Un hito histórico para uno de los eventos más emblemáticos de la escena artística global
Los eventos inaugurales de la 61º edición de la Bienal de Venecia, durante la primer semana de mayo, se vieron marcados por fuertes tensiones geopolíticas, renuncias y rechazos a nivel internacional, entre ellos, las agrias comunicaciones entre el Director de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco y el Ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli y la dimisión del Jurado Internacional, encargado de entregar los dos premios más significativos de la Bienal.
Incluso, la silenciosa baja por parte de la República Islámica de Irán a esta edición.
El silencio por parte de la directiva de la Bienal a las solicitudes de no permitir el pabellón Israelí generó que el colectivo ANGA llamara a una huelga y movilización para el pasado viernes 8 de mayo. Desde el colectivo sostuvieron que “la huelga rechaza la normalización de la presencia de Israel en los espacios culturales y las economías del genocidio, al tiempo que denuncia las precarias condiciones laborales que sustentan la Bienal, que reflejan la inseguridad generalizada que sufren los trabajadores culturales y la consiguiente falta de capacidad de acción para reivindicar sus derechos. Ningún artista ni trabajador cultural debería verse obligado a compartir plataforma con un Estado acusado de genocidio”.
Esta iniciativa, convocada en la Via Garibaldi -una calle muy popular de Venecia hasta llegar al pabellón Israelí en el Arsenale- estuvo acompañada por diferentes organizaciones culturales locales como Biennalocene, Sale Docks, Mi Riconosci, Vogliamo Tutt’altro y sindicatos como Associazione Difesa Lavoratori (ADL Cobas), Unione Sindacale di Base y Confederazione Unitaria di Base que tambien adhirieron.
En paralelo, un portavoz de la Bienal declaró “tales iniciativas, así como cualquier forma de huelga anunciada, no involucran al personal ni a la organización de la institución. Las actividades de la Bienal de Venecia se desarrollan en pleno cumplimiento de la normativa vigente; sus relaciones con colaboradores y proveedores se rigen por contratos que se ajustan a la ley. Por último, la Bienal de Venecia se compromete a garantizar el buen desarrollo del evento, respetando la libertad de expresión y la pluralidad de opiniones”. (The Art Newspapper 6/5)
A dicha convocatoria no solo se sumaron los reclamos de “Palestina Libre” y en contra del “Art Washing” sino también por mejoras en las condiciones salariales y de trabajo por parte de los trabajadores de la cultura y de la Bienal italiana como personal de mantenimiento y seguridad, desmintiendo el comunicado oficial.
La protesta no pasó desapercibida, los registros evidencian una gran convocatoria con banderas palestinas, pancartas, panfletos y un apoyo masivo a la huelga. A pesar de las confrontaciones con la policía donde algunas personas tuvieron heridas leves, la respuesta por parte de artistas y curadores fue de solidaridad.
El alcance de estos reclamos fue de gran magnitud ya que 27 pabellones de 99, decidieron cerrar o suspender su acto inaugural el 8 de mayo con carteles en sus puertas que decían “Palestine is the future of the world”. Como así también la biblioteca de la Bienal permaneció cerrada.
Algunos de los países que cerraron su persiana durante la jornada de huelga o durante todo el día fueron: Austria, Bélgica, España, Reino Unido, Turquía, Finlandia e Irlanda. Otros mantuvieron abierto el pabellón pero con banderas de Palestina como fue el caso del Artista Alfredo Jaar (Chile) y Tabita Rezaire (Francia) como forma de solidaridad.
Resulta relevante esta actitud ya que la toma de decisiones no se encuentra sujeta únicamente al artista o a su curador, sino que también a cargos del Gobierno oficial, tal fue el caso de España. Quien acompañó la medida suspendiendo su evento inaugural y cerrando su pabellón hasta horas de la tarde luego de que su Curador confrontara con los responsables institucionales del espacio dependientes del Ministerio de Exteriores y con la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional). (El País 8/5)
La exposición internacional de la Bienal de Venecia no puede ser entendida únicamente como un conjunto de pabellones artísticos, más bien, se debe comprender el trasfondo curatorial. La edición 61º fue titulada, por su curadora Koyo Kouoh, fallecida en 2025, “En claves menores” ó “In Minor Keys”. El proyecto curatorial y el de los artistas no está alejado de una configuración política, si bien no tematizan de forma directa o explícita las problemáticas sociales, se encuentran inscritas desde la estructura de la exposición ya que por medio de los dispositivos expositivos activan diferentes problemáticas sociales como es el caso de Austria, que por medio de la performance de Florentina Herzinger busca advertir sobre el cambio climático.
En este sentido, la postura curatorial no coincide con las de su Director -Buttafuoco-, quien en su discurso inaugural, volvió a sostener la postura sobre la neutralidad política de la Bienal alegando que “en Venecia, no se aferran a las armas, se preparan para la paz” y que “la Bienal no es un tribunal, sino un jardín de paz” (La Milano 6/5)
Pero no es solo la postura curatorial, existe un antecedente en la historia de la Bienal que los directivos parecen olvidar, o mejor dicho, eligen no recordar. La edición de 1974 estuvo presidida por Carlo Ripa Di Meana quien tomó la decisión de dedicar la exposición a Chile, que en aquel entonces se encontraba bajo la dictadura de Pinochet. Aquella edición fue atravesada explícitamente por la política en repudio a una dictadura, tal es así que desde la propia Bienal sostienen que esa “edición fue quizás la protesta cultural más grande”.
Este antecedente desmiente las posiciones de las autoridades actuales acerca de que la Bienal ha sido -y debe ser- independiente y autónoma de las cuestiones políticas y sociales. Más bien, la historia demuestra que puede ser una herramienta de visibilización ante hechos de violencia y genocidios. Está claro que posicionarse en contra del genocidio palestino no es inevitable, sino una elección meramente institucional la cual Buttafuoco defiende sin temor.
El desenlace de la Bienal de Venecia durante los próximos meses y el impacto de los hechos ocurridos ya no son exclusivos del perímetro cultural, sino de todos los que estamos en contra del genocidio al pueblo palestino, de la guerra imperialista y a favor de las mejoras salariales y de las condiciones de trabajo en el arte y en todos los ámbitos.
Belén Duaca




