GUTTA CAVAT LAPIDEM

Rafael Fernández

Las elecciones del 26 de octubre muestran al Frente Amplio en un aparente estado estacionario. Mantuvo la votación de cinco años atrás, lo que parece contradecir la sensación de desencanto e incluso el creciente descontento de su base electoral. Sin embargo, es innegable que alrededor de 60 mil personas dejaron de votar a la coalición de centroizquierda (entre los votos a UP, PERI, PT, en blanco y anulado). Entre ellos se encuentran muchos jóvenes que participan por primera vez de una elección y cuyo comportamiento “esperable” era el voto al FA, pero se inclinaron por alternativas a su izquierda. El FA mantiene su votación porque rescata votos desde la derecha.

La inmovilidad es aparente, hay todo un proceso de descontento que en gran medida se vio atemperado por el temor a un retorno de la derecha blanqui-colorada al gobierno –a lo que contribuyeron todas las encuestas que pronosticaban un gran crecimiento del bloque “tradicional”. Muchos que iban a romper con el FA –para votar en blanco o a partidos a su izquierda– terminaron votando a Vázquez a último momento. El descontento ya se había reflejado en diversas elecciones sindicales, donde las listas oficialistas fueron derrotadas (Afcasmu, ADES Montevideo, AUTE, etc.). En otros sindicatos, las corrientes frenteamplistas recuperaron terreno gracias a la división entre los sectores “combativos”. La burocracia sindical oficialista está debilitada tanto por la emergencia de nuevas direcciones como por los escándalos en torno al Plan de Vivienda Sindical y a ASSE, y todo esto en un contexto que todavía es de reflujo del movimiento obrero.

Las elecciones demostraron la falsedad de los pronósticos de las encuestadoras: el bloque “rosado” cayó, incapaz de capitalizar el descontento, que se expresó únicamente por izquierda.

Las “internas” del FA también expresan, aunque en forma confusa, ese descontento. Constanza Moreira y la lista de Sendic (711), crecieron a costa del FLS, el PS y la CAPL de Huidobro. El gran derrotado es el astorismo, que cae electoralmente y ve debilitados a sus aliados en el PS (que sufre una dura pugna interna). En este contexto, la votación de la lista 1001 es casi idéntica a la de cinco años atrás. Un dirigente del PCU ironizó al respecto: “Somos una roca, no nos movemos” (Búsqueda, 30/10). La ironía en parte reconoce la incapacidad de capitalizar, al menos en parte, la caída electoral del ala derecha del FA, como sí lo hicieron otros sectores.

Pero la situación es aún más grave que la descripta por el anónimo dirigente. La 1001 mantuvo apenas su votación… pero el PCU perdió su senador. La incorporación de Marcos Carámbula no condujo a un crecimiento, sino que disimuló una caída (Carámbula fue Intendente de Canelones durante los últimos 10 años, y rompió por derecha con el PCU en los años ‘90). La elección –bien mirada– marca un retroceso. Un paso atrás que también se expresa en el plano sindical; el PCU recibió un gran golpe político con las denuncias en torno al PVS (vivienda sindical) y su desprestigio por los decretazos anti-huelgas (“esencialidad”) en la Intendencia montevideana y el Ministerio de Salud Pública.

Es evidente que estamos ante el ocaso de la figura de Eduardo Lorier. Quien domina ahora es Juan Castillo, y la presencia de Carámbula acentúa el giro hacia la “renovación”. Se trata del triunfo de la integración al gobierno, por encima de los escarceos “opositores” de Lorier y sectores sindicales con el eslogan del “gobierno en disputa”. No hay que olvidar que en octubre de 2010 estos sectores impusieron un paro general para presionar a Mujica a un “cambio de política económica”, y apenas dos meses después estaban capitulando ante la presión del presidente de “acatar o irse del gabinete”. El jaque mate de Mujica fueron los servicios esenciales solicitados nada menos que por la Intendente “comunista”. Lorier y su “disputa” hiciero mutis por el foro, lo cual condujo al fortalecimiento de Castillo.

La figura de la “roca” inmóvil es engañosa. Estamos ante un proceso de desgaste que nos recuerda al poeta Ovidio: Gutta cavat lapidem, no vi sed saepe cadendo. “La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia.”