Una nueva etapa política

Rafael Fernández 

 

 

Distintos elementos de la situación nacional confirman que hemos ingresado en una etapa de transición, en el marco de la crisis mundial.

En primer lugar, la caída económica ya es innegable. Los pronósticos del FMI para América Latina (caída del PBI del 0,3%) y en particular para Brasil (-3%), son un reflejo de esta tendencia a la recesión económica en toda la región, en particular a partir de la caída de los precios y volúmenes de exportación de las materias primas con destino sobre todo a China. Las exportaciones latinoamericanas han caído casi un 11%. La producción industrial en nuestro país sigue cayendo, y la inversión extranjera directa en el primer semestre cayó un 25%. Esto ya se refleja en el aumento de los cierres de empresas, envíos al seguro de paro y el índice de desempleo.

En segundo lugar, si este gobierno prácticamente no tuvo luna de miel, ahora se aprecia una brutal caída del apoyo popular en las encuestas. La consultora Equipos muestran un verdadero derrumbe: “menos del 30% aprueba la gestión del gobierno”. Notablemente, además de “todo el elenco de gobierno” cae también la imagen de los líderes de la ‘oposición’ burguesa y derechista. El politólogo Ignacio Zuasnabar declara que esto “prende una luz amarilla” porque si se mantiene esta tendencia muestra que “la gente está mirando con menor confianza al elenco político en general” (Búsqueda, 15/10).

El tercer elemento a tener en cuenta es la interna oficialista. Como ya hemos señalado en otras oportunidades, el fracaso de la ‘esencialidad’ y la caída de Mónica Xavier como presidente del FA, entre otros aspectos, refleja esta pugna entre distintas fracciones. La bancada del Frente Amplio logró una mayoría para salvar el presupuesto enviado por Tabaré Vázquez, a partir de un acuerdo entre el FLS de Astori y el MPP de Mujica. Esto provocó la ruptura del bloque del MPP con el PCU, la lista 711 y el ala garganista del PS. Pero por otra parte, un sector de diputados rompió la disciplina y votó contra varios artículos del presupuesto. El hecho en sí no tiene mayor importancia, pero muestra un deterioro del FA como tal.

El otro aspecto de este escenario es el proceso del movimiento obrero y el estudiantado. Ya el masivo paro general del 6 de agosto había mostrado un cambio de humor de parte de la base popular que votó al propio Frente Amplio. La huelga docente, y el renacer del movimiento estudiantil, son dos elementos que muestran que estamos ante una tendencia a chocar con el gobierno. Puede pensarse que los que encabezan estas luchas no son adversarios políticos de relevancia para el FA, porque corresponden a tendencias minoritarias. De hecho eso es lo que intenta subrayar el gobierno cuando criminaliza a la Plenaria Memoria y Justicia, al sindicato del Taxi o al PT. Sin embargo, la apelación a la ‘esencialidad’ provocó una mayor adhesión al paro de los sectores más pasivos de la base sindical, y las direcciones sindicales oficialistas quedaron fuertemente cuestionadas -no sólo en los sindicatos de la educación, sino en el PIT-CNT como tal.

 

El parlamento vota el ajuste

El presupuesto votado por el gobierno está en la línea exigida por el FMI, apunta a congelar salarios (sin aumentos por encima de la inflación) y el gasto público. Muchas de las “inversiones” son sólo juegos de prestidigitación, ya que apelan a las PPP (participación público-privada), es decir, dependen de que realmente haya capitales privados interesados en la inversión, y además aumentan el endeudamiento.

Cualquiera que estudie el Presupuesto debe preguntarse: ¿a dónde va el dinero?, y también ¿quién financia el presupuesto estatal? Las respuestas son: los beneficiados son las grandes empresas que reciben subsidios y los acreedores de la deuda pública, y los que financian el gasto estatal son fundamentalmente los trabajadores y las capas medias (de allí viene el grueso de los ingresos por impuestos directos e indirectos). A este Presupuesto fondomonetarista le han dado el voto los Oscar Andrade (PCU), Gonzalo Civila (PS garganista), la “Izquierda Renovadora” (IR) y por supuesto el MPP mujiquista.

La lucha por el salario debe apuntar a conquistar un aumento salarial y un convenio colectivo que asegure un mínimo de $ 30.000 (media canasta), sin subordinarse al trámite parlamentario. Esto vale tanto para los docentes como para la Salud Pública, así como los trabajadores del Mides (que exigen su presupuestación) y todos los trabajadores públicos. La orientación marcada por el PIT-CNT, buscando ‘presionar’ a la bancada oficialista para que contemple algún mendrugo más, ha fracasado estrepitosamente. La política de la burocracia sindical apunta a la negociación rama por rama, fragmentando al movimiento obrero, en lugar de encarar una lucha de conjunto por el salario mínimo y el aumento general de salarios.

 

Voces críticas

Desde el PIT-CNT y el propio FA se vienen levantando críticas, reclamando por ejemplo un aumento de impuestos a las empresas (volviendo a imponer un 30% sobre la renta, cuando el FA lo bajó a 25%), quitar algunas exoneraciones impositivas al capital, así como utilizar parte de las reservas del Banco Central para inversiones públicas. No se les ocurre tocar el pago de la deuda externa. Estos sectores llegan tarde. Olesker y Civila, Lorier y Andrade, no explican por qué no aplicaron esta política en los gobiernos anteriores, cuando las empresas tuvieron fabulosas ganancias (y cuando ellos mismos tenían más peso en el gabinete ministerial). Ahora que están semi-excluidos del gabinete, y tiende a caer la producción, ¿quién les va a creer que van a ponerse más duros con el capital?

Estos realineamientos en la interna del FA, así como en el PIT-CNT, la FEUU, y sectores de la academia, no apuntan a construir una alternativa al Frente Amplio, sino a bloquearla. Sus planteamientos parten de las mismas viejas premisas que ya abandonó el FA, en un contexto que es totalmente diferente y que exige adoptar un programa anti-capitalista. El programa ‘neo-keynesiano’ que postulan no tiene ninguna viabilidad, y no toma nota del desarrollo de la crisis capitalista, que conduce a crisis políticas y plantea la lucha por un gobierno de trabajadores.

 

Alternativa política

Los trabajadores debemos construir nuestro propio partido, esa es la propuesta que coloca el PT a toda la vanguardia obrera y a la juventud. Para que la crisis no la pague el pueblo trabajador, que la paguen los capitalistas, necesitamos una organización de lucha por las reivindicaciones populares, por el gobierno de trabajadores y por el socialismo.