Grecia y Uruguay

Rafael Fernández

Los dirigentes del Frente Amplio han tenido el cinismo de saludar el OXI (no) del pueblo griego, precisamente cuando el gobierno de Tabaré Vázquez aplica un ajuste anti-popular a la medida del FMI: pautas de rebaja salarial, recorte de gastos públicos, tarifazos y carestía, para dar garantías a los usureros del capital financiero internacional sobre la reducción del déficit fiscal y el pago de la deuda externa.

En otras palabras, los gobiernos de Vázquez, Astori y Mujica han sido –y son cada vez más– los gobiernos del SI a los banqueros y las multinacionales, lo opuesto de la magnífica demostración de dignidad y rebeldía de las masas griegas (utilizada por Tsipras y Syriza para capitular en forma inmediata frente a la ‘troika’).

We are fantastic”

A Uruguay se lo suele poner como ejemplo no por las grandes gestas populares (como la huelga general de 15 días de junio-julio de 1973), sino por las agachadas de sus gobernantes y dirigentes. Pasó con la “salida ejemplar” de la dictadura a través del Pacto del Club Naval (garantizando la intocabilidad de las FF.AA.), y volvió a pasar con la “fantástica salida” a la crisis de 2002.

Hace unos cinco años, desde los organismos internacionales y diversos economistas se le sugería a Grecia que adoptara el camino uruguayo para superar la crisis. ¿Cuál era esa supuesta “salida”? La reprogramación de los vencimientos de la deuda, sin quitas, y voluntariamente asumida por los acreedores (estableciendo tasas de interés ‘atractivas’). Este camino de “seguridad jurídica”, afirmaban, era el mejor para mantener abiertas las líneas de crédito y el acceso a los mercados internacionales. De hecho, es el camino que siguieron los gobiernos de derecha, y que ahora también toma el gobierno de Syriza tras el referéndum.

No mencionaban que en Uruguay hubo una gran devaluación monetaria que licuó los salarios y abarató los productos de exportación, además de medidas de ajuste fiscal (impuesto a los sueldos). Y más importante aún: desde 2002 comenzó una reactivación económica a nivel internacional, en gran parte fogueada por la guerra en Afganistán e Irak, y por el creciente déficit norteamericano (comercial y fiscal). Todo esto no está presente en Grecia, cuya crisis estalló en un marco internacional recesivo, y además no tenía una moneda nacional (la Dracma) sino que estaba adherida al Euro. La imitación del caso uruguayo implicaba un ajuste anti-popular permanente, o un gran devaluazo -saliendo del Euro (Grexit). Ambos caminos conducen a una pauperización brutal.

Tras varios años de supuestos “rescates” y de aplicar los “planes” del FMI, Grecia está en una crisis cada vez mayor, con desempleo masivo y mayor déficit fiscal que antes.

Uruguay

Para nuestro país, esa receta no significó una salida, como se comprueba ahora. El peso enorme de la deuda externa “sagrada” e “intocable” sobre la economía se siente cada vez más, con la caída de las exportaciones, el aumento del déficit fiscal y la recesión económica. No fue la “salida” de Batlle (aplaudida por Astori) la que permitió un crecimiento durante una década; eso obedeció a la coyuntura internacional. Hoy la crisis capitalista a nivel mundial pone al desnudo la inconsistencia de ese camino “uruguayo”.

Durante la etapa anterior, el boom exportador y los altos precios de las materias primas permitieron una relativa mejora salarial, aunque la participación del salario en el PBI siempre estuvo por debajo del período anterior a la crisis, y las ganancias empresariales llegaron a un récord histórico. En esa etapa de reactivación, el gobierno del FA demostró que defendía los intereses de los banqueros, grandes capitalistas y latifundistas. De acuerdo a esa misma condición de clase actúa ahora en el período de crisis. Las pautas salariales de rebaja, la eliminación de vacantes en el Estado, el achique de las inversiones, son todas manifestaciones de la política deflacionaria que impulsa el FMI para garantizar el pago de la deuda y las ganancias de las grandes empresas.

