Un balance de las “internas”

Rafael Fernández

Las elecciones “internas” de los partidos políticos dejaron un escenario claramente “derechizado” si se miran los resultados en cada uno de los partidos donde existía competencia. El triunfo de Lacalle Pou sobre Larrañaga, y la clara supremacía de Vázquez y Bordaberry en sus “lemas”, muestra una elección más a la derecha que la de cinco años atrás.

Frente a este resultado, es esperable que Tabaré Vázquez se aparte aún más de cualquier retórica izquierdista, esperando captar votos desde el Partido Nacional. La cúpula frenteamplista apelará a asustar a sus bases con un posible gobierno Lacalle-Bordaberry para evitar fuga de votos por la izquierda, mientras se tira cada vez más a la derecha con el pretexto de ganar votos desde los ex votantes de Larrañaga. Sendic Jr. sería el que concita el apoyo mayoritario dentro del Frente Amplio para completar la fórmula presidencial. Se trata de un candidato que no genera el menor susto en la clase capitalista, que tiene claro que la coincidencia con su padre está exclusivamente en el apellido.

Esta derechización política es el resultado que han dejado diez años de gobierno del Frente Amplio –y 25 años de gobierno en Montevideo. La desmoralización que cunde en filas frenteamplistas, la incapacidad para movilizar a sus bases, la crisis que vive el PCU y la pulverización del MPP, son todos indicadores de la creciente desconexión entre el aparato de funcionarios integrados al Estado capitalista y la clase obrera y sectores populares que se sienten cada vez más decepcionados e incluso tienden a romper con el FA.

La relativamente elevada votación de Constanza Moreira es un reflejo parcial de la bronca que tiene todo un sector de la base militante –en particular, del MPP y el PCU– que buscó manifestar su rechazo a la candidatura de Tabaré Vázquez. Sin un aparato propio y siendo poco conocida a nivel popular, incluso sin una gran campaña en las internas, Moreira logró una votación superior a muchos de los aparatos que dirigen el gobierno. Esto no significa que exista el “constancismo” como movimiento; el desafío que tiene ahora la senadora frenteamplista es lograr que sus electores voten a Tabaré Vázquez en primera vuelta, e incluso captar nuevos votos con la fantasía de dar una “disputa interna” dentro de un futuro gobierno presidido por el “amigo de Bush”, algo que difícilmente genere gran entusiasmo. Mientras que la candidatura de Constanza ocupaba gran parte de la atención en la campaña hacia las internas, por ser la única “desafiante”, hacia octubre la realidad cambia: Moreira se diluye entre las múltiples alternativas y listas del FA. El apoyo de Constanza a Sendic Jr. para vice revela la inconsistencia de la propia Moreira, que hizo campaña en base a su condición femenina y a la llamada “agenda de derechos” y ahora avala a un dirigente que se caracterizó por dar la espalda a esa “agenda” y atacar al movimiento obrero.

La derecha tradicional

Las últimas encuestas mostraban al FA cayendo en las intenciones de voto. La suma de blancos y colorados igualaba o incluso superaba (según la encuestadora) al Frente Amplio. El resultado de la “interna” blanca puede cambiar parcialmente esta situación, en tanto algunos potenciales votantes blancos se espanten y migren hacia el FA. El relativo ascenso blanco es una expresión del agotamiento del gobierno del Frente Amplio, pero a partir de una salida no por izquierda sino en términos capitalistas. Una parte de la burguesía está pidiendo salir del régimen de colaboración de clases, lo que implica tener las manos más libres para ir a una ofensiva contra el salario y el gasto social. Lacalle Pou levanta el planteo de “consejos de salario más flexibles”, prometiendo que “permitirá que existan pautas diferentes según el lugar en el que funcione una empresa (…). También adelantó que la productividad será incluida en todas las negociaciones salariales si llega al gobierno y que si bien los trabajadores son la parte más débil, debe negociarse ‘sin flechar la cancha’”. “El primer día de gobierno vamos a derogar el decreto que habilita las ocupaciones”, afirmó. El candidato del PN se hace eco del reclamo de las cámaras patronales que el año pasado levantaron esta misma exigencia.

Sin embargo, el propio Vazquismo apunta en el mismo sentido. No fue casual que en una encuesta realizada a fin de año entre empresarios y altos ejecutivos por el semanario Búsqueda, más de la mitad dijera que quería como ministro de Economía a Astori o a uno de sus hombres. Las patronales reclaman ir más a fondo contra el salario, pero reconocen que el gobierno del FA evitó un crecimiento salarial en los últimos años, pese al mayor crecimiento de la producción.

No hay grandes debates económicos entre Vázquez-Astori y Lacalle-Bordaberry. Ambos bloques hablan de acuerdos comerciales con EE.UU. (Bordaberry levantó el planteo de un TLC, el vazquismo plantea avanzar en ese sentido a través de la integración a la Alianza del Pacífico). En todo caso, el Frente Amplio está más a tono con la política de Obama para América Latina, mientras que una posible alianza blanqui-colorada sintoniza más con la derecha republicana.

La ruptura por izquierda

Si se tiene en cuenta que dentro del FA se generó el movimiento de apoyo a Constanza Moreira, que canalizó a todo un sector en crisis con el vazquismo, la votación de los sectores a la izquierda de la coalición de gobierno en una elección con escasa participación es importante. Entre la UP, el PERI y el PT, grupos que en distinto grado recogen el voto de sectores críticos con el gobierno, rondan los 9.000 votos. De haberse conformado un frente electoral sin duda hubiera sido de un gran impacto y probablemente hubiera atraído más votos. La responsabilidad de la división está en la cúpula de la Unidad Popular que rechazó un acuerdo que evitaba la dispersión de los votos. La exclusión del PT refleja la hostilidad a un programa de carácter anti-capitalista, por un gobierno de trabajadores. Las definiciones contra el trotskismo y a favor del estalinismo de varios de los grupos de la UP tienen una expresión concreta en lo programático: todos ellos levantan el eslogan de un “gobierno popular y anti-imperialista” –en oposición a un gobierno de la clase obrera. Hace unos años afirmaban que el Frente Amplio iba a consagrar un gobierno popular, antioligárquico y antiimperialista. En otras palabras, no han roto con la concepción de la subordinación de la clase obrera a la burguesía o pequeña-burguesía “democrática” y “nacional”.

El PT expresa con nitidez la ruptura con la estrategia de colaboración de clases, por la independencia política de la clase obrera. Levanta en las elecciones la agenda de los trabajadores, en la perspectiva de un gobierno de trabajadores y la unidad socialista de América Latina. La campaña por el voto al PT servirá para preparar las futuras luchas contra el ajustazo que llevará adelante el próximo gobierno –sea quien sea el que lo presida– que descargará la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Es una campaña electoral inseparable con la lucha por la independencia de los sindicatos y del PIT-CNT, buscando recuperarlos para la defensa de las conquistas y reivindicaciones populares.

Compañera, compañero: venga a construir el PT.