Políticas

Articulación y En Lucha van por el copamiento del PIT-CNT: El significado de la “41-98”

El 23/10 se realizó en el Club Progreso de Montevideo un acto de la “lista 41-98”, en la que se unieron las corrientes “Articulación” y “En Lucha”, que agrupan a direcciones sindicales del PIT-CNT. Esta alianza se presentó en el último Congreso de movimiento sindical bajo el lema “Construyendo unidad”, siendo la segunda lista más votada por los congresales, por detrás de la lista impulsada por la corriente del PCU (“partido comunista”).

El acto realizado en el barrio de La Teja pone de relieve que la alianza coyuntural que se había manifestado en el Congreso -para disputar los cargos de dirección- adquiere un carácter permanente. Queda claro que se preparan para una disputa de mayor alcance y continuidad por la dirección de la central sindical.

El dirigente de COFE y En Lucha, Joselo López, abrió la oratoria señalando que “Esta alianza que estamos haciendo entre Articulación y En Lucha (…) marca un proceso en el que ojalá podamos seguir avanzando y nucleando a otras orientaciones, para fortalecer fundamentalmente al movimiento sindical” (la diaria, 24/10). Claro que una alianza no se hace para “nuclear” a todas las corrientes, sino que se realiza para disputar la conducción a los restantes agrupamientos, y en particular a quien detenta la mayoría. López marcó de inmediato su mayor proximidad con el gobierno, que según él generó grandes expectativas -eso sí, “sin locas pasiones”. Mostrándose parte del gobierno, el dirigente de COFE continuó: “si esas expectativas no las logramos concretar, se pueden transformar en desilusión. Eso es lo peor que nos puede pasar”. Cuando los trabajadores ya recorren cierto grado de desencanto y malestar, como reflejaron recientemente el paro de magisterio y las ocupaciones de los centros de formación docente, la 41-98 se plantea que esta “desilusión” es lo peor que “nos” puede pasar. Frente a algunas críticas lanzadas contra la política de Orsi y Oddone por parte de otras fracciones del PIT-CNT, y en particular por su presidente Marcelo Abdala (PCU), la 41-98 por boca de López afirma: “no estamos de acuerdo cuando se dice que hay un presupuesto de continuidad”. El presupuesto no sería continuista sino apenas “insuficiente”, y la conclusión es que “el gobierno puede y debe rendir más”.

Otra oradora, la dirigente de la Federación del Magisterio Alejandra Pereira, desarrolló según la diaria el proceso de “automatización” del trabajo, los bajos salarios y la precariedad laboral -presentadas así casi como procesos “naturales” o puramente “económicos”, y no como parte de la lucha de clases. La dirigente de la FUM propuso “que el PIT-CNT sea defensor de la clase trabajadora, pero” (¡pero!) “que tenga una mirada focalizada en los más desprotegidos, porque no hay que olvidarse que a los que no tienen voz es nuestra responsabilidad darles esa voz, trabajando para que exista un país más justo, más democrático y solidario” (la diaria). El foco en los más desprotegidos hasta parece una consigna artiguista, “pero” apunta a no ir a fondo en la lucha por el salario y los derechos de los trabajadores “más protegidos” o “que tienen voz”, con el pretexto de privilegiar el combate a la pobreza. La especie de que los más precarizados saldrían adelante sobre la base de algunas migajas financiadas por los trabajadores “no precarios”, no sólo no resiste la prueba de la experiencia histórica sino que además es el discurso hasta de un Milei, que fundamenta la liquidación del derecho laboral en nombre de que el 85% de la fuerza laboral ya es precaria. Si la burocracia sindical quiere mejorar los salarios “más bajos” en vez de tanto palabrerío podría pelear por un salario mínimo que cubra el costo de la canasta familiar. El último congreso aprobó reclamar un mínimo de 35.000 pesos (cualquiera se da cuenta que con eso no puede vivir una familia de ninguna manera, no es un salario mínimo vital)… sin embargo ni el PIT-CNT ni mucho menos la 41-98 levantan siquiera esa reivindicación -esa sí, “insuficiente”. El abandono del reclamo del salario mínimo, la dispersión y atomización de los trabajadores en decenas de mesas de negociación, la aceptación en los hechos de las “pautas salariales” de miseria del gobierno, todo eso se pretende justificar en la necesidad de “priorizar” la lucha contra la pobreza.

