Partido de los Trabajadores

La muerte de Fidel Castro y la vigencia de la Revolución Cubana

Lucía Siola
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Lucía Siola

Consejera federal de la FEUU.
Dirigente del Partido de los Trabajadores.
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Publicada en Semanario Voces.

Murió uno de los principales líderes de una revolución que – nuevamente en el siglo XX- estremeció al mundo, y en particular a América Latina. La revolución en Cuba, una pequeña isla ubicada tan sólo a algunas millas de la primera potencia imperialista mundial, mostró que era posible desafiar al régimen imperialista, y abrió una nueva etapa que profundizó la perspectiva de la lucha socialista para América Latina.

Cómo todo proceso histórico, más aún si se trata de un proceso revolucionario, el legado de Fidel Castro debe ser asimilado críticamente por la juventud y los luchadores, máxime cuando el líder cubano será protagonista irremplazable de todas las etapas y mutaciones de la propia revolución. Sólo a partir del análisis y de la crítica de las contradicciones se puede construir y superar en el futuro las experiencias del pasado. Lo más notable de Fidel Castro y la experiencia cubana tiene que ver en primer lugar con la expropiación del capital, el armamento del pueblo en playa Girón en 1961 y el combate al imperialismo, que intentó hundir a Cuba mediante el bloqueo económico. El desarrollo de la educación y la salud pública de alto nivel, como consecuencia de la propia revolución, en un marco sumamente limitado por el bloqueo imperialista, muestran el potencial superador que implica la planificación económica y la expropiación del capital para beneficio de los trabajadores.

La revolución Cubana impugnó la estrategía de seguidismo a la burguesía nacional (estrategía que era impulsada por la URSS), y cómo fenómeno particular (que tiene como dirección a la pequeña burguesía radicalizada), colisionó con las propias estructuras esclerotizadas y burocratizadas del movimiento obrero internacional y en particular con los partidos estalinistas, pues no se encontraba bajo los moldes ‘estalinistas’. Es por esto, que el PSP (Partido Comunista Cubano) -quién va a integrar en los cuarenta el gobierno de Batista-, se posicionó condenando la acción de los revolucionarios y del 26 de Julio, y sólo adoptó un viraje cuando la caída de Batista era inminente. La intervención de la URSS se desarrollará luego con el fin de ‘alinear’ el proceso revolucionario, proceso que incluirá la denuncia de Fidel (pacto Kruschev-Kennedy) y del Che Guevara con mayor firmeza aún.

A partir de esta mutación de la revolución, Fidel Castro desarrollará en Cuba un régimen de arbitraje político personal. Mientras que carecerá de una orientación estratégica internacionalista, que pasará del apoyo a las variantes foquistas que constituyeron una operación de aparato que concluyeron en profundas derrotas, al entendimiento y la diplomacia con las burguesías nacionales (es lo que sucederá con el apoyo a Allende y su vía pacífica al socialismo, y con la revolución sandinista en Nicaragua). Cómo un hito de esta etapa de burocratización de la revolución cubana, se puede también mencionar la invitación por parte del régimen cubano al dictador argentino Rafael Videla en 1979 a la sexta cumbre de los países no alineados, y su rol conciliador en la condena a la dictadura argentina en la comisión de derechos humanos de la ONU. Más tarde accederá a negociaciones en la que se integrará EE.UU y el Vaticano, y al apoyo a los ‘socialismos del siglo XXI’, que rechazan el camino de expropiación del capital de la revolución cubana.

A la realidad hay que mirarla de frente, así abordan las cosas los revolucionarios, y no es menor, que quienes en nuestro país pretenden una defensa sin ‘fisuras’ del castrismo sean quienes abandonaron hace ya mucho tiempo el legado revolucionario de la revolución cubana en nuestro presente. Son quienes dejaron de ‘combatir’ al imperialismo y gobiernan en toda América Latina para el gran capital. Este fenómeno sin embargo, data de muchos años, el propio Frente Amplio y en particular el PCU que reivindica el legado de Fidel Castro fue protagonista fundamental y principal del pacto del Club Naval en 1984 que permitió una salida ordenada y pactada con la dictadura, orientación que justamente fue rechazada firmemente por el Che y luego por Fidel en el llamado ‘pacto de Miami’. El resultado nos lo muestra la propia historia y es inapelable, hoy comprobamos que el aparato militar continúa intacto y que operó mediante el espionaje en todos estos años, mientras que esa decisión política de los líderes cubanos culminó en un proceso revolucionario que derrotó a la dictadura y expropió al capital.

Nosotros los críticos de Fidel, seguimos el camino de la Revolución, mientras que sus aduladores defienden el capitalismo. Quienes consideran que con la muerte de Fidel, se cierra un ciclo revolucionario en América Latina y el mundo, están completamente equivocados. La crisis capitalista mundial ha agudizado todas las contradicciones y augura una nueva etapa de convulsión social, de guerras y de revoluciones. La juventud y la clase obrera debemos aprender de la experiencia cubana y volver a colocar en el escenario político la perspectiva de la revolución socialista para toda América Latina.