El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, surge a principios del siglo XX, en un contexto internacional revulsivo, caracterizado por la tendencia al militarismo y a la guerra, así como de imponentes luchas de obreras y por los derechos políticos de las mujeres.
Inmersas en este contexto, las mujeres socialistas desarrollaron una intensa campaña de agitación internacionalista y revolucionaria en contra de la guerra imperialista, en favor de la organización del proletariado, colocando en su organización consecuente, la alternativa de superación del régimen capitalista y con ello, la supervivencia de la humanidad.
Poco más de un siglo transcurrió y este 8 de marzo nos encuentra en un contexto internacional cuyo eje fundamental es el avance del imperialismo, donde el fascista Donald Trump junto al genocida Netanyahu, han profundizado el genocidio en Palestina, la invasión a Venezuela y secuestro de Maduro, la asfixia económica al pueblo cubano, al mismo tiempo que el bombardeo conjunto con el Estado de Israel a Irán y la ofensiva imperialista en la región de Medio Oriente (Irán, Yemen, Líbano, Palestina).
Invisibilizar o subordinar este eje político que vertebra la situación política nacional e internacional es una forma de colocar a la clase trabajadora por detrás de las variantes burguesas y de las políticas de conciliación.
En este contexto internacional, caracterizado por el desenvolvimiento de una escalada mundial de la guerra en curso, las mujeres trabajadoras, honrando las raíces socialistas del 8 de Marzo, nos organizamos contra toda forma de opresión y contra la bancarrota capitalista, que sólo trae miseria y barbarie.
Por eso, denunciamos la neutralidad del gobierno del FA frente a la agudización de la guerra imperialista.
Planteamos que sólo la clase obrera y los explotados podemos plantear una alternativa de salida a esta crisis, a través de nuestra movilización independiente.
En ese sentido, es necesario desarrollar una campaña de agitación contra el imperialismo en todo el mundo y, en especial contra el imperialismo que nuevamente reclama a América Latina como propia.
Es en ese sentido que debemos movilizarnos en impulsar las consignas “Fuera yanquis de América Latina” y “Abajo la guerra imperialista”.
Llamamos a las mujeres trabajadoras a marchar contra todas las formas de opresión y contra la barbarie capitalista en todas sus dimensiones, entre ellas -y fundamentalmente en esta etapa política- la guerra mundial.
A nivel nacional, esto implica denunciar la política de neutralidad que se expresa en términos internacionales y que, en términos internos, funciona como una forma de sometimiento a la clase capitalista.
Los propios analistas del campo frenteamplista reconocen que no es posible una “revolución de las cosas simples”, revelando la farsa del gobierno de Orsi.
La realidad social lo demuestra: del medio millón de trabajadores que cobran menos de $25000 son mujeres. El desempleo femenino es más alto que el promedio general -afectando especialmente a las mujeres de menos de 24 años- así, no hay condiciones de vida que permitan el sostenimiento de la familia obrera.
Aún con la tasa de natalidad más baja de América Latina, cuatro de cada diez niños viven en la pobreza. Las mujeres sufrimos en mayor medida la precariedad laboral, los bajos salarios y el acceso a trabajos menos calificados (el servicio doméstico, la hotelería y el comercio son sectores ampliamente feminizados).
Es decir, en este contexto de crisis capitalista, las variables de ajuste se expresan en el conjunto de la clase trabajadora y en especial en las mujeres trabajadoras, doblemente oprimidas, por otra parte.
La lucha de las mujeres está profundamente ligada a la lucha de la clase trabajadora contra el capitalismo y contra el imperialismo.
Desarrollar un programa para las mujeres trabajadoras, implica encuadrarlo en una perspectiva de organización revolucionaria, para derrotar al capital y sus gobiernos.
Llamamos a las trabajadoras a marchar con la columna del Partido de los Trabajadores, contra la guerra imperialista y la neutralidad cómplice del gobierno y la oposición de derecha.
Urge luchar por un programa que incluya salarios y jubilaciones igual a la canasta familiar, un sistema de cuidados integral y bajo control obrero para para socializar la familia y los cuidados, la eliminación del secreto bancario para luchar contra el narcotráfico que mata a la juventud, la revocabilidad de los jueces, la defensa de presupuesto para el sistema educativo laico, público y estatal, salud pública, etc.
Este programa, que deberá ser sometido a deliberaciones en los lugares de trabajo, organizaciones de mujeres, etc, sólo podrá conquistarse a través de la movilización y la lucha consecuente e independiente del Estado y sus partidos.
Por un reagrupamiento de las mujeres trabajadoras independiente del Estado y sus partidos
Por salario igual a la canasta familiar
Contra la precarización laboral y el desempleo
Contra la destrucción de la educación y de la salud públicas
Por el triunfo de la lucha del pueblo palestino
Abajo la guerra imperialista
Fuera yanquis de América Latina
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