
Zelensky desecha el acuerdo sobre minerales.
Estados Unidos anunció a principios de mes que había llegado a acuerdos por separado con Rusia y Ucrania para un alto el fuego limitado contra objetivos energéticos, y posteriormente que ambas partes se encaminaban a negociar un “silencio de armas” en el Mar Negro. Moscú y Kiev no han tardado en acusarse mutuamente de continuar los ataques contra instalaciones energéticas en las semanas posteriores.
Trump durante el fin de semana dijo que está “enojado” con Putin después de que el líder ruso sugiriera que Zelensky debería ser reemplazado para establecer un gobierno de transición en Ucrania antes de un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra. Una “elección presidencial democrática” que, según Putin, “daría como resultado la llegada al poder de un gobierno competente” cita Forbes. El enojo de Trump podría interpretarse como una “apuesta” de Washington por mantener a Zelensky en el poder. “Si Rusia y yo no logramos llegar a un acuerdo para detener el derramamiento de sangre en Ucrania, y si creo que fue culpa de Rusia… voy a imponer aranceles secundarios al petróleo, a todo el petróleo que salga de Rusia”. Esta es la segunda exportadora de petróleo del mundo, China e India compran alrededor del 80% de sus exportaciones de crudo. La amenaza de Trump tiene nombre y apellido. “El presidente de Estados Unidos lanza un ultimátum a Rusia” título sin rodeos el periódico Kommersant de Moscú.
En la misma entrevista, Trump advirtió a Zelensky: “Está intentando retirarse del acuerdo sobre tierras raras y, si lo hace, tendrá problemas, grandes, grandes problemas” (Reuters 31/3).
Según recogen medios ucranianos, en la nueva versión del acuerdo sobre minerales EE.UU pretende no solo la extracción de tierras raras, sino todos los minerales de Ucrania. Además de la infraestructura asociada, prevé su control ilimitado y el derecho de veto sobre su extracción. Al mismo tiempo, no ofrece ninguna garantía de seguridad, y prevé que dicho monopolio debe ser un “pago” por la asistencia estadounidense ya prestada a Ucrania. “El texto que vi era absolutamente HORRIBLE. Los 18 capítulos… Esto ya no es un memorando marco de intenciones (que existía antes de la escandalosa reunión en el Despacho Oval). Es un acuerdo realmente amplio y muy claro. Y no nos favorece”, escribió en Telegram el diputado Yaroslav Zheleznyak. El Fondo sería administrado por cinco personas, tres de las cuales serán de Estados Unidos y gozarán de pleno poder de veto; Se incluyen todos los minerales, la producción de petróleo, gas y depósitos no desarrollados de toda Ucrania; comprende a la minería realizada tanto por empresas públicas como privadas; El dinero del Fondo será inmediatamente convertido en moneda y llevado al exterior. El acuerdo tendrá una validez indefinida. Estados Unidos tiene derechos primarios sobre todos los nuevos proyectos de infraestructura y poder de veto sobre la venta de recursos a otros países. “No puedo imaginar cómo esto podría ser ratificado por el Parlamento”, añadió Zheleznyak.
“Parece que Ucrania libró una guerra con Estados Unidos, perdió, fue capturada y ahora tiene que pagar reparaciones de por vida”, dijo un funcionario ucraniano al Washington Post. En contraposición, Scott Bessant, secretario del Tesoro y redactor del texto, señaló que se trata de un “documento terminado” al que llamó “asociación económica” (NZ.ua). “Hemos entregado un documento final sobre la asociación económica, que actualmente está siendo revisado por los ucranianos, esperamos pasar a las discusiones plenas y quizás incluso conseguir las firmas la próxima semana” dijo a Fox News. Zelensky adelantó que no reconocerá como un préstamo la ayuda estadounidense ya proporcionada a Ucrania, lo cual lo deja parado en el filo de la navaja más que nunca. La hipótesis más probable es que los términos extremos del documento busquen deliberadamente la negativa ucraniana y tener así un pretexto para cortar la asistencia militar. Si Zelensky cede y firma, aún debe convencer a la Rada para que ratifique el acuerdo, lo que sería su suicidio político. “Forzado a mover” Zelensky se encuentra en una situación bautizada como de “Zugzwang”, un término alemán que en ajedrez describe al jugador que tiene la obligación de realizar una jugada y en donde cualquier movimiento disponible perjudica su propia posición.
