Mesa Redonda: La izquierda frente a la crisis política en Brasil

Lucía Siola
Seguir en:

Lucía Siola

Consejera federal de la FEUU.
Dirigente del Partido de los Trabajadores.
Lucía Siola
Seguir en:

El jueves 5 de mayo se desarrolló en la Facultad de Ciencias Sociales un panel de debate convocado por la comisión de formación del Centro de estudiantes (CECSO) sobre “la situación política de Brasil: ¿Golpe de Estado?”, donde participaron Constanza Moreira, Luis Puig y Rafael Fernández. La deliberación política comenzó con un salón colmado por el público con más de un centenar de participantes, la mayoría estudiantes de esa casa de estudios, reflejando el interés que suscita en jóvenes y trabajadores los sucesos en el vecino país. 

Crimen político 
Constanza Moreira comenzó su exposición planteando que efectivamente en Brasil se está procesando un golpe de Estado, un golpe contra la democracia. Afirmó que el PT es el partido más parecido de América Latina al Frente Amplio, en el sentido que lo primero que hizo el PT fue defender los derechos de los trabajadores; hubo negociación salarial, el salario real aumentó, la pobreza disminuyó, hubo planes sociales, se recuperó la salud, ha avanzado el nivel educativo en los últimos años, pero por sobre todo los gobiernos del PT lograron disminuir la desigualdad. 
Destacó que el golpe de Estado en Brasil no es sólo arruinar el proyecto político más importante que tuvo el país norteño. El proyecto destituyente no es solamente contra el PT, es para evitar la capacidad de liderazgo de cualquier potencia emergente en el concierto de los grandes del mundo. El proceso que se vive hoy en Brasil, en Argentina y en Venezuela tiene como objetivo sacarle a América Latina el liderazgo en muchos temas, en el tema drogas, en tema de recursos naturales, es un proyecto de liderazgo trunco, frustrado. El golpe es un crimen político por la ilegitimidad del proceso, es un intento de evitar cualquier protagonismo de la región de América Latina en el desarrollo industrial, comercial y político del mundo, y entonces nos afecta doblemente. 
Finalmente, concluyó que este crimen político pasa ante nosotros en cámara lenta, sin que América Latina logre ponerse de acuerdo en decir basta, porque no se consiguió una declaración de la UNASUR, no lo quiso hacer Paraguay, pero tampoco la quiso hacer Chile donde tenemos un gobierno que supuestamente es de centroizquierda. 

La grieta con el movimiento popular 
Por su parte, Luis Puig -diputado del PVP-, coincidió con la definición de que en Brasil se está produciendo un golpe, pero explicó que no se debe reducir este golpe al episodio en la cámara de diputados, porque efectivamente el golpe se viene desarrollando hace bastante tiempo, y tiene su comienzo al otro día que Dilma ganó las elecciones en 2014. Puig afirmó que desde ese momento ya apareció un golpe económico muy claro con el derrumbe del real en relación al dólar, con la presión de los mercados en lo concerniente al rumbo económico. En este cuadro señaló que se comenzó a dar un proceso en el cual el chantaje comienza a dar resultado y se nombra a Joaquín Levi ministro 
de economía, que es un hombre de los sectores financieros más importantes de Brasil, ahí se comenzó a gestar un golpe de Estado. Y se acentúa este proceso cuando un representante de los agronegocios y gente relacionada con Estados Unidos comienzan a ser parte del gabinete. Empieza de este modo a desarrollarse un golpe en cámara lenta “porque generalmente los golpes de Estado son procesos, no son hechos aislados o esporádicos”, concluyó. 
Puig señaló el rol destacado de Brasil en lo que denominó la década progresista de América Latina que se caracteriza por una suerte de “pacto distributivo” donde se desarrollaron políticas sociales –como el hambre cero en Brasil- a la vez que se promovió una concesión de los gobiernos progresistas al no profundizar el gravamen al capital, el cual siguió haciendo grandes ganancias en toda América Latina. Esta articulación logró importantes conquistas sociales pero, al mismo tiempo, quedaron establecidos los límites de esas reformas al no profundizar el enfrentamiento al capital. La consecuencia de este proceso es una grieta de la alianza de los gobiernos progresistas con el movimiento popular. Llamó a recuperar la movilización popular en el conjunto de América Latina para enfrentar el golpe, sacando todas las conclusiones del proceso. Se trata de “una ofensiva del imperialismo norteamericano, de una operación a nivel de América Latina”. 

Contra el golpe, un congreso de trabajadores 
Rafael Fernandez afirmó que no es posible comprender la crisis política de Brasil sin entender la enorme crisis económica e industrial que ha golpeado fuertemente al país, con la caída de los precios de las materias primas que explica lo que está pasando en toda América Latina. Para entender que sucede en Brasil es preciso visualizar que fue lo que cambió en el escenario brasilero y que “los intereses sociales que sostenían al PT en el gobierno hoy quieren derrocarlo”. 
El dirigente del PT uruguayo desarrolló el proceso de crisis por el cual llega el PT de Lula al gobierno, que tuvo que ver con una profunda descomposición de los partidos tradicionales, y un escenario de inestabilidad política marcada en el continente por rebeliones populares, como en Brasil, Argentina, etc. El rol de del ‘progresismo’ en América Latina fue sin dudas el rol de contención social y de normalización del conjunto del régimen social y político. Por eso fue Lula el primero en aceptar ‘tragarse sapos’, y procedió a una integración con el gran capital internacional y la gran burguesía industrial brasilera. La política económica en Brasil ha estado dominada por los intereses del gran capital, con Levi como ministro de economía, y los latifundistas en el ministerio de agricultura. 
Para Fernández, la suerte del gobierno de Lula estuvo muy ligada a Petrobras. En tanto la burguesía brasilera se benefició con una política de negociados estatales, que le permitió extender sus negocios en el conjunto de América Latina. La constructora Oderetch vinculada fuertemente al gobierno y a Petrobras, ejemplifica este esquema que entró en crisis hace menos de un año cuando quebró, acompañado de la caída de las acciones de Petrobras. Afirmó que “las burguesías latinoamericanas y los gobiernos progresistas fracasaron en la industrialización del continente” 
Fernández concluyó que efectivamente se trata de un golpe de Estado, que muestra un cambio de frente de la burguesía paulista, que exige un ajuste a fondo contra las masas de manera más profunda de lo que Dilma estaba intentando llevar adelante. Sentenció que “Están usando al PT como limón exprimido, ya lo usaron. Cumplió un rol de contención de la movilización popular, que ya no lo puede cumplir más”. 
Para culminar coincidió con la necesidad de enfrentar el golpe en las calles, pero haciéndolo de forma independiente, sin depositar apoyo político al PT de Rousseff y Lula. Planteó la necesidad de un gran congreso del movimiento obrero de Brasil para enfrentar activamente el golpe, con la agenda de los trabajadores y el movimiento popular, en la perspectiva de un gobierno de los trabajadores. 

Lucia Siola