¿Jubilados VIP?

¿Por qué ahora?

    Solamente el déficit de la Caja militar ronda los 400 millones de dólares, monto que permitirían financiar más de 30 mil empleos de 1.000 dólares mensuales durante todo un año. ¿Cuánto pesa entonces la totalidad del gasto militar sobre la sociedad? Las FF.AA. constituyen una carga completamente parasitaria; la pregunta clave es por qué ha sido tolerada por tanto tiempo por los sucesivos gobiernos. No será por caridad. Tampoco por una cuestión de “soberanía”: la última vez que se mencionó a las FF.AA. para la defensa territorial fue cuando Tabaré Vázquez manejó la hipótesis de conflicto… con los ambientalistas de Gualeguaychú.

    La existencia del ejército “nacional” se justifica, para las clases dominantes (tan empeñadas en “bajar el costo del Estado”), como una guardia pretoriana para defender sus intereses. Algunos plantean reducir o hasta eliminar las FF.AA., siempre que se mantenga una “guardia nacional” para preservar este régimen social. Cada tanto se plantea reducir su presupuesto porque el capital financiero necesita apoderarse cada vez de mayores porciones de la recaudación estatal.

    El FMI y el Banco Mundial impulsan una (nueva) reforma previsional en todo el mundo. El pretexto es el aumento de las expectativas de vida. No dicen nada del aumento –proporcionalmente mucho mayor– de la productividad del trabajo, que hace que un obrero produzca hoy mucho más que hace 50 años. Es decir, produce en su vida laboral lo suficiente para sostener varias jubilaciones de antaño.

    Los planteos para aumentar la edad de retiro y rebajar las pasividades, no son otra cosa que una rebaja del “salario diferido” –eso son las jubilaciones. Cuando se aumentan las tasas de aporte obrero y se reducen los aportes patronales (el Frente Amplio los rebajó del 12% al 7,5%), o se aumentan los años de trabajo para pagar pasividades durante menos tiempo, simplemente se está transfiriendo dinero de manos de los trabajadores a manos de las empresas.

    Una nueva reforma de la seguridad social es políticamente inviable si no se toca la caja militar: esa es otra razón por la que se emprende ahora esta cuestión. Mientras un oficial militar que “trabajó” 30 años se retira con el 100% de su último salario (y casi siempre con el de un grado superior), un trabajador con esos años de aportación obtiene apenas un 45% del promedio salarial de los últimos 10 años. El privilegio de unos muestra la miseria de los otros. Una miseria que se plantea agravar con nuevas reformas.

    La crisis ha provocado la bancarrota de los Estados –que debieron rescatar y subsidiar a los bancos y corporaciones. Las bajas tasas de interés jaquean a las aseguradoras y los fondos de pensión, que no pueden valorizar sus reservas ni financiar así el pago de las futuras jubilaciones. La supervivencia del capital se convierte en una carga insoportable sobre la inmensa mayoría de la sociedad, que enfrenta una caída en sus condiciones de existencia pese a la inmensa riqueza acumulada y los avances de la ciencia y de la técnica. No es que falten recursos: los monopoliza el 1% de la población, a costa de la inmensa mayoría. Las 62 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad de la población más pobre.

    En la campaña electoral todos los partidos plantearon abierta o disimuladamente el aumento de la edad de retiro. Necesitamos sindicatos y un PIT-CNT independientes, para enfrentar el ajuste anti-popular. Por un congreso del movimiento obrero. Que el capital pague su propia crisis, no los trabajadores.

Publicado en Semanario “Voces” (20/10/2016)

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Author: Rafael Fernández