No sólo Raul Sendic tiene ‘títulos’ falsos

Lucía Siola
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Lucía Siola

Consejera federal de la FEUU.
Dirigente del Partido de los Trabajadores.
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El falso título del vicepresidente Raúl Sendic ha sido un gran escándalo que lo ha puesto en jaque ante la opinión pública, no por la consecuencia de la mentira –que en cierta forma es mínima-, sino por el hecho en sí, es decir por la práctica del engaño.

La mayoría de las críticas se han situado en el problema ético. Si un dirigente tan importante del gobierno miente sobre su formación, ¿qué garantías hay de que gobierne de forma honesta, o por lo menos de forma coherente con su discurso? Si el vicepresidente inventa un título falso para acreditar una formación intelectual que no tiene, ¿qué se le puede pedir al resto de los funcionarios públicos, directores, gerentes, diputados, senadores?, y así un largo etcétera de cuestionamientos que tienen asidero.

El problema sin embargo es más complejo. De hecho la capitalización de ANCAP de la noche a la mañana en los inicios del gobierno de Vázquez, muestra que lo del título no fue un hecho aislado. Se trata de conjunto de las consecuencias de una orientación política, de un fenómeno más profundo que engloba al conjunto del gobierno. Los beneficios que el Frente Amplio otorgó a la ‘burguesía amiga’ durante más de una década – en torno a las empresas de ANCAP, en la IMM a través de tercerizaciones y de obras públicas innecesarias (corredor Garzón), con Fernández de FRIPUR (con quién continúa haciendo negocios en torno a la energía), con los subsidios a Salgado-, muestran que las redes de favores, negociados y acomodos son moneda corriente en las esferas gubernamentales. La corrupción así, no es sólo patrimonio de blancos y colorados (que son sin dudas profesionales en la materia), sino que se extiende también al progresismo como producto del régimen social actual. Vivimos una suerte de replay desfigurado de Brasil dónde aquellos que cuestionan las mentiras y la corrupción, superan ampliamente a Alibaba y los 40 ladrones.

El verdadero escándalo que queda de manifiesto con estos emergentes de mentiras y corrupción, es la orientación social que el progresismo representa, defendiendo los intereses del gran capital financiero y de empresarios amigos, en detrimento de los intereses de los trabajadores.

Si profundizamos en las investigaciones, más allá de la formación académica, podemos encontrar que ni el FA ni ninguno de sus líderes, resiste el archivo histórico. Allí (por citar sólo un ejemplo de tantos), podemos encontrar los vídeos del ministro Danilo Astori defendiendo la necesidad de cuestionar el pago de la deuda externa, mientras en la actualidad es un pagador serial, y principal hombre de confianza del capital financiero. También podremos encontrar cómo el conjunto del Frente Amplio ha pasado de un programa antiimperialista, a enviar tropas de ocupación a Haití, o a impulsar los acuerdos ‘coloniales’ de libre comercio con las principales potencias mundiales.

Así pues, el presentarse como algo que en realidad no es, no parece ser una práctica exclusiva del líder de la lista 711, sino más bien del conjunto de la fuerza política que integra.

Las mentiras que rodean el discurso de Sendic –respaldadas por su fuerza política y por el presidente- son la evidencia del agotamiento de una izquierda que se ha adaptado al Estado y a un sistema social en descomposición. La estrategia de desarrollar alianzas con los capitalistas nacionales, lleva sin lugar a dudas a defender intereses ajenos al de los explotados y pone de manifiesto la inviabilidad de que esta expresión política sea un verdadero canal de transformación social.

 

Un comentario

  • Jesús

    El socialismo político es una cosa.
    El socialismo real es el que vivimos a diario la mayoría de los Uruguayos.Compañero Raulito.
    Ojo el voto castigo: La soberbia es mala consejera.
    Pobre padre….
    SALUD SEUDO IZQUIERDA