El origen de la lista 41

La lista 41 se formó durante el XI° Congreso (2011) del PIT-CNT a partir sobre todo de sindicatos de trabajadores estatales que no estaban en general alineados con las corrientes mayoritarias (PCU, Articulación), y que habían experimentado en carne propia los primeros gobiernos “progresistas” del FA. En 2011 particularmente se había ya atravesado una importante experiencia con el gobierno de José Mujica, que había aplicado el decreto de “servicios esenciales” contra los trabajadores municipales, y prohibido la ocupación de empresas y oficinas públicas, entre otras restricciones al derecho de huelga. En el Congreso se produjo la elección de la Mesa Representativa mediante listas (algo muy poco frecuente en esa época), formándose la lista 41 -con 7 sindicatos estatales- que emitió una declaración como “Movimiento por la Independencia de Clase del PIT-CNT”. Dicha declaración venía siendo firmada por diversos congresales y fue tomada como propia por las direcciones de los siete sindicatos que presentaron “la 41”, y planteaba “la necesidad de que el movimiento obrero levante un programa y una estrategia clara de independencia frente al gobierno”. “En todo el mundo, los gobiernos descargan la crisis capitalista sobre las espaldas de los explotados”, y “Uruguay no es la excepción”. “La crisis mundial comienza a golpear a la puerta, y el gobierno se mantiene aferrado a la política del FMI, de dar garantías a los acreedores internacionales y subsidiar a los grandes capitalistas –incluyendo a las multinacionales instaladas en zonas francas o exoneradas de impuestos a través de la ley de inversiones”. Luego de denunciar toda la política del gobierno, el documento planteaba: “Los trabajadores necesitamos unos sindicatos y un PIT-CNT con independencia política. La estrategia de las corrientes mayoritarias muchas veces subordina al movimiento sindical ante el gobierno que no respeta los derechos de los trabajadores y defiende los intereses de la banca y el gran capital. Esta subordinación se ha expresado abiertamente a través de declaraciones públicas de dirigentes contra el paro general de 24 horas hace un año, o cuando otros miembros de la dirección del PIT-CNT avalaron el decreto de servicios esenciales contra el movimiento obrero (ayer los aplicaron contra los municipales, hoy amenazan a la Salud Pública y otros trabajadores estatales). Sin independencia política, los sindicatos no pueden defender consecuentemente las conquistas y reivindicaciones de la clase obrera, ni mucho menos levantar una salida propia frente a la crisis. Algunos compañeros han planteado en documentos al Congreso que la crisis plantea la alternativa de ‘Socialismo o Barbarie’, y que el PIT-CNT debe luchar contra el capitalismo cada vez más bárbaro, por el socialismo. Estamos totalmente de acuerdo, y es por ello que debemos reconquistar la independencia de clase y la autonomía del movimiento sindical, ya que si nos subordinamos al gobierno que defiende a los capitalistas nos condenamos a la barbarie”.

En Lucha”

Las direcciones sindicales que encabezaban la 41 no quisieron impulsar una campaña hacia la base del movimiento obrero para organizar un movimiento antiburocrático y de independencia frente al gobierno. Dos años después de su lanzamiento, se encaminaron a realizar nuevas alianzas para la disputa con otras corrientes. Así se concretó primero un acuerdo con el dirigente de la bebida Richard Read, que venía de separarse de Articulación- lo que finalmente condujo a la formación de una corriente “5 de marzo”, algunos años después convertida en “En Lucha”.

Richard Read se había caracterizado por la defensa a ultranza del astorismo, al punto de hacer campaña por Astori en las elecciones internas del FA de 2009 y de haber organizado una caravana a la casa del ex ministro Lorenzo -que fue procesado por el escándalo de la venta de Pluna. La tendencia al agotamiento de los gobiernos del FA, particularmente a partir de 2018, llevó a que dirigentes como Richard Read y Valeria Ripoll pasaran a tomar cada vez más distancia del Frente Amplio, en función de un discurso “apolítico” y “gremialista”, dispuesto a negociar con cualquier gobierno. El cambio en el ambiente político y la perspectiva bastante clara de un triunfo electoral de la derecha, llevaba a sectores sindicales que se integraban en En Lucha a remarcar su “autonomía sindical”. “Me parece que está mal si se llama desde el PIT-CNT a que los trabajadores voten al Frente Amplio o a cualquier partido”, decía Read en 2018, “El movimiento sindical es clasista, no es de izquierda ni de derecha”. Un “clasismo” devaluado en “gremialismo”, opuesto a la “izquierda” (socialismo) en lugar de combatir la subordinación de la izquierda y el clasismo a la política de la burguesía (alianza de clases).

El pasaje de Ripoll desde el PCU a “En Lucha”, para terminar adhiriendo al lacallismo y como candidata a vice del derechista Álvaro Delgado, no fue más que un caso extremo en este sentido.

