de estudiantes, así como no estaba teniendo en cuenta el precio subsidido del gasoil. Martinez quedó en offside y quedó clara la mentira: la culpa no es de los trabajadores sino del deseo de aumentar la tasa de ganancia de los empresarios del transporte, cuyo principal exponente, Juan Salgado, no solo es íntimo amigo del presidente Tabaré Vázquez sino que además es asesor honorario en materia de transporte. Claro, ¿quién necesita un salario si mediante el lobby consigue que desde el gobierno se beneficie a su empresa para que aumente sus ganancias?

Los trabajadores necesitamos un servicio de transporte público de calidad y a precios accesibles. Teniendo casi al 30% de los trabajadores ganando menos de $14.000, es una locura pensar que podrá pagarse el boleto de ida y de vuelta a su trabajo durante 20 días al mes, dejando el 10% de su salario en boletos, y eso sin contar cualquier otro tipo de viaje que pueda tener que realizar. El problema es que se está planteando un servicio público que debería estar organizado en función del cumplimiento de las necesidades de los trabajadores; como un servicio cuasi monopólico que significSebastián Aguerrea una ganancia extraordinaria para un pequeño grupo de empresarios que lucran con la necesidad de la gente de movilizarse. Las excusas de que el sistema está muy extendido y que los trayectos son muy largos tampoco es válida; en primer lugar porque los trayectos los traza la propia IMM mediante arreglos con las empresas transportistas; y en segundo lugar, porque los trabajadores no tienen culpa de vivir en la periferia de la ciudad; hacia donde son expulsados por la especulación inmobiliaria y la depreciación del salario.

Nos están metiendo un ajustazo y nos están diciendo que es nuestra culpa, mientras Salgado y compañía se llenan los bolsillos y se embarcan en proyectos millonarios. El transporte público debe estar en manos del estado y ser gestionado por los trabajadores. Solo así tendremos un transporte eficiente y accesible; donde los trabajadores no viajen como ganado ni sean dejados incomunicados con el resto de la ciudad por vivir en donde se pueden permitir. Hay que eliminar el lucro del transporte y reorganizarlo sobre nuevas bases, las bases de la clase trabajadora.