Tropas, gas
El 27 de marzo tuvo lugar en París la cumbre de la “coalición de los dispuestos”, formada por unos 30 países que prometieron apoyar a Ucrania en medio del distanciamiento estadounidense. El evento, presidido por Macron, abordó una agenda que no descarta ningún escenario: el fortalecimiento del ejército ucraniano y del complejo militar-industrial del país, las conversaciones de paz iniciadas por Washington, un posible alto el fuego y las garantías de seguridad para Kiev en forma de despliegue de tropas occidentales en territorio ucraniano después del establecimiento de un alto el fuego. Este último punto constituye un acto de guerra por sí mismo. Moscú se apresuró a manifestar su desacuerdo recelando una “intervención”. Precisamente de esto se trata: inyectar inmediatamente tropas francesas y británicas en Ucrania, en sintonía con lo que Ursula von der Leyen denominó “estrategia del puercoespín de acero”, convertir a Ucrania en un hueso duro de roer para Rusia mediante el fortalecimiento de sus fuerzas armadas y su industria de defensa.
Este programa encierra enormes amenazas debido a los costos altísimos que representan, la carga que deben soportar los presupuestos, y la guerra de clases que cada país debe emprender contra su propia población, proceder a más recortes y enfrentar la resistencia a ellos. A esto hay que agregar la incertidumbre energética que Europa había disimulado con la compra de gas licuado a Estados Unidos, pero ahora con la volatilidad de este aliado, muchos países se replantean volver al gas ruso, del que la UE planeaba liberarse completamente el 2027. Lejos de esto, Italia, República Checa y Francia han aumentado sus importaciones. Bruselas se encuentra ante un dilema, por qué renunciar al gas barato ruso lo hace más dependiente de su “errático” socio atlántico y su martillo arancelario. El terreno minado es el rasgo de toda gran crisis.
“Mientras Londres y París avanzan con sus planes militares, sus esfuerzos se han topado con la reticencia de otras potencias europeas a comprometer tropas ante la falta de promesas de apoyo de Estados Unidos.” (Washington Post 30/3). La cumbre en París no ha movido el amperímetro más allá de la declaración de intenciones, al tiempo que varios países se han mostrado reacios a proporcionar tropas para estacionarlas en Ucrania, cualquiera que sea su emplazamiento. Polonia, un actor clave por el tamaño de su ejército y por cercanía ha declarado que proporcionaría apoyo logístico en lugar de sus propias fuerzas. La italiana Giorgia Meloni se ha opuesto al envío de soldados. La posición de Alemania es incierta.
Presenciamos una combinación de guerra, impases y crisis que tienen desconcertado a una mayoría de espectadores, incluida las redacciones de los medios con más ligamen al poder político de las metrópolis capitalistas.
El New York Times acaba de ventilar en un extenso trabajo la participación de Estados Unidos desde el comienzo de la guerra. El vasto artículo detalla con pelos y señales el contubernio del alto mando estadounidense con los oficiales ucranianos que operaba en la base que Estados Unidos tiene en Wiesbaden, al sureste de Alemania, desde donde el ejército estadounidense suministraba información satelital para que su aliado golpeara las posiciones rusas (“prioridades de ataque”). El texto consigna como Biden fue corriendo sistemáticamente sus propias “lineas rojas”, suministrando armamento de mayor alcance cada vez hasta participar directamente en ataques al interior de la federación rusa.
La pretensión de Trump de sellar el fin de la guerra para el 20 de abril, no aparece en el horizonte. Una mayoría de observadores están de acuerdo en que las líneas del frente podrían colapsar pronto en beneficio de Rusia. No será el comienzo de ninguna paz, sino el preludio de un choque más violento. La guerra sólo puede ser erradicada definitivamente, enterrando al imperialismo. La clase obrera debe unirse en colaboración internacional para esta tarea.