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“O governo Temer acabou”

La última delación de la saga de alcahueterías que ha invadido a Brasil desde hace dos años, puede poner fin al gobierno de Temer. Una consultora política, citada por el diario Valor Económico, observa que la renuncia del magistrado de la delincuencia sería “un factor de acortamiento de la crisis”. Para el ‘establishment’ brasileño e internacional es una razón poderosa para que sea destituido.

Lo que acosa a la clase capitalista no son las revelaciones de los desfalcos. Estas denuncias fueron promovidas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Nunca hubieran tenido lugar si no sirvieran al interés de los grupos económicos, especialmente norteamericanos, que estuvieron buscando quebrar el monopolio operacional de Petrobras en la explotación de los yacimientos “pre-sal” y fulminar al no menos fuerte del trío de la construcción –Camargo Correa, Andrada Gutierrez y Odebrecht–, que se quedaron con más de la parte del león en obras de infraestructura desde Cuba hasta Argentina, pero especialmente en Perú y Brasil. La riña capitalista se ha puesto más brutal desde que Odebrecht ha logrado que los acuerdos de delación de sus ejecutivos vengan acompañados de la continuidad de las obras y licitaciones comprometidas con el Estado. De tal modo que, aunque el gobierno del trásfuga Temer y el Congreso imponen con rigor las contrarreformas laborales y previsionales, la pendencia inter-capitalista sigue acosando al sistema político en el terreno palaciego.

Lo que cambia con la revelación del grupo JBS no es que compromete a Temer en un delito ejecutado en el marco de su mandato, y por lo tanto causal de juicio político y destitución. La delincuencia ‘institucional’ de Brasil podría lidiar con esto también. El cambio de escenario lo ha introducido la última huelga general en Brasil, sin precedentes en su historia, y el nivel de movilización que la acompañó. Por eso es que ahora hay que ‘acortar’ la crisis. En un editorial, el mismo Valor, comprado hace unos meses por el pulpo mediático O Globo, señala que “ya hay inquietud en las calles”. Advierte que el movimiento popular más dinámico, el Movimiento Sin Techo, se encuentra ocupando las principales avenidas para reclamar que se vaya Temer. Esto podría ser logrado enseguida con un llamado a otra huelga general. El diario informa que incluso el Movimiento Brasil Libre, de derecha, que impulsó la destitución de Dilma Roussef, está reclamando lo mismo por medio de las redes sociales y bocinazos. En la bolada contra Temer ha caído el jefe del partido opositor al anterior gobierno Dilma-Temer –pero hoy oficialista–, Aécio Neves, que ya presentó la renuncia. Si la delincuencia política de Brasil no se apura en tomar decisiones, tendrá que confrontar con un 19 y 20 de diciembre.

Una vacante de Temer debería ser llenada por un presidente elegido por la Asamblea Legislativa o por elecciones directas si antes se aprueba una enmienda constitucional. Las directas podrían ser gatilladas también por medio de una condena, por sobornos, contra la fórmula Roussef-Temer, en 2014 – lo que obligaría a la renuncia del usurpador de la Presidencia. En este caso, la delincuencia política brasileña debería empeñarse en encontrar a un Emmanuel Macron ‘crioulo’, pero también lograr que se baje Lula a cambio de concesiones legales.

La interpretación que el gran capital le ha dado a la crisis no deja lugar a confusiones. La Bolsa bajaba más de un 10% al mediodía del jueves 18 y la Comisión de Valores suspendía la negociación de títulos públicos. El gran derrumbe. Otros, como ocurrió con los propios denunciantes de JBS, apostaron a la baja del real en cuatro plazas financieras internacionales, para sacar beneficios monumentales de su propia delación. El capitalismo exuda sangre y barro por todos los poros.

 En este marco de crisis por arriba, toda la responsabilidad recae ahora en las direcciones del movimiento obrero, que mostraron hasta el momento, en todas las etapas, una férrea conciencia de que la envergadura de la crisis podía hundir al régimen político brasileño, que les ha dado de mamar. Los Lula y Dilma y la burocracia sindical son el obstáculo para una victoria de las masas contra sus peores explotadores.

Jorge Altamira

Dirigente histórico del Partido Obrero (Argentina)

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