Intervengamos en la crisis con una salida de los trabajadores

-El régimen de la tarjeta corporativa-

La crisis política abierta en torno a Raúl Sendic, coloca la posibilidad de la renuncia de un vice presidente por primera vez desde la salida de la dictadura. Esta renuncia se concretaría como resultado de que la mayoría de la coalición de gobierno le quite definitivamente el apoyo.
Sendic personifica dos problemas centrales del conjunto del régimen: por un lado, el escándalo de la tarjeta corporativa pone sobre la mesa los beneficios y dietas que recibe el personal político que administra el Estado capitalista, que alcanza a todos los partidos del régimen y en defensa del cual blancos, colorados y frenteamplistas cerraron filas durante la última interpelación a Sendic en el Senado. Por otro lado, quedó de manifiesto el derrumbe de una política sistemática de negociados y subsidios para los capitalistas, garantizados por la administración frenteamplista alrededor de ANCAP, que le valieron un endeudamiento de 2.000 millones de dólares y pérdidas de más de 800 millones en cinco años.
El intento de aislar la figura de Sendic como chivo expiatorio, pretende transformar estas cuestiones estructurales en problemas de gestión y administración, procurando salvar al partido de gobierno y a la oposición patronal, de sus responsabilidades en la defensa de los beneficios del personal político estatal y de los negociados capitalistas en torno a las empresas públicas. Las licitaciones truchas, las tercerizaciones, la precarización laboral, las sociedades anónimas de derecho privado que operan en entrelazamiento con el Estado, la política sistemática de endeudamiento e hipoteca, todo esto pone de manifiesto una política de conjunto. La crisis cuyas consecuencias intentan hacer recaer exclusivamente en Sendic y su sector, dan cuenta del agotamiento de esta política.
Los ataques a Sendic han procedido incialmente de sectores del propio gobierno, dejando de manifiesto una puja interna en el Frente Amplio alrededor de las “dos cajas”, con fondos manejados por los sectores que orbitan el MPP y que habrían escapado al control del Astorismo. El PCU se ha colocado como el sector más comprometido con la defensa de Sendic, pegándose a los restos de la 711. La crisis de “la otra caja” es la crisis del FONDES, de ANCAP, de ALUR, de los bastiones de los sectores “disputistas” que fueron presentados como medidas que acercaban al socialismo (en alianza con el capital financiero y la burguesía). A pesar de estos choques internos, todos los sectores del FA están unidos detrás de la aprobación de la rendición de cuentas del ajuste fiscal y el pago de la deuda: el “rumbo” económico orientado por el gran capital no está puesto en cuestión.

-El parlamento del ajuste-

El cuadro de disgregación política alcanzó este año al Parlamento, quitando al Frente Amplio las mayorías que le habían permitido prescindir de la oposición por derecha e izquierda. Esto ha facilitado un mayor protagonismo a esta oposición parlamentaria, obligando al FA a realizar concesiones para aprobar la rendición de cuentas. La Unidad Popular y el sector del colorado Amado han garantizado los votos necesarios para aprobar el presupuesto del oficialismo. Esta situación habilitó el traspaso al Hospital de Clínicas de US$ 4 millones anuales provenientes de la reducción del subsidio a la cerveza, propuesto por Rubio. Por otro lado, gracias a Amado, el “gobierno en disputa” que habría que defender del “avance de la derecha”, aprueba la rendición de cuentas con un sector de la derecha.
Queda de manifiesto que el Frente Amplio continua siendo el que establece la agenda política y la oposición marca el paso, carente de iniciativas y sin un programa integral para contraponer al del oficialismo. No es casual, la clase capitalista continúa apoyando al FA como canal para el ajuste: la facilidad para el endeudamiento, el último préstamo del Banco Mundial y la nota de deuda de las calificadoras de riesgo dan cuenta de un claro apoyo por parte del capital financiero. En este escenario, la derecha no hace pie y carece de condiciones para desenvolver una ofensiva de conjunto contra el oficialismo. Por su parte, el método parlamentario de la Unidad Popular deja de manifiesto que carecen de una estrategia propia, haciendo frente único de forma alternativa con la oposición patronal o con el oficialismo.
Los planteos de votar uno o dos impuestos aislados, en una rendición de cuentas orientada por el capital financiero, no constituye una salida. El estatismo bajo el régimen capitalista, con el Estado dirigido por partidos patronales, significa la privatización del Estado: pago y multiplicación de la deuda externa, subsidios a los empresarios, el negociado de las tercerizaciones y el trabajo precario, las obras de infraestructura a través de Participación Publico Privada, dan cuenta de una fuerte intervención estatal al servicio de la clase capitalista.
Contra la adaptación al régimen del ajuste, la izquierda debe anteponer la lucha por un gobierno de trabajadores, con un programa transicional para reorganizar el país sobre nuevas bases.

-Los desafíos de la etapa-

El ajuste fiscal, los cierres de empresas y la creciente desocupación son algunas expresiones del progresivo derrumbe de la organización capitalista del país, y del derrumbe del frente social y político de colaboración de clases que representa esa organización. Asistimos al fracaso de la clase capitalista y del personal político que gobierna para sus intereses. El FA, lejos de estar en disputa, ha sido el instrumento para la penetración del capital financiero, la extranjerización de la economía a manos del gran capital y la profundización de la explotación a los trabajadores.
Este es el alcance histórico del agotamiento del Frente Amplio, como herramienta de contención de las luchas de los trabajadores y de subordinación política de la clase obrera a la burguesía. Evidentemente, tiene consecuencias para todo el régimen montado por el FA, incluyendo a las direcciones sindicales oficialistas y los partidos a los que pertenecen, que se aferran a la colaboración de clases cuando se vuelve evidente que el gobierno va a un choque abierto contra los explotados. Luego del paro general que se esforzaron por vaciar, se han llamado al silencio y se han retirado del escenario político, dejando pasar el ajuste fiscal y los cierres de empresas. Por otra parte, las principales iniciativas del gobierno (UPM, Tratados de libre comercio, Participación Público Privada) no constituyen ninguna salida y se encuentran jaqueadas por la bancarrota capitalista y sus emergentes políticos.
Este agotamiento se expresa en las encuestas, donde el oficialismo desciende por debajo del Partido Nacional, pero sin embargo, la derecha no registra un crecimiento equivalente a la caída del FA. Las últimas elecciones del 2014 dieron cuenta del mismo fenómeno: la oposición patronal no logró despegar de su techo del 2004, mientras que más de ciento veinte mil personas votaron en blanco y anulado en el balotage (casi cincuenta mil habían votado por las variantes identificadas con la izquierda por fuera del FA) como muestra de un creciente descreimiento en los partidos del régimen. Este proceso tiene sus expresiones en el movimiento sindical y estudiantil, donde el oficialismo ha venido perdiendo posiciones frente a diferentes variantes de la izquierda independiente del FA. Necesitamos una alternativa política para canalizar este proceso por izquierda, la clase obrera debe construir su partido.
Frente a las disputas entre los ajustadores, los trabajadores debemos colocar nuestra propia agenda para intervenir en la crisis con un programa obrero y socialista. Con este objetivo, el PT convoca un Acto para el 18 de agosto, contra los partidos de la crisis y el ajuste, por una salida política y económica de los trabajadores.