Un gobierno continuista y sometido al imperialismo: La lección de las maestras

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Las ocupaciones de los centros de formación docente, la movilización de los liceales, y particularmente los recientes paros y asambleas del sindicato del magisterio, ponen de relieve el extendido malestar que existe en la clase trabajadora y en particular en el electorado de izquierda.

Las maestras no solamente respondieron con energía a la violencia vivida contra una educadora en una escuela, mediante un inmediato paro general y un proceso de asamblea permanente. Las asambleas del magisterio demandan aumento del presupuesto educativo y repudiaron a las autoridades de la educación -lo que se expresó en la desafiliación del presidente de la ANEP, Pablo Caggiani. Aunque la versión oficial de la FUM (federación de magisterio) es que la expulsión obedece a que es incompatible ocupar ese cargo político y ser afiliado al sindicato, es evidente que la decisión implica un rechazo a la política del gobierno.

Se ha lanzado una andanada contra la decisión del sindicato del magisterio, al que algún legislador trató de “canallada”. El propio Caggiani salió a atacar al sindicato que lo expulsó de sus filas, diciendo que “no comprendía” la resolución. La decisión de casi mil maestras es un claro repudio al presupuesto impulsado por Caggiani y por el gobierno, que no solamente no “acerca” al objetivo de un 6% del PBI para la educación, sino que retrocede al respecto. Por otra parte, Caggiani ha recortado los grupos y puestos de trabajo en la formación docente, recortando incluso el presupuesto que ya existía. Esto es lo que ha motorizado las ocupaciones de los distintos gremios de la formación docente (estudiantes, docentes, funcionarios).

La rebelión de los maestros entronca con esa lucha de la juventud, que se expresó muy nítidamente en el acto del PIT-CNT en el marco del paro parcial del 29 de octubre: en esa oportunidad tomó la palabra la delegada estudiantil del Magisterio, que estaba ocupado en ese momento por 16 días. Aunque no estaba aprobada su oratoria, la estudiante tomó el micrófono y denunció al gobierno y “su presupuesto de espaldas a la clase trabajadora”, “el ajuste no pasará”.

Estas acciones entroncan también con la gran marcha contra el genocidio en Gaza y en solidaridad con el pueblo palestino, que se desarrolló el 9 de octubre no sólo en Montevideo (donde marcharon más de 25.000 personas) sino en prácticamente todos los departamentos del país. La movilización por Palestina chocó con el gobierno, pese a que la cúpula del Frente Amplio intentó atenuar ese choque. “Orsi, tibio, decí que es genocidio”, fue una de las consignas coreadas por manifestantes. La masividad de la marcha expresó el creciente desencanto e incluso una incipiente oposición al gobierno. Orsi y Cosse se pasean cotidianamente por los actos del sionismo, se reunen con Tony Blair (partícipe del “plan Trump” para Gaza), y son incapaces de denunciar la ofensiva guerrerista yanqui en América Latina.

El complemento del presupuesto continuista son las pautas salariales de Oddone y Castillo, que mantienen la miseria salarial e incluso aplican una “desindexación” de los ajustes a los sueldos. El gobierno de Orsi mantiene tanto el salario mínimo como la jubilación mínima en los montos fijados por Lacalle Pou, así como los cientos de miles de trabajadores precarizados y con salarios que no superan los 25.000 pesos.

La dirección burocrática del PIT-CNT, alineada con el gobierno, y cuya mayoría está en manos del partido al que pertenece el Ministro de Trabajo, ha condenado a la clase obrera a la atomización en decenas de negociaciones en las que se festeja la “superación” de las pautas salariales del propio MTSS y el MEF cuando se obtiene un 1% o 2% adicional. El reclamo vital del salario mínimo ha sido abandonado, cuando se trata de la reivindicación más unificadora de la lucha de la clase obrera, para asegurar un piso mínimo que cubra el costo de la canasta familiar.

La orientación de las corrientes mayoritarias, tanto del PCU como la “nueva” alianza entre Articulación y En Lucha (41-98), coloca al movimiento obrero como partícipe de un “diálogo social” con los grandes capitales, el capital financiero (AFAP) y el gobierno sometido al FMI, congelando todas las tendencias a la lucha. El “diálogo social” está concebido para enterrar las reivindicaciones planteadas por el plebiscito de ATSS, y mantener la privatización de la seguridad social.

La prensa ha dado mucha difusión a una reunión de frenteamplistas críticos en una coordinadora de Montevideo. La instancia convocaba a “los frenteamplistas” sobre la base de algunas críticas parciales a la acción gubernamental, y buscando presionar a Orsi a “cumplir” con sus expectativas. La convocatoria tuvo impacto pese a que el PCU y el PS, los partidos de la supuesta “ala izquierda” del FA, desanimaron la concurrencia de sus militantes.

La crisis de dirección del movimiento obrero adoptó un carácter muy visible con las denuncias contra el “Fogata” Bermúdez en la FUS y sobre las estafas en el fondo social de la construcción; ambos escándalos han colocado en la picota al Partido Comunista. Se ha desatado una pelea de aparatos por el control de los sindicatos, al mismo tiempo que por abajo crece el descontento y el activismo se pone en movimiento, como lo reflejó la asamblea de las maestras.

Los trabajadores debemos debatir el contexto internacional de guerra imperialista y de guerra contra la clase obrera y sus conquistas, que es la que subyace a toda esta situación económica y política. La ilusión de una salida a través de “diálogos sociales” y sin grandes confrontaciones, carece de toda perspectiva. La intervención del imperialismo en las elecciones de Argentina y otros países, el envío de la cuarta flota para impulsar un “cambio de régimen” y profundizar la colonización económica en todo el continente, el objetivo de apropiarse de las riquezas naturales, minerales y energéticas para sostener la guerra imperialista, plantea una etapa convulsiva y de combates decisivos. La clase obrera necesita abrir una deliberación en torno a un programa y una estrategia revolucionaria, al tiempo que impulsa la movilización más amplia y sostenida contra la guerra y contra el imperialismo.

Compañeros: tenemos que hablar. Convoquemos un encuentro de trabajadores y de la izquierda clasista.

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Author: Rafael Fernández