“SE TERMINÓ LA FIESTA”

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Los primeros anuncios económicos del nuevo gobierno confirman el pronóstico del PT: se viene un ajustazo.

La primera manifestación son los tarifazos pese a la caída del precio del petróleo: la UTE aumentó casi un 7% y el agua casi un 10%; mientras tanto la rebaja del combustible no llegó al 3% pese al desplome del petróleo de un 50%. El gobierno está haciendo «caja», frente a un déficit fiscal del 3,6% del PBI.

Es exactamente lo que ordenó el Fondo Monetario, que exige que el déficit baje al 0,5% del producto.

Voceros del astorismo declararon, apenas pasó el balotaje, que «se terminó la fiesta», en relación a los gastos de los Entes autónomos. La afirmación vale también para este verdadero fiscalazo establecido por Mujica antes del cambio de gobierno.

Para los trabajadores nunca hubo «fiesta», sino ajustes salariales tardíos por un IPC maquillado y que no contempla mínimamente el precio de la canasta básica real (en particular, la alimentación ha crecido sistemáticamente por encima del índice oficial). El anuncio de que «terminó la fiesta» se traduce también en cierre de empresas, despidos, reestructuras patronales, como la sufrida por los obreros de Urupanel en Tacuarembó, los trabajadores de Tata, o los compañeros del taxímetro. Las patronales vienen descargando la crisis sobre los trabajadores, al igual que el gobierno.

El ajustazo comenzará de todas formas una vez pasen las elecciones municipales. Esta vez el Frente Amplio recurre en todo el país, incluyendo la capital, al método «tradicional» de las candidaturas múltiples para arrastrar votos. La oferta electoral ampliada buscará distraer al pueblo, mientras comienza el ajustazo contra el salario y las conquistas.

La falsa polarización entre la «izquierda del FMI» y la derecha tradicional, ocultó que todos ellos cumplen los mandatos del capital financiero. Es necesario prepararse para intervenir, de cara a las próximas elecciones en diversos sindicatos, así como a la nueva etapa de negociaciones salariales, para que la crisis no la paguen los trabajadores, sino los capitalistas.