Las chamboneadas de ANCAP

En las últimas semanas hemos sido testigos del destape de la olla podrida de ANCAP. Dicho problema ha sido encarado por los diferentes partidos por el lado de la defensa o el ataque a determinadas figuras políticas, especialmente a Raúl Sendic. Sin embargo, como trabajadores, debemos ir más allá del simple manoseo electoralista.

El problema no es que en ANCAP se hayan realizado millonarias inversiones. El problema es que las inversiones se realizan algunas sin la licitación correspondiente, a dedo. El problema es que los costos estimados siempre están muy por debajo de los costos reales, generándole ganancias extras multimillonarias a las empresas proveedoras y constructoras; con la complicidad de quienes realizan las adjudicaciones y los controles.

El problema no es que ANCAP diversifique los rubros en los que opera. El problema está en generar sociedades anónimas de derecho privado que escapan de control y son caldo de cultivo para todo tipo de negociados turbios. El problema es elegir los rubros en función de la capacidad de generar negociados; en lugar de realizar proyectos productivos para cubrir necesidades básicas. El problema es que estos nuevos proyectos no son encarados de manera de funcionar correctamente de manera de poder crecer y de aportar a la sociedad, sino que únicamente interesa la simple existencia de tales proyectos como excusa para todos los negociados que se generan alrededor.

En definitiva, la gran chamboneada no es tal. Es el resultado de una política consciente y continuada de buscarle y asegurarle negocios a los capitales privados. Es una nueva muestra de para quien se gobierna; de que el estado burgués es una herramienta que utiliza la clase dominante para generarse beneficios a costa de la clase dominada, los trabajadores, que somos quienes pagaremos el pato de la fiesta de ANCAP, y de tantas otras empresas públicas que, tal vez con números menores, siguen el mismo camino. Para cambiar esto no basta con un lavado de cara de las autoridades ni con un cambio en el partido de gobierno; sino que se necesita cambiar las bases sobre las que se sostiene el estado. La única salida para ANCAP y para el resto de las empresas en situación similar es la estatización bajo control de los trabajadores.