Brasil: más de 1000 instituciones educativas fueron ocupadas

La cámara de Diputados brasileña se apresta a votar, el 25 de octubre, el paquete de ajuste presentado por el presidente Temer y denominado PEC 241, que establece el congelamiento del gasto público por dos décadas, en conjunto con otros recortes sociales. La medida ya fue aprobada en una primera instancia en Diputados, pero al tratarse de una reforma constitucional requiere de dos votaciones favorables en cada cámara.

Se trata de un ajuste realmente draconiano. Algunos economistas estiman que, de avanzarse en toda la línea, el porcentaje de gasto público caería en 20 años de un 40% a un 25% del PBI.

Con un impacto particular en las áreas de salud y educación, el tratamiento del paquete ya ha despertado “protestas en todo el país, con la ocupación de escuelas y universidades y el bloqueo de avenidas en 11 estados” (Página 12, 25/10)

Levantamiento educativo

La movilización estudiantil y docente ha sido espoleada, a su vez, por el rechazo a la “Medida Provisoria (MP) 746”, una reforma educativa impuesta por decreto del presidente Temer, en la que se eliminan asignaturas como artes, educación física, sociología y filosofía y se extiende el turno integral.

Más de 1000 instituciones educativas fueron ocupadas, según informó la União Brasileira dos Estudantes Secundaristas (UBES): cerca de 960 escuelas y de 50 universidades. El grueso del movimiento se encuentra en el Estado de Paraná, con 850 escuelas y 14 universidades tomadas.

Un conflicto general

El lanzamiento de la reforma antieducativa da cuenta de un plan integral de ajuste que supera con creces la reforma constitucional.

Como afirma Osvaldo Coggiola, “El PEC es solo el caballo de Troya de las reformas laboral y provisional, la primera destinada a provocar una caída histórica del valor de la fuerza de trabajo, y la segunda a poner bajo control y exploración privada los ‘salarios indirectos’ recibidos por el trabajador durante toda una vida; reformas sin las cuales el PEC no pasará de una hoja de parra (o de papel higiénico), como han enfatizado los editores de los principales medios de comunicación (patronales)” (blogdaboitempo.com.br, 18/10)

El gran capital no da respiro, a pesar de que ha recibido jugosos beneficios, como una mayor apertura a los privados en la explotación petrolera y la exclusión de cualquier techo al pago de la deuda externa, en contraste con el gasto público.

El golpista Temer juega su suerte en la capacidad para profundizar el ajuste iniciado por la tumbada Rousseff. A pesar de contar con un parlamento amigo de la “austeridad”, acumula obstáculos en el camino: a su bajísima popularidad se suma el creciente rechazo al régimen político, expresado en la alta abstención en los recientes comicios municipales.

Ante todo, Temer encuentra del otro lado una movilización creciente del pueblo brasileño contra sus políticas. Está planteada una lucha para que se vaya el gobierno golpista, que abra el camino a una salida de los trabajadores a la crisis brasileña.

Tomás Eps