Van a la deriva

La victoria de Trump es una expresión reaccionaria de la bancarrota capitalista, y a su vez va a provocar un nuevo salto en la crisis. Trump promete profundizar la guerra comercial, fiscal y financiera de EE.UU. contra sus competidores, por lo que su triunfo provocó una conmoción financiera internacional. La perspectiva en lo inmediato es una fuga de capitales de los llamados mercados emergentes, y a mediano plazo un mayor proteccionismo y pérdida de mercados para las exportaciones latinoamericanas.
Ha sido enterrada la idea de un TLC con Estados Unidos, supuesta tabla salvadora agitada por buena parte de la burguesía uruguaya y latinoamericana (¡Macri!). Un eventual acuerdo comercial con China se inscribiría en este contexto de creciente guerra comercial, por lo que no puede plantearse como compatible con una apertura comercial hacia el mercado yanqui. Todo el discurso de Vázquez, Astori y Nin Novoa se ha vuelto demodé.
La victoria de Trump no hace más que desnudar el impasse de todo el régimen político, porque la supuesta ‘salida aperturista’ que defienden prácticamente todos los partidos se ha desplomado, al mismo tiempo que se demuestra igualmente inviable el planteo nacionalista en América Latina (derrota de los K, golpe en Brasil, descomposición del chavismo). Desde el punto de vista estratégico, la burguesía latinoamericana carece –más que nunca– de la iniciativa. Navegan a ciegas, y con los dedos cruzados, en el marco de la crisis capitalista.

Gobierno en apuros

Nuevamente, Tabaré Vázquez ha debido abandonar al astorismo y tragarse sus propios anuncios. En marzo anunció por cadena nacional que no se apartaría de las mismas, ante lo que el presidente del PIT-CNT Fernando Pereira se lamentó: “El gobierno nos anunció un conflicto por cadena de radio y televisión”. En julio, el presidente llegó a negar una entrevista a la central sindical ante lo que consideró “amenazas y diatribas” de sus dirigentes.
La flexibilización de la política oficial frente al Sunca es un segundo recule tras un primer anuncio de dejar de lado las pautas fijadas para 2016 (más restrictivas que las del año anterior). De no haber dado este paso atrás, Vázquez se exponía a una huelga en la construcción (lo que junto a las luchas del comercio podía abrir un proceso huelguístico más general) e incluso a una crisis política en el Frente Amplio y hasta de su gabinete. Castillo ya había amenazado con su renuncia el año pasado ante la declaración de ‘esencialidad’ contra la huelga educativa; ahora el mantenimiento de las pautas salariales contra una lucha del Sunca volvía a cuestionar su permanencia en el gobierno.
Astori queda una vez más desairado, precisamente cuando el Frente Amplio enfrenta el riesgo de un éxodo por derecha. Como lo expresa, la ruptura del diputado Gonzalo Mujica y el movimiento derechista que impulsa Valenti a la interna del FA.
De un lado, el lanzamiento de la candidatura de Novick con su propio partido, y el manejo de precandidaturas en el Frente Amplio (Martínez, Xavier, Bergara…), indican que la campaña electoral ya está lanzada cuando apenas ha transcurrido un tercio del mandato de Vázquez. Es otro síntoma del impasse del gobierno. Si se adelanta la campaña es porque el gobierno demuestra fragilidad.

¿Gobierno ‘policlasista’?

