La interna “socialista”

La lucha interna declarada dentro del PS, es una réplica bastante cercana a la disputa de posiciones en el seno del Frente Amplio. Con un ala ‘renovadora’ cercana al astorismo, y el sector de Olesker alineado al mujiquismo, el PS está virtualmente fracturado. Algunos de sus exponentes públicos, como el economista Gabriel Oddone y Pedro Apesteguía, ambos del ala derecha, se han desvinculado del partido, ante el crecimiento del sector garganista.

En el último congreso, el sector liderado por Olesker y el diputado Civila (que ya dominaba en Montevideo) logró la mayoría. Ante una situación que colocaba al PS ante una inminente ruptura, ambas partes pactaron la elección de la dirección y del secretario general en forma directa, mediante listas. A partir de este acuerdo, hay tres listas que apoyan a Mónica Xavier (que con matices sustentan una alianza PS-FLS) mientras que del otro lado la lista 4 impulsa a Olesker a la Secretaría General y el alineamiento al mujiquismo, la 711 de Sendic y el PCU.

La puja electoral puede ser decisiva para el futuro político de un Daniel Martínez, que es uno de los “presidenciables” para 2019, en tanto el Intendente montevideano está obviamente alineado al ala derecha de su partido, aunque no aparece involucrado en la disputa. Si Martínez no es capaz de ganarle la interna a Olesker (una figura relativamente nueva en el PS) ni a Civila (un joven diputado), difícilmente pueda alinear detrás de sí a todo el FA. Por otra parte, una victoria del garganismo podría acelerar el proceso de rupturas por derecha, o incluso llevar a una fractura expuesta.

El sector de Olesker-Civila defiende una política de intervencionismo estatal, no plantea un viraje desde el punto de vista estratégico. Por ejemplo: la utilización de parte de las reservas del BCU o elevar impuestos a las grandes empresas, para financiar inversiones estatales y planes asistenciales. Las políticas que impulsa el garganismo ya fracasaron en Argentina y Venezuela, son incapaces de producir un desarrollo económico ni mucho menos conducir a la industrialización de Uruguay y América Latina. Si en un período de auge de las exportaciones y los ingresos de divisas fueron incapaces de producir dicho desarrollo, ¿qué perspectivas pueden abrir en la época de la fuga de divisas, aumento de las tasas de interés y caída de los precios de las materias primas? Los Olesker-Civila no plantean el repudio a la deuda externa usuraria, ni la ruptura con el FMI.

El garganismo estuvo en el gobierno de Mujica a través del propio Olesker, el ministro Roberto Kreimerman y el economista Alejandro Antonelli totalmente sometido al astorismo que controlaba la política económica. Si bajo Mujica fracasaron, ¿qué se puede esperar bajo un gobierno de Tabaré Váquez? Hay que recordar que Gargano se opuso por ejemplo a las PPP (participaciones público-privadas), que Mujica impulsó como la gran vía para aumentar las inversiones. El viejo dirigente socialista se opuso a ellas en nombre de la defensa del patrimonio nacional y el control estatal en las “áreas estratégicas”: fracasó porque el FA las votó con las dos manos.

El gobierno de Mujica fue escenario de un forcejeo con el astorismo, que se manifestó apenas en algún aumento del gasto en empresas públicas a expensas de los salarios, y no de las grandes empresas y los banqueros. Los grandes proyectos (fracasados) de Mujica: Aratirí, el puerto de aguas profundas, la regasificadora, se basaban en súper beneficios para el gran capital y las multinacionales. El resultado del quinquenio mujiquista fue un enorme crecimiento de la deuda externa y del déficit fiscal. ¿Qué podría cambiar ahora un bloque del PS con el MPP, Sendic y el PCU?

La movida de Olesker-Civila apunta a reflotar las expectativas en un Frente Amplio en proceso de agotamiento. Precisamente cuando el gobierno de Tabaré Vázquez lleva adelante sin disimulo un realineamiento en materia internacional, como lo refleja la posición de participar del Tratado Trans-Pacífico, negociar un TLC con la Unión Europea, el abrazo a la política de Macri, y su integración al Consejo de Seguridad de la ONU. El gobierno que lleva adelante este giro hacia la derecha se basa en una bancada parlamentaria donde dominan precisamente los Olesker-Civila, el MPP, Sendic y Oscar Andrade. La impotencia de estas ‘alternativas’ frenteamplistas es total.

Una victoria de la lista 4 en las internas del PS permitirá visualizar la bancarrota de esa política que ya fracasó cuando Gargano fue presidente de ese partido. En el marco de la crisis capitalista y de la agudización de la lucha de clases, el nuevo garganismo va a privilegiar la unidad con los Vázquez y Astori, con el pretexto de “cerrar el paso a la derecha”. En función de ese planteamiento, va a viabilizar todas las medidas de ajuste contra la clase obrera.

El movimiento obrero y la juventud deben romper con el Frente Amplio, un frente de colaboración de clases que maniata a la clase obrera, y debe levantar una estrategia independiente: por un gobierno de trabajadores, por la unidad socialista de América Latina, construyamos un gran partido de la clase obrera.