Uruguay en la tormenta de la bancarrota capitalista

En un reciente discurso, Vázquez aseguró que la principal preocupación del gobierno es la pérdida del grado inversor, lo que plantearía un encarecimiento sustancial el crédito internacional y abonaría a una fuga de capitales. Lo determinante que trasluce el planteo es que Uruguay ha entrado de lleno al circuito de la crisis mundial, como lo demuestran el derrumbe industrial y de las exportaciones. Las premisas de Vázquez para “mantener el rumbo” han sido superadas por la bancarrota capitalista.

 Devaluación permanente

El principal aspecto es que el centro de gravedad de la crisis capitalista se ha traslado a China, eje de la demanda mundial. El parate fenomenal de la economía china tuvo en 2015 el retroceso más importante en 25 años. La crisis avanza con millones de despidos de trabajadores de la industria del acero y el carbón. China es una plataforma del capital mundial para exportar al mercado mundial y su producción no encuentra colocación en las principales urbes. En el sector del acero, por ejemplo, se registran más de 120 millones de toneladas de producción excedente, lo que determina una gigantesca capacidad ociosa que llega al 50% en muchos sectores.

El derrumbe económico ha producido una estampida de capitales y una caída de las reservas internacionales -con un aumento de la deuda  al 45% del PIB. En este cuadro, la agencia calificadora de riesgo Moddy’s amenazó con rebajar el grado inversor (Financial Times, 2/3).

Para impulsar las exportaciones el gobierno de China tomó la decisión de devaluar su moneda, el yuan, un 3,5% frente al dólar hace algunos meses, lo que alteró panorama mundial. La importancia de la medida no reside en el porcentaje de la devaluación sino en el reconocimiento de la necesidad de hacer frente a un desequilibrio internacional de características potencialmente explosivas. Algunos observadores estimaron que el yuan debería depreciarse un 30%, para recuperar terreno frente al dólar y otras monedas, y mejorar los precios internacionales. La devaluación, sin embargo, no resuelve nada en el cuadro de un mercado mundial en declive como lo demuestra la caída en enero de un 60% de las exportaciones chinas a Brasil. El terremoto chino se desplaza a Brasil (y América Latina), cuyo comercio total se desplomó a la mitad.  La devaluación del yuan encarece los costos exportación hacia China, liquidando el comercio internacional. Ocurre que China y la economía mundial se encuentran en un impasse, porque China sólo puede evacuar sus tensiones internas desequilibrando las relaciones internacionales. El episodio de la devaluación de la moneda apenas oculta una situación histórica convulsiva.

 Sin rumbo

En Uruguay, frente a la caída de las exportaciones y los precios de las materias primas, la burguesía exportadora exige nuevas devaluaciones que mejoren sus precios relativos a nivel internacional, licue sus deudas y tire abajo los salarios. Cuando ya se han despilfarrado 4.000 millones de dólares del BCU en el mercado cambiario, el gobierno plantea una devaluación ‘gradual y ordenada’ que recupere la ganancia de los exportadores. Sin embargo, la devaluación China alteró, objetivamente, este planteo, pues ha acentuado la salida de fondos de China y de todos los ‘emergentes’, en especial de Argentina y Brasil -y por supuesto, de Uruguay. La devaluación del yuan agrega un elemento fulminante, pues eleva la tasa de depreciación del peso que necesitaría la devaluación en Uruguay -siendo que China representa el 25% de las exportaciones nacionales. Es definitiva, el gobierno ha perdido el control de la devaluación.

Las contradicciones que emergen son explosivas; mientras la burguesía exportadora exige que se libere el dólar, la deuda estatal llega a un 55% nominada en dólares. Una megadevaluación hundiría las finanzas públicas y desataría una hiperinflación. Con un déficit fiscal que pisa el 4% del PIB, el inmovilismo actual no hace más que acentuar las dimensiones de la crisis, y la necesidad de un ajuste en regla y nuevos tarifazos. El gobierno se encuentra sin rumbo para pilotear la crisis, lo que demuestra que la economía capitalista no se maneja con ‘planes’, debido a su naturaleza anárquica.

De todo esto, emerge la posibilidad de una salida ‘caótica y desordenada’ a la crisis actual, con todas las consecuencias políticas correspondientes. Esta perspectiva será parte de las deliberaciones que recorren el próximo congreso del Partido de los Trabajadores.