Buena parte de los dirigentes sindicales consideran que “el gobierno del Frente Amplio llegó con una agenda de cambios y paulatinamente la ha dejado de lado para, por momentos, asumir la agenda de las clases dominantes” (Jorge Bermúdez, FUS).
Los sindicalistas del FA protestan porque los consejos salariales no les dejan el menor margen para negociar. En muchos casos, el Poder Ejecutivo votó junto a las patronales. En otros, incluso vetó acuerdos bipartitos por encima de las pautas oficiales. La negociación tripartita, considerada la gran “conquista” por el PIT-CNT y que les permitía ensalzar al Frente Amplio en oposición al “neoliberalismo de los años ‘90”, se ha convertido en la hoja de parra del decretazo gubernamental.
Los consejos de salarios tienen la finalidad de regimentar la negociación colectiva y la lucha sindical. Sobre todo cuando las condiciones (por el crecimiento de la economía) son favorables a las demandas de los trabajadores, y el gobierno necesita contener las movilizaciones obreras. Esto permite mantener un cuadro de miseria salarial de conjunto (con un salario mínimo de 11 mil pesos, y la inmensa mayoría de los trabajadores ganando menos del 50% del costo de la canasta familiar), mientras algunos sectores mejor organizados o de algunas ramas económicas con ganancias excepcionales obtienen algunas concesiones.
La instalación de los consejos salariales fue un elemento central de la conciliación de clases organizada desde el gobierno del Frente Amplio, que puede caracterizarse como un gobierno “policlasista” o, más precisamente, de colaboración de clases.
La crisis económica ha transformado a estos mecanismos de negociación en elementos fantasmagóricos. Se mantienen las formas, pero no existen condiciones para hacer concesiones –sin quitarle ganancias a las empresas. Las medidas ofensivas de lucha –paros, marchas, ocupacones, trancazos y huelgas– son una expresión del agotamiento del gobierno de colaboración de clases.

Dos variantes capitalistas

Vázquez llegó al gobierno intentando establecer un cambio en la relación con el movimiento obrero, por eso decretó la ‘esencialidad’ contra los paros en la enseñanza. Debió recular y recostarse en el mujiquismo a riesgo de provocar un quiebre en su base parlamentaria y en el Frente Amplio. Ahora ha vuelto a privilegiar la contención del movimiento obrero que le garantiza el Partido Comunista, pero a costa de perder autoridad frente a las cámaras patronales y el capital financiero. El margen de maniobra para aplicar el ajuste capitalista y al mismo tiempo mantener un gobierno de colaboración de clases se vuelve cada vez más estrecho.
Novick expresa en forma abierta el planteo de terminar con el gobierno ‘policlasista’. No critica a Tabaré Vázquez, o en todo caso lo critica sólo por permanecer aliado al MPP y el PCU. Expresa un giro de sectores capitalistas –que durante todo un período estuvieron satisfechos con el FA– y que ahora apuntan a sustituir el gobierno de contención por un gobierno de ataque abierto contra las masas.
Astori y Vázquez vienen aplicando un ajuste, no cabe duda, pero para buena parte de la burguesía este es insuficiente. Quieren rebajar aun más sueldos y jubilaciones, e incluso devaluar la moneda para licuar los salarios, con el argumento de ganar competitividad para las exportaciones. No es una “mala salida” a la crisis, sino que no es ninguna “salida”. Ni siquiera un devaluazo les garantiza que existan mercados para las exportaciones, en el contexto de la crisis mundial. Lo que sí les garantiza es una enorme respuesta popular. El macrismo en Argentina está precisamente sufriendo las consecuencias de este camino –y eso que no se atrevió a ir a fondo con los tarifazos, despidos y rebaja salarial.
El Frente Amplio tiende a sufrir una sangría ante el creciente malestar de su base electoral. Al no existir una alternativa de izquierda –la UP se ha anulado como opción en cada episodio de crisis política, oscilando entre el FA y los blanqui-colorados– existe el riesgo de que dicha sangría se manifieste antes que nada por derecha, lo que seguramente será utilizado por la “izquierda” frenteamplista para agitar el cuco ‘rosado’. Es urgente constituir una oposición de izquierda, independiente del gobierno y de la falsa oposición de derecha, en base a un programa anti-capitalista. La salida no radica en nuevas variantes de gobierno ‘policlasista’, hoy más inviables e impotentes que nunca, sino en una perspectiva estratégica clara: por un gobierno de trabajadores; hacia la unidad socialista de América Latina.