La marcha por Santiago Maldonado en Montevideo: Un debate necesario

El pasado 1º de septiembre, al cumplirse un mes de la desaparición de Santiago Maldonado en Chubut-Argentina, arrestado por la Gendarmería en una acción represiva sobre las comunidades originarias de esa provincia, en diversas ciudades del continente se han movilizado por la aparición del joven y el castigo a los responsables. 

Montevideo no fue la excepción: unos 300 compañeros nos concentramos en plaza del Entrevero, con la idea de dirigirnos a la embajada argentina. El destino de la movilización fue forzosamente modificado por la acción de un puñado de jóvenes que se entregaron a una denodada labor previamente concertada de rotura de vidrios de distintos bancos, agencias de crédito, y el semanario Búsqueda, profusamente divulgado por el diario El País, el Observador, La Diaria, y los canales de TV. 

Acción directa

La necesidad de “enfrentarse” a la policía en cada circunstancia que se presente, sin importar el contexto, es la marca distintiva por excelencia de quienes protagonizaron las escaramuzas. La cobertura “teórica” que utilizan para justificar acciones que, en un punto se reducen a simple criminalidad, es que “la acción directa” es lo que hace avanzar las reivindicaciones, acercar a los objetivos y fortalece a los “oprimidos”. 

La deformación no podría ser más grosera. La acción directa está relacionada a las tácticas y debates de las diferentes corrientes del movimiento obrero y es tan vieja como la rayuela. Se refiere a los caminos a seguir para conquistar las reivindicaciones de los explotados, contra el reformismo que propugnaba cambios graduales desde el parlamento y sostenía que había que evitar el desgaste de las herramientas emprendiendo acciones de masas, como las huelgas, los piquetes y las ocupaciones de fábrica. El enfrentamiento a las fuerzas policiales eran el resultado lateral, un subproducto de esas medidas. Nunca el enfrentamiento por el simple hecho de hostigar uniformados. La resistencia, se desprende de la defensa de una medida de lucha para conquistar objetivos explícitos y concretos, un fin.

Autonomismo

La supuesta vocación anti-partidaria, es decir anti-programa, de este grupo, se da de bruces contra la realidad desde el momento en que se dedican a una profusa campaña de descrédito a cualquier organización que intervenga de forma explícita, sea en la marcha del Filtro, por Santiago Maldonado o cualquier otra. El 1º de septiembre pudimos ver cómo este grupo, a contramano de su “filosofía” de no “etiquetar” ni “imponer identidades”, no se privó de bajar línea a diestra y siniestra. Según los improvisados y autonombrados únicos oradores de la accidentada travesía en la que se convirtió la marcha, por la que ocho o nueve individuos obligaron a deambular a los 300 compañeros, la presencia de partidos políticos en la misma era sólo “demagogia pura” para sacar “rédito político”. Todo da igual, los partidos que marchamos por la aparición con vida de Santiago y por el juicio y castigo a los asesinos de Morroni y Facal; Patricia Bullrich, Macri y Lacalle-Gianola.

La resistencia transformada por el autonomismo en estilo de vida carece de status político, significado y seriedad.

El prototipo de sociedad a la que aspira se reduce a producciones marginales y utilización de métodos de trabajo medievales, “anticonsumista” (Mujica dixit). En otros términos, reaccionaria. 

La refriega, desnuda la impotencia de una táctica, lo onírico de toda la construcción, describe el escepticismo y el descreimiento más absoluto. Nunca pasan de una concepción idealista e individualista de la sociedad. En otras palabras, una visión mediocre y superficial del funcionamiento de la misma. 

La falta de siquiera una sombra de disciplina y de una dirección (horizontalismo), así fuera circunstancial para cada acción, se manifiesta especialmente criminal al momento de la represión por parte del Estado, que justamente cuenta con una estructura jerárquica y coordinada. 

Detrás de toda la “filosofía” subyace la ideología de la burguesía, el repudio a los partidos indistintamente, sin tomar en cuenta su composición y sus programas políticos, abren la puerta para la penetración de elementos desclasados y de dudosa procedencia.  

¿El problema es que no se puede criticar a la izquierda partidaria? Ese no es el problema, claro que se puede y es saludable hacerlo, pero la crítica vive en la seriedad de su contenido, terriblemente pobre en este caso. 

Quienes protagonizan las pequeñas escaramuzas con la policía en distintas manifestaciones, de un tiempo a esta parte, no tienen importancia en sí, si no fuera por la que le prestan los grandes medios de comunicación e incluso los que se definen como anti “hegemónicos” o alternativos. Aquí reside la necesidad de ser muy claros: en la movilización por la aparición de Santiago desempeñaron un papel nefasto. La cobertura, desde el texto al material audiovisual, se centró ciento por ciento en los desmanes y el vandalismo estéril. Las denuncias que nos llegan desde Argentina sobre la represión desatada luego de la gigantesca marcha por Santiago abundan en pruebas que involucran a los servicios y policías de civil infiltrados que protagonizaron destrozos para galvanizar los arrestos de 30 compañeros y dar rienda suelta a los gases y balas de goma. En Uruguay los servicios los hacen unos muchachos con vestimenta de funeral.