Hay toda una fracción del Frente Amplio que se queja ante estas medidas y pretende levantar una política ‘contra-cíclica’ a partir de inversiones públicas, pero esta es totalmente inconsistente con el pago de la deuda y es rechazada por las cámaras patronales. Estos sectores hablan de fortalecer el mercado interno, sin percatarse que toda la política que apoyaron en los últimos diez años generó una economía totalmente dependiente del mercado mundial, del cual el país era proveedor de materias primas, sin el más mínimo desarrollo industrial. Se trata de una oposición interna totalmente impotente, pese a que sólo el MPP cuenta con 30 de los 50 diputados oficialistas.

Movimiento popular

La experiencia griega muestra (al igual que la Española, con otros ritmos) que la descomposición capitalista y la bancarrota de los Estados conduce a convulsiones sociales, crisis políticas, rebeliones de masas. En este proceso, estas tienden a girar a la izquierda, y se vuelven nuevamente populares los eslóganes que antes fueron declarados caducos: no pago de la deuda, nacionalización de la banca bajo control de los trabajadores, que la crisis la paguen los capitalistas.

Uruguay no es Grecia… aún. La crisis capitalista sin embargo avanza con botas de siete leguas. Crece el desempleo (8,1%), caen las exportaciones (se derrumba en particular el comercio con China) así como los precios de las materias primas, cierran empresas, un proceso que forzosamente conducirá a la caída de la recaudación fiscal y al aumento del déficit. La política oficial de recorte de gastos, rebaja del salario y las jubilaciones, achique del Estado, profundiza ese proceso recesivo. Todo esto en un contexto de crisis cada vez más profunda en la región (Brasil, Argentina, Venezuela). El Frente Amplio está confiado sobre su capacidad de control político de los sindicatos y de los explotados, pero está por ponerse a prueba esa capacidad en un escenario distinto al de los dos gobiernos anteriores, el de una tendencia a la depresión económica y una agudización de la lucha de clases.

Ya las movilizaciones de docentes, el paro general estudiantil del 17/6, los paros parciales, y el anuncio de un paro general para agosto, muestra que crece la indignación popular. Las direcciones sindicales y de los gremios estudiantiles intentan canalizar los reclamos bajo una consigna engañosa: “Para seguir avanzando”. Pretenden poner un freno a la evolución de la conciencia popular: los explotados deben limitarse a presionar a sus gobernantes frenteamplistas, no superarlos. ¡Precisamente cuando estos están atacando las conquistas populares y aplican un ajuste fondomonetarista! La movilización popular contra este ajustazo plantea sin embargo la necesidad de construir una oposición sindical y política, obrera y socialista. Como le pasó al PASOK griego, y al PSOE español, al Frente Amplio le llegará su hora, y se producirá un giro a la izquierda de toda una fracción del movimiento obrero. En Argentina, el agotamiento del “progresismo” kirchnerista está canalizándose en parte por un crecimiento de la izquierda anti-capitalista, reunida en el FIT, que tiene un alcance nacional y está disputando en torno a un 10% del electorado.

En Uruguay levantamos las mismas banderas que ondean hoy en Atenas y todos las ciudades y pueblos de Grecia: no pago de la deuda externa, nacionalización sin pago de la banca, control obrero, no al ajuste, que la crisis la paguen los capitalistas.

En lo inmediato se plantea una gran batalla contra las pautas de miseria salarial. El PIT-CNT protesta pero anuncia que igual irá a negociar en forma atomizada a los consejos si estas se mantienen. El camino es el inverso: una movilización común de todos los trabajadores para derrotar las pautas del hambre, por el ajuste automático (cuatrimestral) de salarios de acuerdo al costo de vida y por un salario mínimo de $ 30.000 (media canasta familiar).