La ‘reactivación’ económica, un episodio de la crisis capitalista

Astori y otras voces de los círculos financieros locales advierten que la economía uruguaya se desacopló de la caída de Argentina y Brasil, y que las perspectivas son de franca reactivación. Esta visión empalma con la de quienes señalan que la lo peor de la crisis internacional, luego del colapso financiero de 2008, ha quedado atrás. El diario inglés The Economist  dice que “está en marcha un alza económica amplia (…) En Estados Unidos, Europa, Asia y los mercados emergentes, por primera vez desde la breve recuperación en 2010, todas las hornillas están encendidas a la vez” (17/3). Serían señales positivas la suba de tasas de interés del banco central norteamericano (FED) que demostraría el vigor de la reactivación económica en EEUU, al igual que la incipiente recuperación de los precios de carbón, acero, hierro y petróleo que atemperarían la visión de una sobreproducción China y el proceso devaluatorio del yuan.  Para Uruguay y el resto de los “emergentes” sería la oportunidad para recuperar terreno en el comercio mundial y las exportaciones. 

La metástasis de la crisis mundial

La base de este panorama, a nivel nacional e internacional, es absolutamente precaria. En la arena mundial, estas señales ‘positivas’ se encuentran asentadas en nuevos rescates del Estado, que demandan una inyección  enorme de fondos. En el caso de China, el Banco Central inyectó más de 300 mil millones de dólares de sus reservas para estabilizar el yuan y reforzar el control de capitales, para evitar la fuga al exterior. El Banco Central Europeo ha absorbido las deudas ‘tóxicas’ de los países miembros, para sostener sus economías. En EEUU, la FED sigue con la compra indiscriminada de deuda de la banca privada en quiebra, cuyo balance es seis veces el tamaño previo a la crisis de 2008, mientras la inversión sigue en caída. Los recursos para esta política se están agotando, pues ha elevado el nivel de endeudamiento a niveles exorbitantes de los bancos centrales, cuya situación se ve crecientemente expuesta. Se trata de la estatización de deudas bancarias y estatales, a manos de los bancos centrales; es decir, la conversión del Banco Central en acreedor mayoritario del propio Estado. Se trata de un recurso último y explosivo, que podría detonar en nuevos estallidos y bancarrotas generalizada. De esta forma, la metástasis de la crisis mundial, involucra todo el cuerpo de la sociedad burguesa y en particular, al Estado.

Capital ficticio

En Uruguay, la entrada de capitales especulativos luego de Brexit –y como producto de la inyección masiva de fondos por parte de diversos Estados- ha incentivado un nuevo ciclo de superendeudamiento del gobierno –especialmente del BCU-, al tiempo que provoca una caída de la cotización del dólar. Estos capitales ‘golondrina’ reingresaron a la región, como consecuencia de los diferenciales de tasas que obtienen en la compra de títulos públicos en pesos, indexados a la inflación. Esta emisión de deuda indexada del BCU y del gobierno, ascendió a más de 2 mil millones de dólares en el último año (El País, 7/4). De este modo, los dólares obtenidos por los grandes fondos financieros por parte de los Bancos Centrales de la UE, EEUU o Japón a cambio de sus deudas ‘tóxicas’ son reinvertidos en los títulos de deuda de gobiernos –como el de Uruguay- a tasas exorbitantes. El gobierno participa, en el circuito financiero internacional, del rescate estatal a la quiebra del capitalismo mundial al mismo tiempo que pierde la capacidad de control de la cotización de la moneda. El problema de fondo, con el endeudamiento de los bancos centrales a nivel mundial, es que asistimos a un potencial colapso del crédito público, de la moneda y el propio dinero.

La paradoja, es que este rescate no redunda en un aumento de la inversión llamada ‘productiva’, sino de capital especulativo o ficticio. Es que uno y otro se encuentra entrelazado; la caída de la rentabilidad en la producción provocó una transferencia de capitales hacia las finanzas y el casino global. En este cuadro, la burguesía industrial y agraria que opera en el mercado local advierte por el ‘atraso cambiario’, en criollo, piden devaluación, mientras se abre un período de pelea entre los capitalistas por la obtención de subsidios del Estado en la próxima rendición de cuentas (Búsqueda 11/5, señala la necesidad de terminar con los subsidios a la industria de la vestimenta; un llamado a la quiebra de los capitales ‘sobrantes’).  

Confrontación y salidas

¿Cómo explicar entonces que mientras Astori informa de una reactivación de la economía, los despidos, envíos al seguro de paro y cierres de fábrica continúan?  Ocurre que la economía sigue en un impasse. El núcleo de la política de la burguesía es que las masas paguen la factura de la crisis –desvalorizar la fuerza de trabajo-, y sobre esa base intentar relanzar la producción. A su turno, con el apoyo pleno del capital el gobierno sigue este libreto con los mismos métodos que llevaron a Dilma Rousseff al derrumbe, como lo muestran el anuncio de ajuste del gasto social, los decretos represivos de la movilización popular y el protocolo contra las huelgas. Esta orientación ya está despertando un incipiente  rechazo popular, como se verificó en las movilizaciones opositoras contra el decreto antipiquetes y los avances de las listas independientes del gobierno en los sindicatos –como Aebu- que marca un principio de agotamiento de la burocracia sindical y del propio régimen de colaboración de clases. El Partido de los Trabajadores advierte sobre este cuadro de conjunto que combina una potencial crisis de deuda, en el marco del impasse económico, junto a la tentativa del gobierno y la oposición de que los trabajadores soporten las consecuencias de la crisis. La clarificación política mediante el desarrollo de un Partido de los Trabajadores basado en la estrategia de independencia de clase de los patrones y el Estado es el método para pelearle, a los partidos del capital, la salida a la bancarrota capitalista.