Grecia: Syriza contra el NO

OXI

Jorge Altamira

Más allá de los términos con los que el gobierno acuñó la moción de rechazo al paquete de rescate que pretendía imponer el llamado Eurogrupo a Grecia, el vigoroso NO del pueblo griego a ese paquete, el domingo pasado, puede ser calificado como una rebelión popular contra la llamada troika que integran la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Este trío siniestro del ajuste había desarrollado una fuerte campaña por el SI, no ya en términos mediáticos sino forzando al cierre indefinido de los bancos, en lo que puede ser calificado como un verdadero estado de sitio económico contra Grecia. En esta ofensiva, la troika había insistido en que el referendo carecía por completo de contenido, pues retiraba de la negociación el paquete de medidas que se ponía a votación. La victoria del NO sacudió a los pueblos de Europa, sometidos a la misma política de salvamento de la banca y del capitalismo por medio de la sangre, sudor y lágrimas de los trabajadores.

NO – SI

Conforme con los términos de su propia política, el gobierno de Grecia se apresuró a anunciar la intención de reanudar las negociaciones con el Eurogrupo, sin reclamar antes el levantamiento del bloqueo su sistema financiero por parte del BCE. O sea que aceptó como marco el cuadro extorsivo que precedió el referendo. Enseguida desplazó a su ministro de Economía, Yanis Varoufakis, al que dos meses antes había sacado de su función de negociador ante el Eurogrupo, en el entendimiento de que era una figura molesta para los acreedores. El agudo corresponsal de Clarín en Bruselas, Idafe Martín (7/7) observó que “Tsipras (el primer ministro de Grecia) consiguió reforzar su posición. El referéndum silencia al ala radical de su partido, Syriza”, o sea que ha sido usado para neutralizar a quienes se oponen a un compromiso capitulador con el Eurogrupo y no como un arma de lucha contra el asedio contra Grecia. En la misma línea informa que Tsipras “ayer arrancó a toda la oposición democrática un apoyo explícito a su negociación que incluye un pedido común para renegociar la deuda”. Se trata de un giro político de primera magnitud porque establece una coalición con los partidarios del SI, agentes del Eurogrupo, que salieron derrotados del referendo. Asistimos a una maniobra clásica del bonapartismo inestable: por un lado, una alianza con los socios de los acreedores contra la rebelión popular, luego de salir fortalecido por esa rebelión popular, por otro lado, frente a los acreedores internacionales. “No sólo perdieron los duros europeos, sino también los halcones del gobierno griego”, añade de su cosecha Marcelo Cantelmi, columnista del mismo diario. “Los duros europeos”, sin embargo, no han perdido su espada de Damocles sobre los bancos de Grecia y por lo tanto sobre el condicionamiento de la vida cotidiana de la población griega.

Como lo explicó Varoufakis ante el Eurogrupo, el 27 de junio pasado, con una claridad merecedora de mejor destino, la crisis que provocó la ruptura con el Eurogrupo y el llamado al referendo no fue de ningún modo un desacuerdo sobre las disposiciones establecidas en el paquete de rescate. Lo que puso en un callejón sin salida al gobierno de coalición de Syriza y los clericales de Anel, fue la cláusula que establecía un sistema de vigilancia mensual de los términos del acuerdo y de entrega en cuotas del dinero del rescate. Esto convertía a Grecia en una colonia financiera directa de la troika. En ese mismo discurso, el ministro justificó el referendo como la única forma viable para seguir negociando el rescate, que de otro modo no hubiera pasado la votación en el parlamento con los votos propios. El inspirador del referendo da ahora un paso al costado para obtener una libertad vigilada de los acreedores que sea menos exigente.

Bancarrota

El otro que puso un grano de arena para aceitar una capitulación de Grecia fue el FMI, al dar a conocer un informe que asegura que la deuda helena es impagable sin una reducción del 30% de su monto y una extensión considerable de los pasos. En rigor, este planteo ya era conocido desde hacía semanas, y el gobierno griego lo había declarado inadmisible, porque funcionaba como pretexto para exigir, como contrapartida, un ajuste mucho más duro contra los trabajadores. Syriza había calificado al FMI como el enemigo principal, porque el Eurogrupo era más componedor con las cláusulas que establecen reducciones de gastos sociales y aumentos de impuestos al consumo. Como quiera que la deuda es impagable y que Grecia carece de financiación, la propuesta del FMI es simplemente abstracta. Grecia necesita, a la vez, sacarse de encima la carga de la deuda y reconstruir su economía sobre nuevas bases, o sea desarrollar una alternativa anticapitalista.

El impasse político sigue, de todos modos, enteramente en pie, debido a que el sistema bancario ha dejado de funcionar y a que no podría ser revitalizado por inyecciones de liquidez. Un levantamiento del corralito llevaría a la última fuga de dinero. El activo de los bancos está poblado de títulos públicos sin valor y de créditos incobrables de cerca del 50% -que en la dinámica de la quiebra llegarían al ciento por ciento. Por el lado del pasivo se encuentran los depósitos de clientes y la deuda con el Eurosistema, que integra al conjunto de los bancos centrales nacionales de la zona euro. La reconstitución del sistema monetario bajo las condiciones capitalistas implicaría una intervención del BCE al Banco Nacional de Grecia y un fortísimo ajuste antipopular.

Acción directa

En las horas que siguieron a la victoria del NO circuló profusamente en la redes el reclamo de tomar el Banco de Grecia y desarrollar comités populares de base. En la cúpula ocurrió lo contrario: el primer acto del nuevo ministro de Economía fue reunirse con el presidente del Banco Central del país -el mismo que había alentada la corrida bancaria con declaraciones catastrofistas dos semanas atrás. La introducción de la posibilidad de una quita de la deuda griega, por abstracta que sea para el destino de Grecia, acentuará sin duda la onda expansiva de la crisis griega en el cuadro financiero internacional, y por lo tanto la onda de la crisis política en Europa. Detrás de este escenario opera algo aún bastante más trascendente: la imperturbable caída de las bolsas de China, estimuladas durante casi un año por una cascada de créditos para la compra de acciones en el margen. Esta situación compromete al conjunto del sistema bancario de China, donde opera una banca paralela sin cobertura (“en las sombras”) financiada incluso por los bancos del Estado.

La consistencia del prematuro bonapartismo griego será puesta a prueba en las próximas semanas, incluida la posibilidad de una reversión de las alianzas políticas. Hay en desarrollo una rebelión popular pero todavía no una disposición en las masas a disputar el poder político. El desarrollo de esta capacidad de lucha por el poder dependerá de un conjunto de factores: la lucha contra los nuevos acuerdos de ajuste; la crisis en la cima del poder; la crisis europea en su conjunto (España, Italia y, en definitiva, Alemania); y el movimiento de las masas en el conjunto de Europa.