Ni es salida, NI es progresista

“No sé qué hacer con mi hijo, no me hace caso, no estudia, no trabaja… me vuelve loca”. “Mandalo al liceo militar, ahí lo enderezan”. Ese diálogo pudo haberse escuchado muchas veces. Hasta ahora nadie había querido presentar esa receta “disciplinadora” como solución “nacional”. Ni mucho menos como “progresista”.

Desde el ejército se ha planteado “darle a todos aquellos ciudadanos que hoy por hoy no tienen en el horizonte una vía de salida a su situación, que no están trabajando ni estudiando, de poderlos incluir, llevarlos a nuestras unidades militares, darles en ellas una educación cívica, darle cierta disciplina, normas de higiene, enseñarles oficios”.

La oferta la realiza el comandante del Ejército y el Ministerio de Desarrollo Social estaría dispuesto a discutir la propuesta, que recibe el apoyo de la ANEP. El Codicen se lava las manos de su obligación y la quiere ‘tercerizar’, incapaz de asegurar el derecho a estudiar de miles de jóvenes que se intentaban inscribir en la UTU. Quiere la casualidad que la comandancia del Ejército la ocupe un general de apellido Manini Ríos, y el MIDES esté ocupado por una maestra de apellido Arismendi. Ni la imaginación de Julio Verne podría haber escrito esta novela.

Todo esto además se plantea en un país con impunidad para los responsables de crímenes y torturas, y donde las FF.AA. fueron acusadas de abusos incluso en misiones ‘humanitarias’.

La propuesta nos hace discutir, de todas formas, sobre lo accesorio. Se constituye así en una gran cortina de humo. Lo fundamental es que el actual régimen social, y las políticas impulsadas desde los gobiernos, van a profundizar la falta de horizontes de las nuevas generaciones.

Un ejemplo es la propuesta de elevar la edad de retiro para jubilarse. Se trata de un planteo de rebaja salarial, que además cierra puertas a los jóvenes que buscan empleo. La flexibilización laboral que proponen las patronales con el beneplácito del gobierno, también conducen a más precariedad y bajos salarios. En los bancos oficiales, el gobierno impulsa el aumento de la jornada, lo que conducirá a achicar la plantilla de trabajadores. Es una reforma laboral como la que en Francia provoca una rebelión juvenil que nos rememora al Mayo del ’68, sólo que esta vez contra un gobierno “socialista”.

En todo el mundo aumenta el desempleo juvenil, en algunos casos (España, Grecia) supera 50%. Es una gran estafa trasladar a los propios jóvenes la responsabilidad por “su fracaso”. Es el régimen capitalista el que conduce a la descomposición de la sociedad, afectando a miles de jóvenes sin empleo ni posibilidad de una vida mínimamente decente. Es el caldo de cultivo para las adicciones, y para el imperio de los narcos. La receta represiva, que toma el modelo yanqui, llena las cárceles de jóvenes, apela a las privatizaciones incluso de los centros de reclusión, y no abre ninguna salida. Se obtendrían más resultados si se impidiera el lavado del dinero del crimen organizado, pero eso implica eliminar el secreto comercial y bancario. El régimen de los políticos offshore no va a producir esa reforma.

La salida para el desarrollo social y cultural de la juventud está en la movilización popular por aumento del presupuesto educativo (6% del PBI como mínimo), por aumento general de salarios (con un sueldo mínimo de $ 32.000), por el reparto de las horas de trabajo disponibles sin rebaja salarial (reducción de la jornada). Es decir, que la crisis no la paguen los explotados, sino los capitalistas. Todo esto plantea la necesidad de un gobierno de trabajadores y una reorganización económica y social sobre nuevas bases. “Socialismo o barbarie”.

Rafael Fernández

Publicado en semanario “VOCES” el 5 de Mayo