Uruguay frente a la crisis capitalista, un debate estratégico

La primer mesa de debate de la Conferencia Latinoamericana, ‘Uruguay en la crisis capitalista’, fue rica en la delimitación de las posiciones políticas que se plantean en la izquierda frente a la presente etapa, cuya polarización se estableció entre las caracterizaciones y propuestas de Daniel Olesker (Partido Socialista) y Nicolás Marrero (Partido de los Trabajadores).

Una primera cuestión de fondo fue la divergencia entre Olesker y Marrero en torno a la caracterización del carácter de la crisis capitalista mundial. Olesker, realizó la distinción entre crisis estructural, de largo plazo y coyunturales cortas. El panelista, señaló que asistimos a una onda expansiva de largo plazo del sistema capitalista, en la cual la crisis que inició en 2008 es simplemente un episodio coyuntural -de la cual la economía mundial estaría saliendo. A pesar de la crisis, el capitalismo sigue en pie y desarrolla sus fuerzas productivas.

En cambio, Marrero, señaló una cuestión de método fundamental que distingue a la caracterización marxista de la crisis mundial en curso referida al estadio histórico que ha alcanzado el desarrollo del capitalismo: la fase de su decadencia o declinación, en donde la masa de capital y fuerzas productivas inmovilizadas por la crisis -por la enorme sobre producción y la fuerte declinación de la tasa de ganancia- no tiene parangón en la historia del capitalismo. En este cuadro, la masa de capital y de fuerza de trabajo se encuentran sujetas a una destrucción potencial en gran escala que coloca a la sociedad humana en una alerta de catástrofe. Marrero argumentó que la crisis actual es una expresión de la tendencia histórica irreversible al derrumbe del capital y por tanto la base rigurosa de una política revolucionaria de transformación social. El capitalismo revela la tendencia al colapso, creando así las condiciones necesarias para su superación.

Programa y salidas

Con el fondo de esta caracterización, se colocaron planteos de salida divergentes. Por una parte, Olesker desenvolvió la necesidad de avanzar sobre la redistribución del ingreso, en un período que caracterizó de agotamiento del ciclo de gobiernos progresistas, con medidas que tiendan a modificar el mercado interno, con mayor inversión pública, subsidios a la inversión privada que agregue valor y altere el patrón de acumulación entre la producción primaria y la industrial. Frente a la propuesta del PT de abolir todos los impuestos al salario y cargar fuertes impuestos progresivos al gran capital, defendió su necesidad pues vuelven, dijo, como servicios de educación y salud. La realidad, sin embargo, es otra. Los impuestos al salario -directos, IRPF, e indirectos, IVA- confiscan cerca del 50% de los ingresos de la clase trabajadora cuyo destino es el pago de la deuda externa y los subsidios al capital, algo que Olesker omitió.

Marrero, llamó a enfrentar la política de ajuste del gobierno contra los trabajadores oponiendo un programa anticapitalista, mediante expropiación de toda fábrica que cierre; la prohibición de los despidos y envíos al seguro de paro y el reparto de las horas de trabajo, la eliminación de los impuestos al salario y el no pago de la deuda externa. La salida a la crisis, señaló, coloca en la agenda el problema del poder, es decir, qué clase social debe gobernar para que la crisis la paguen los capitalistas.