María Julia, Netto, Celsa, y los dueños del circo

Las ‘autoridades’ de la educación utilizan el lenguaje del orden frente a los reclamos de los sindicatos, pero hace años perdieron autoridad política, constituyéndose en simples personeros de los planes ajustadores al servicio del gran capital. Tras su supuesta ‘ineficacia’, ‘inoperancia’ o ‘falta de sensibilidad e/o idoneidad’, subyace una realidad que trasciende a tal o cual persona: están al servicio de un gobierno que estafó las legítimas aspiraciones de los trabajadores de un cambio profundo en el país.

Para este año todo el espectro político y los medios de comunicación auguran un duro conflicto en función de una rendición de cuentas con carácter presupuestal -se establece el gasto en educación hasta 2021, ya en funciones el próximo gobierno-. Más allá del ‘resultado’ del conflicto en términos de crecimiento o no del presupuesto para la enseñanza, hay una serie de elementos que surgen como conclusiones políticas meridianamente claras.

El FA no va a cumplir ni cerca la ‘promesa’ de ‘tender hacia’ el 6 % del PBI para la educación. Los María Julia, Netto, Celsa, y ‘ainda mais’, no ‘cortan ni pinchan’ en la política presupuestal y técnica hacia la educación, son los acríticos brazos ejecutores del ajuste, del recorte en la inversión, es decir del brutal ataque a la enseñanza pública uruguaya. Los titiriteros, los dueños del circo, son otros: los grandes capitales que en medio de la crisis mundial buscan abrir los sistemas públicos de enseñanza a la inversión privada, es decir privatizar total o parcialmente el ‘servicio’ educativo para que sea terreno fértil a la reproducción del capital. Los gerentes, mandos medios, se encuentran en la estructura política del gobierno, con Astori como ‘jefe del equipo’.

A esto sumémosle cómo el FA ha privilegiado su funcionalidad al imperialismo y los grandes capitales nacionales en detrimento de una de sus históricas y principales bases sociales: las decenas o centenares de miles de docentes, trabajadores y estudiantes de la enseñanza pública. Aquella aseveración de Trotski acerca de que los frentes populares tienden a amputar su brazo izquierdo condice palmariamente con esta realidad. La rebelión contra la esencialidad fue el punto de inflexión para todo un sector de trabajadores de la enseñanza.

En 2015 había aún expectativas en que el gobierno ‘daría’ el presupuesto mínimo necesario. Tres años después muchos ya concluyeron que el gobierno ‘progresista’, por los intereses que defiende objetivamente, está ubicado en el campo antagónico al de los trabajadores. Es decir, junto a los dueños del circo.

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