Los docentes marcan el camino

por Rafael Fernández

María Julia Muñoz añora la época en que los líderes oficialistas contralaban con facilidad a los sindicatos: “hoy a la dirigencia gremial le cuesta más el trabajo con las bases; cuando tenías en una asamblea a un Richard Read o un ‘Negro’ Castillo, daban vuelta a la gente con sus discursos”.
La frase de la ministra de Educación bien podría aplicarse a Tabaré Vázquez. En épocas nada remotas, la palabra del presidente alcanzaba para alinear a todo el Frente Amplio. La remoción de Mónica Xavier, las declaraciones del MPP y otros sectores sobre la esencialidad, y el pronunciamiento del FA sobre el TISA, muestran que eso también es cosa del pasado. El gabinete ministerial, integrado por personal de confianza del presidente, está extremadamente debilitado –empezando por Nin Novoa y Astori, que quedaron en offside. “Seré interpelado por quienes están de acuerdo conmigo”, declaró el canciller.
El gobierno busca imponer un ajustazo contra los salarios (desindexación) y recortar el gasto público (eliminación de vacantes, recorte de inversiones), lo que va a agravar el desempleo. Descargan la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Es el mismo camino de Dilma Rousseff y su gabinete neoliberal en Brasil. Uruguay debería mirarse en el espejo norteño. Los gobiernos de centro-izquierda, sometidos al FMI, están agotados.
Con la esencialidad, el tiro les salió por la culata. Quisieron establecer una medida ejemplarizante para todo el movimiento obrero, y derrotar a los docentes para poder imponer más adelante una reforma privatizadora de la educación. El mismo lunes 24, miles de docentes marcharon al MTSS y al Edificio Libertad, desafiando abiertamente al gobierno. El desacato a la esencialidad fue masivo. Al punto que se sumaron al paro muchos docentes que no estaban adhiriendo en los días anteriores. Fueron ocupados más de un centenar de centros educativos en todo el país. Los estudiantes secundarios y terciarios –que ya habían realizado un paro general el 17 de junio– participaron de esta lucha.
Las asambleas ignoraron la ‘sugerencia’ de la cúpula del PIT-CNT de levantar la huelga a cambio de la esencialidad –un planteo que desviaba completamente el eje. Levantaron los paros cuando lo consideraron conveniente, sin aceptar el convenio propuesto por el gobierno –que niega la plataforma e introduce cláusulas de regimentación sindical. Los dirigentes, que firmaron en reiteración real las actas con el gobierno, quedaron desautorizados. Es necesario poner en pie una dirección que sea consecuente, independiente del gobierno, y sometida al control de las asambleas.
La huelga docente marcó un camino para todo el movimiento obrero: el de la lucha por un salario mínimo de 30 mil pesos (apenas el 50% del costo de la canasta familiar), y el ajuste automático de salarios de acuerdo al alza del costo de vida, quebrando las pautas de miseria salarial del gobierno. Que la crisis la paguen los grandes capitalistas, los latifundistas y los banqueros.

 

(publicado en Semanario Voces, 10 de setiembre de 2015)