El plebiscito de ATSS

La reforma de la seguridad social de Lacalle Pou pasó sin una movilización consecuente que la enfrentara. La burocracia sindical del PIT-CNT se limitó a algún paro parcial aislado y alguna marcha de protesta. El Frente Amplio participó (así como el PIT-CNT) en la “comisión de expertos” creada por la L.U.C., generando un ambiente favorable a la reforma fondomonetarista y congelando la lucha popular.

En ese contexto, desde los trabajadores de la seguridad social y distintas organizaciones de izquierda tomó fuerza el planteo de impulsar un plebiscito de reforma constitucional que no solamente echara por tierra la reforma de Lacalle sino que además dejara establecidas en la constitución algunas conquistas fundamentales: derecho a jubilarse con 60 años, jubilación mínima equivalente al salario mínimo, eliminación de la jubilación privada (AFAP), impedir que se siguiera modificando a la baja la fórmula de cálculo de las jubilaciones. Este planteamiento chocó con el Frente Amplio y con las corriente de la burocracia sindical más sometidas al mismo. El PCU intentó maniobrar entre ambas posiciones, pero fracasó y no tuvo más remedio que aceptar la resolución que obtenía el apoyo de una quincena de sindicatos, en torno a la propuesta de ATSS.

La aprobación de la campaña por el plebiscito quebró la alianza del PCU con la corriente Articulación, asimilada a las posiciones más abiertamente burguesas y de derecha en el FA. Sindicatos como AEBU (bancarios) y economistas del FA atacaron públicamente el movimiento del plebiscito. Cabe señalar que en AEBU la lista burocrática mayoritaria, que impulsó la defensa de las AFAP, el aumento de la edad de retiro y la rebaja del cálculo jubilatorio, es -precisamente- la “lista 98”. Un número que se integra, no casualmente, a la “nueva” lista 41-98.

Tanto Articulación como En Lucha se opusieron y boicotearon la campaña por el plebiscito. Esa es la base de la “unidad en la diversidad”, que dio origen a la 41-98 en el último Congreso del PIT-CNT.

El “sindicato” policial

Otro eje en el que se unían estas corrientes era la defensa del “sindicato” policial. En este punto coincidieron con el PCU en los congresos sindicales y las Mesas Representativas en las que se trataban las mociones para expulsar a esa organización ajena al movimiento obrero.

El sindicato policial fue defendido por las corrientes burocráticas contra los planteos de los sectores clasistas y antiburocráticos, que señalaban que la organización policial no formaba parte del movimiento obrero, sino que organizaba a funcionarios del aparato represivo y por otra parte ni siquiera tenían derecho a realizar huelga. El “sindicato” policial se integró con unos 50 delegados en el Congreso del PIT-CNT a través de la corriente Articulación. Una importante delegación: basta tener en cuenta que la “Coordinación de Sindicatos” apenas contó con 29 delegados en el último congreso (aunque luego obtuvo 136 votos en la elección por voto secreto). A través de Articulación, el “sindicato” de los policías se integra a la lista 41-98.

También se mantuvo en En Lucha y a través de ella en la 41-98 el sindicato municipal de Montevideo (ADEOM). Un sindicato que había atravesado una crisis política brutal, primero con una mayoría autoritaria encabezada por Valeria Ripoll, que empezó a depurar a sus opositores. Primero sancionó a Anibal Varela (de la lista 307) y luego a Álvaro Soto (de la lista 1980). En el caso de Soto, la purga obedeció a que este votó por la expulsión del sindicato policial. La actual secretaria general de ADEOM y su lista fueron partícipes de todo el aparateo de Ripoll, hasta que esta derivó abiertamente hacia la derecha. No deja de ser lamentable que ADEOM -y Álvaro Soto en particular- hayan aceptado participar de la 41-98, nada menos que junto al sindicato policial por añadidura. La gran pregunta que surge es: “¿contra quién es esta alianza?”. ¿Por qué participar en un acuerdo con los saboteadores del plebiscito de la seguridad social? ¿Al servicio de qué política está una alianza con los Castellano, Gambera, Joselo López, Martín Pereira, Richard Read?

Conclusiones

El que la 41-98 no se haya quedado en un rejunte puntual en la elección de un Congreso sindical, sino que se intente proyectar como una corriente unificada, muestra el objetivo de ganar la mayoría en el PIT-CNT y desde allí controlar -desplazando al PCU u obligándolo a acordar- al movimiento sindical, en función de cubrirle la espalda al gobierno del FA.

La cuestión de la “independencia de clase del PIT-CNT” sigue planteada como tarea, y requiere la lucha consecuente contra la burocracia sindical, y la correcta caracterización del gobierno del Frente Amplio, que no es apenas “insuficiente” sino claramente “continuista” de la política capitalista y fondomonetarista, como lo indica su propia ley de presupuesto.

Rafael Fernández

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