VENEZUELA: El gobierno del FA con el golpe de la OEA y la derecha

El Frente Amplio y la diplomacia destituyente
La exhortación de Almagro a que la OEA active la carta democrática contra Venezuela constituye un espaldarazo a la derecha venezolana, que lo alinea con Macri, el Papa y Uribe. El gobierno del Frente Amplio no sólo no se delimitó de Almagro, sino que Nin Novoa firmó una declaración junto a los cancilleres de Chile, Argentina y Colombia en apoyo al referéndum revocatorio contra Maduro. El gobierno del FA acompaña de esta forma el viraje del imperialismo hacia la destitución de los gobiernos “nacionalistas” y “progresistas” y su sustitución por variantes derechistas.
La oposición de derecha en Venezuela, con el respaldo del capital financiero y de toda la reacción internacional, procura destituir a Maduro en los próximos meses, a través del referéndum revocatorio, abriendo la vía a la convocatoria de nuevas elecciones. Si el procedimiento se dilata hasta enero, el revocatorio podría destituir al presidente transfiriendo el mando al Vice, que para esa fecha podría ser el jefe de la camarilla militar Diosdado Cabello.
El revocatorio tiene el objetivo de operar un viraje definitivo hacia el capital financiero internacional (que incluye una reestructura de la deuda a través de un mayor alineamiento con el FMI) al mismo tiempo que ir a fondo en el ajuste exigido por la burguesía y en la privatización de la explotación de los recursos.
Maduro viene imponiendo su propio ajuste, pero no lo ha llevado a fondo porque no cuenta con las bases sociales y políticas para hacerlo y por temor a una explosión social. Este es un temor que comparte con toda la oposición de derecha.

Crisis económica y fractura política

Venezuela asiste a una crisis política de enormes dimensiones. El chavismo perdió en forma aplastante las últimas elecciones parlamentarias y desde entonces ha violentado la autonomía de la Asamblea Nacional a fuerza de decretos y de decisiones del Poder Judicial. El gobierno plebiscitario que había caracterizado el mandato de Chávez, ha dejado de existir y Maduro se mantiene en el poder solamente por el apoyo del estado mayor de las fuerzas armadas.
La fractura política tiene lugar en el marco de un colapso de la economía venezolana, cuyo carácter rentístico-minero se acentuó a lo largo de la etapa chavista. En lugar de desenvolver un programa de industrialización nacional bajo gestión de los trabajadores, el chavismo volcó una parte significativa de la renta petrolera en el desarrollo de programas sociales, insostenibles en el tiempo sobre la base de la estructura económica vigente. Otra gran parte fue apropiada por la llamada “boli-burguesía”, asociada al capital extranjero, principalmente chino o ruso.
La caída vertical del precio internacional del petróleo ha dejado desfinanciados los planes de viviendas, salud y educación; y ha dejado al desnudo el vaciamiento fenomenal al que fue sometida PDVSA (que enfrenta la posibilidad de un default debido a la magnitud de su deuda externa e interna).
Maduro se jacta de ser un pagador serial de la deuda: en 20 meses se han pagado 35.000 millones de dólares. El gobierno chavista ha honrado sistemáticamente la deuda externa. Para financiar la cancelación de los vencimientos de deuda, el gobierno de Maduro recortó importaciones, redujo en un tercio sus ahorros en el FMI y concretó varios canjes de sus reservas en oro, al tiempo que profundizó los recortes de dólares que inyecta a la economía local, a pesar del deterioro de las industrias y la escasez de productos esenciales. A pesar de esto Venezuela podría entrar en default a fin de año, cuando deba enfrentar los nuevos vencimientos de deuda.
El gobierno es responsable del fortalecimiento electoral y social de la derecha, que responde al profundo caos económico y sus consecuencias en la vida de los explotados venezolanos: el 76% de los venezolanos ha caído en la pobreza y el desmadre inflacionario llevó la canasta alimentaria diez veces por encima del salario mínimo.

Entre golpes y auto golpes
Si Maduro convoca al revocatorio probablemente lo perdería frente a la oposición derechista. Al gobierno le queda la salida del autogolpe con la disolución de la Asamblea Nacional y el gobierno por decreto. En los últimos meses Maduro ha avanzado en este camino bloqueando a la AN y aplicando el Estado de Excepción.
En este marco, las Fuerzas Armadas se elevan como el árbitro de cualquier salida política, al tiempo que constituyen la última carta para salvar el régimen. El aparato político-militar del chavismo se desmorona de forma acelerada, como lo evidencia el pasaje de agrupaciones militares y de altos mandos (otrora chavistas) al campo de la oposición. La derecha apela a las divisiones en las Fuerzas Armadas para destituir a Maduro a través de un golpe de transición, en este sentido van las declaraciones de Capriles exhortando a las fuerzas armadas a “decidir de qué lado están”. El gobierno abre el camino a la reacción y fortalece el golpismo a través de la desorganización económica, el bloqueo a la movilización independiente de los trabajadores y el fortalecimiento del aparato represivo.
En este sentido, el Estado de Excepción decretado por Maduro le da más poder a las Fuerzas Armadas y puede ser utilizado como un arma contra la lucha independiente de los trabajadores: autoriza a dictar medidas y planes de seguridad “que garanticen el sostenimiento del orden público ante acciones desestabilizadoras” para mantener “el control de la fuerza pública sobre la conducta delictiva”.

Por una salida de los trabajadores
En este contexto, el gobierno del Frente Amplio se alinea con la oposición blanqui-colorada detrás de la orientación del capital financiero para Venezuela: el golpismo destituyente. Desde el Partido de los Trabajadores llamamos a los trabajadores a movilizarse contra el golpe del imperialismo con independencia política del gobierno de Maduro.
Al mismo tiempo hacemos un llamado a derrotar el Estado de Excepción, que instaura un gobierno de facto apoyado en las fuerzas armadas y regimenta la intervención de los trabajadores en la crisis política. Si el gobierno busca el debilitamiento político- económico de la burguesía y del capital financiero golpista debe expropiar al capital, suspender el pago de la deuda externa y comandar un plan de reorganización económica del país a través del control de los principales resortes productivos y de la nacionalización de la banca y el comercio exterior, un programa que Maduro no está dispuesto a llevar adelante.
Ni el triunfo electoral de la derecha, ni el auto golpe, ni el golpe transicional constituyen salidas progresivas para el proceso político venezolano y para el pueblo trabajador. La clase obrera debe oponer a estas salidas un congreso obrero y de la izquierda para desarrollar un programa de conjunto y un plan de lucha frente a la catástrofe económica.
El problema central es el de la independencia política: en Venezuela como en Uruguay, los trabajadores deben desarrollar un partido obrero y socialista para enfrentar el fracaso político y económico de los gobiernos “progresistas” y abrir una salida anti capitalista a la crisis en curso. En esta perspectiva llamamos a participar de la Conferencia Latinoamericana que impulsamos en nuestro país a mediados de julio, a la que asistirán delegaciones de organizaciones de izquierda de varios países, incluido Venezuela.
Comité Ejecutivo del Partido de los Trabajadores
6 de Junio de 2016