La firma de la “PAZ” en Colombia

El pasado 26/9 se firmó el acuerdo de “paz” en Colombia entre el presidente Santos y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ). El establishment internacional participó activamente de la ceremonia. Quienes estuvieron en la primera línea como garantes y/o acompañantes del acuerdo fueron Cuba, Noruega, Chile y Venezuela. “En las sombras” y como parte de este frente “extra-nacional” actuaron los EEUU a través de Obama y su Secretario de Estado John Kerry, que siguieron el proceso activamente y lo dinamizaron luego de reentablar relaciones con Cuba. El “Plan Colombia” de injerencia de los EEUU en lo político, económico y militar sigue en pie.

El botín para el gran capital

El acuerdo de “paz” ha ampliado significativamente el área de inversión para el gran capital. Supone que millones de hectáreas amenazadas por la presencia guerrillera durante más de 50 años pasen al gran capital -principalmente extranjero-. Las empresas petroleras, mineras y agrícolas están de parabienes.

Para las petroleras se terminan los atentados de la guerrilla a los oleoductos. También se abren las posibilidades para megaemprendimientos agrarios. Tres millones de hectáreas se podrán dedicar a cultivos de soja, arroz y maíz y alrededor de siete millones para cultivos que generan agrocombustibles. Varios empresarios principalmente extranjeros ya han mostrado gran interés en invertir en estos rubros. Unos seis millones de hectáreas obtenidos por los grandes terratenientes con el apoyo del ejército y los paramilitares en base al desplazamiento de campesinos también forman parte de este botín.

Vastas regiones que fueron “abandonadas” por el Estado a raíz del conflicto ofrecen un amplio terreno para inversiones directas de capital. La reparación y el desarrollo de la infraestructura -carreteras, puentes, tendido eléctrico,por ejemplo- hace que los acuerdos de “paz” gocen del respaldo de las grandes multinacionales deseosas de hacerse de esos negocios. Estamos frente a una “paz” a la medida del gran capital nacional y extranjero.

Política interna: “beneficios” para Santos y las FARC

En el plano de la política interna Santos espera recuperar algo de prestigio político con los acuerdos. La represión violenta a sindicatos y estudiantes y su política de ajuste económico han deteriorado su gobierno. Cuenta con el apoyo de los EEUU que abandonaron la “línea dura” contra las FARC impulsada por el ex-presidente Uribe. Para ello Santos ha instrumentado un plebiscito para el 2/10 que le diga “sí” a la “paz”. Ante la posibilidad de un gran ausentismo electoral impuso un piso de solamente un 13% del padrón electoral. Es decir que los acuerdos no son en absoluto la principal preocupación del pueblo colombiano sacudido por la crisis económica y la violencia estatal aliada al narcotráfico.

Las FARC entraron al proceso de paz muy debilitadas en lo político y organizativo y han completado su proceso de integración al Estado. El planteo inicial de conformar una Asamblea Nacional Constituyente ha derivado en el apoyo pleno al “plebiscito de Santos”. Los acuerdos prevén un cupo hasta 2026 de unos diez senadores y diputados para que la exguerrilla se integre al “orden democrático”. En tanto sus combatientes serán amnistiados o penados levemente si suministran información. Lo mismo corre para militares y paramilitares. John Kerry dijo durante la firma del acuerdo de paz que EEUU “revisará” el carácter terrorista de las FARC si cumplen lo estipulado.

La derrota política de las FARC y las limitaciones del foquismo

Las FARC sostenían en su programa inicial la reforma agraria. Sin embargo en los acuerdos no se toca para nada al gran latifundio. Gustavo Petro -ex-alcalde de Bogotá y ex-guerrillero del M-19 que firmó su “paz” en los ’90- dice que en estos acuerdos hay poca sustancia con respecto a lo que impulsó la guerrilla. Sostiene que antes los latifundistas tenían 1000 o 2000 hectáreas y hoy los “narcomegahacendados” tienen hasta un millón e improductivas, porque las compran para blanquear dinero.

El acuerdo firmado por las FARC establece que solamente una pequeña porción territorial pasará a un banco de tierras que contará con subsidios y créditos para quienes se afinquen en ellas. Muchos de ellos serán sus excombatientes -menos de 8000-.

La derrota política de las FARC -que no renegaron de la colaboración de clases con la “burguesía nacional”- subraya las insalvables limitaciones de los foquismos guerrilleros latinoamericanos. No hay “atajos” para la revolución que puedan sustituir al proletariado.

Sólo los trabajadores latinoamericanos constituidos en partidos de vanguardia revolucionaria y llevando tras de sí al resto de las clases y capas explotadas pueden realizar las tareas democráticas pendientes ligándolas a las propias de la revolución socialista.