La privatización progre de la salud

PROYECTO DE LEY NACIONAL DE SALUD MENTAL

La Ley de Salud Mental es prioridad y la gran apuesta del año para el Frente Amplio” titula y afirma con contundencia El País (11/01/16) a poco de comenzar el 2016. Como ya viene circulando en distintos medios, desde hace meses se encuentra en estado de debate parlamentario en distintas comisiones legislativas un proyecto de Ley Nacional de Salud Mental cuya aprobación suplantaría las actuales leyes vigentes que datan de los años  1936 y 1941.

El proyecto se adapta a los principales lineamientos impulsados desde los organismos internacionales de Salud (OMS, OPS) y el Banco Mundial  hace décadas para proponer la “descentralización” de los sistemas de salud, y sobre todas las cosas de los negocios en las prestaciones: en resumidas cuentas, desmantelamiento y cierre del hospital monovalente público (comúnmente llamados “neuropsiquiátricos”), tercerización de los dispositivos preventivos de nivel primario en ONGs (subsidiadas y subcontratadas por el Estado), “internaciones psiquiátricas” en hospitales generales colapsados y la oferta de dispositivos “alternativos” (casas de medio camino, residencias protegidas, etc.) gestionadas por clínicas psiquiátricas privadas “reconvertidas” y/o Fundaciones (por supuesto, también tercerizadas por el Estado).

Gato por Liebre

El cuadro de adaptación del Proyecto de Ley de Salud Mental del Frente Amplio a las recetas privatistas de los principales organismos mundial de salud es tal que parece haber un consenso con la misma oposición para su aprobación, y lejos de “levantar polvareda”, todos lo votarían sin chistar. “Asimismo, varios legisladores de la oposición han recibido indicios desde el oficialismo sobre el interés que despiertan algunas de sus iniciativas los que las deja con posibilidades ciertas de ser estudiadas y sancionadas, adelantaron fuentes de la bancada del FA (El País, 11/01/16).

Por supuesto que el Frente Amplio ofrece un packaging progre, resaltando el carácter agotado de las instituciones asilares y manicomiales para proceder a su progresivo cierre. El artículo 14 del Proyecto impulsa “proceso progresivo de cierre de estructuras asilares y monovalentes públicas y privadas en todo el territorio nacional, las que deberán adaptarse a los objetivos y principios expuestos en la presente Ley, hasta su remplazo definitivo por los dispositivos sustitutivos; con fecha máxima en 2020.“. En limpio, de aprobarse la Ley, las Colonias Bernardo Etchepare y Santín Carlos Rossi y el propio Hospital Viladerbó integrarían la “lista negra” para ser cerrados definitivamente y a “más tardar”, dentro de 4 años. Eso sí, el artículo de marras aclara y agrega que “se deberán adecuar y asignar recursos humanos y financieros tendientes a la construcción de alternativas de inclusión residencial y comunitaria. Experiencias recientes y cercanas (Argentina, Brasil) indican que las “alternativas” terminan gestionadas por el sector privado y en el sector público brillan por su ausencia.

A nadie se le escapa, desde luego, la decadencia de este tipo de instituciones a los fines de la rehabilitación y reinserción del paciente. Pero de lo que se trata para el caso no es de una transformación sino de una liquidación privatista en nombre de los “derechos humanos de los pacientes”. Los llamados dispositivos sustitutivos o alternativos a la internación asilar crónica serán tercerizados por Fundaciones y clínicas privadas “aggiornadas”: “ASSE ya hizo un llamado a proveedores para generar una red formada por casas de medio camino, residencias asistidas, hogares protegidos y después viviendas supervisadas” (El País, 13/12/15).

En nombre de la “desmanicomialización”, se pretende consumar un nuevo negocio y liquidación del hospital público, empezando por su demonización y desde el mismo Estado: “El Vilardebó es lo peor que le puede pasar a una persona” afirmó sin ponerse colorado el director de Salud Mental de ASSE, Horacio Porciúncula (El Observador TV, 07/10/14).

Cruzando el Charco

El proyecto de Ley de Salud Mental está inspirado en varios aspectos en la Ley de Salud Mental argentina, aprobada por unanimidad en el vecino país a finales  del 2010 y reglamentada –luego de un fuerte lobby de las corporaciones médicas- en el 2013. Al igual que con el Frente Amplio, la Ley de Salud Mental fue una de las banderas del kirchnerismo en nombre de presuntas “reformas” y “transformaciones” que lejos de “humanizar” la atención de los pacientes, a más de 5 años de su aprobación, resultaron ser un nuevo negociado “descentralizado”: los principales hospitales neuropsiquiátricos de Buenos Aires (Borda, Moyano), emblemas de las instituciones psiquiátricas, se encuentran en un cuadro de liquidación. Ninguna administración provincial ni nacional prácticamente ha construido los mentados dispositivos alternativos (casas de medio camino, residencias, etc.) Los que existen, en un 90% son privadas (ex clínicas psiquiátricas) o Fundaciones vinculadas a la Iglesia Católica y son tercerizados por el Estado en contados casos. En los hospitales generales polivalentes fueron casi nulas las aperturas de salas de internaciones psiquiátricas breves y los equipos “territoriales” comunitarios y preventivos trabajan en condiciones de extrema precarización.

Presupuesto y Demagogia

Como todo se remite a la administración de los recursos, ni siquiera el Ministro frenteamplista de Salud, Jorge Basso, ha podido garantizar que el Estado podrá construir los dispositivos alternativos.: “todavía no está definido el presupuesto que se destinará para poner en funcionamiento la ley cuando se vote.” (El Observador, 5/8/15).

El carácter catastrófico social del campo de la Salud Mental en Uruguay y hasta la demagogia “desmanicomializadora” de esta “reforma” fue prácticamente deschavada por la propia Presidenta del ASSE, Susana Muñiz (PC-FA): “Si me preguntan si voy a cerrar las colonias y el Vilardebó, yo tengo que decir que no“, reconoció Muñiz. Y explicó: “Es algo difícil de hacer. Tenemos pacientes que hoy son adultos mayores pero que están allí desde niños. Hay uno que entró cuando tenía apenas siete años. Es muy difícil sacarlos de ese lugar y que no se desorienten. Entonces la idea es humanizar la atención con una red de estructuras de atención comunitaria y rehabilitación“. (El País, 13/12/15).

Programa

La única verdadera transformación “humanista” y “desmanicomialización” en el campo de la Salud Mental puede darse a partir de un sistema de salud único, público y de acceso universal y gratuito bajo gestión de trabajadores de la salud y usuarios. El Frente Amplio (con apoyo de la oposición patronal) viene a impulsar un nuevo negociado, queriendo hacer pasar gato por liebre.