El 17 de julio pasado se lanzó la plataforma Diálogo Social, en un acto realizado en el Auditorio Nacional del Sodre. Participaron el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Rodrigo Arim; el coordinador de la Comisión Ejecutiva del Diálogo, Hugo Bai; la secretaría nacional de Cuidados y Familia de Brasil, Laís Abramo; el director regional adjunto de la OIT, Fabio Bertranou; la directora de Asuntos de Género de la CEPAL, Ana Güezmes; y representantes nada menos que del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Navegar por el sitio web de la plataforma Diálogo Social resulta ilustrativo: los objetivos se centran en recorrer el país con seminarios organizados por especialistas de la academia y representantes de los organismos de crédito—, cuya “sapiencia” se traduce en la difusión de gráficos. En estos seminarios queda patente el objetivo de mantener la reforma de Lacalle Pou en todos sus términos, incluso en aquellos en los que Orsi “prometió” modificaciones insignificantes.
Desde su instalación hace ya aproximadamente tres meses no han surgido ninguna propuesta de cara a la población. Estamos ante una ficción de participación que mantiene el monopolio de cualquier decisión en la cupula del partido de gobierno y diferentes tecnocrátas, incluidos el personal dirigencial de las AFAP. El Movimiento en defensa de la Seguridad Social (MONDESS) que participó en una sesión de las reuniones auspiciadas en el mes de octubre, señaló que no recibieron preguntas ni respuestas sobre sus planteos y que no se han atendido las preocupaciones de las organizaciones sociales y sindicales.
Una enorme parte de la clase trabajadora cobra 25.000 pesos o menos, y las jubilaciones continúan sumergidas. A la fecha, no se han atendido ninguna de las demandas mucho menos algo en favor de los trabajadores. Este es, justamente, el objetivo político de esta instancia: desmoralizar y ahogar cualquier tipo de expectativa.
La experiencia mostró que el FA fue arrastrado por su base y por los sectores más combativos al plebiscito por la seguridad social, es decir se vió apremiado a plegarse a esa campaña. Esto queda patente en el hecho de que el actual ministro de economía fue uno de los 111 firmantes que llamaron a no ensobrar la papeleta del SI (los famosos “Frenteamplistas por el No”), además de las idas y venidas del propio Orsi y los cabildeos de Carolina Cosse, quienes en su momento se manifestaron explícitamente en contra del plebiscito.
El diálogo social orquestado por el gobierno constituye una estafa. Después de más de 400 mil firmas recolectadas y casi 1 millón de votos, no existe ningún otro “dialogo social” superior a ese. El resultado final del plebiscito impulsado por el PIT-CNT, el Mondess, y diferentes organizaciones de izquierda recogió una votación masiva (40%) a pesar de la contracampaña impulsada por la cúpula del FA, los partidos de derecha y una parte de la propia burocracia sindical, hoy nucleada esencialmente en la corriente 4198.
Carolina Cosse, por tomar un caso emblemático de los obstáculos que debió superar la campaña, esgrimió que el plebiscito era inoportuno porque “no existían los consensos necesarios” para la reforma. Cosse es la representante del ala que izquierda del FA que debía, en teoría, hacer contrapeso a Orsi-Oddone-Bergara. Fue impulsada entre otros por el PCU. Este es el estado desahuciado en el que se encuentra esta izquierda oficial.
El PCU cumple un papel especial en todo el asunto, pues se encuentra, como reza el dicho, en la misa y en la procesión. Dirige la central sindical al mismo tiempo que su secretario general es nada menos que el ministro de trabajo. Juan Castillo ocupa un lugar estratégico en el gobierno, siendo el ministro que debe firmar la nueva ley de seguridad social que surja de todo este montaje.
Yamandú Orsi es el garante en el mantenimiento de las conquistas reaccionarias del capital financiero y de los empresarios. Odonne no ha movido un ápice el paupérrimo presupuesto que ha elaborado para toda la administración pública, lo que significa para muchos trabajadores pérdida de salario y falta de recursos, mientras mantienen las exoneraciones de todo tipo a las multinacionales, y las zonas francas.
En este contexto, y de la mano de un nuevo gobierno del FA, se instaló este “diálogo social”, un camino hacia ninguna parte. En pocas palabras, un saludo a la bandera destinado a desviar la lucha.
Para que la crisis la paguen los capitalistas, sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas.





